WALL STREET
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

La crisis llega a Wall Street: rodarán cabezas en los grandes bancos

Las principales firmas se preparan para otro gran ajuste después del fin de los días de vino y rosas en la industria financiera

Un bróker en la Bolsa de Nueva York.
Un bróker en la Bolsa de Nueva York.Spencer Platt (Getty Images)

En ocasiones, Wall Street tiene que pasar por una criba. Uno de esos momentos llegó hace siete años, cuando empresas como Morgan Stanley y Goldman Sachs tuvieron que aceptar que negociar valores de renta fija ya no generaba los volúmenes de dinero de antaño. Rodaron cabezas. Ahora los grandes bancos se preparan para otro gran ajuste, porque el aumento de los ingresos provocado por dos años de mercados inestables y acuerdos extravagantes toca a su fin. Esta vez los recortes no llegarán a ser tan profundos, pero serán igualmente traumáticos.

Desde finales de 2019, las plantillas de las empresas han ido inflándose, igual que sus ingresos. Morgan Stanley ha sumado unos 18.000 empleados, un incremento del 30%. Goldman Sachs ha contratado a 8.700 personas más, mientras que la división de inversión y banca corporativa de JP Morgan ha crecido en unas 13.000 personas. En total, estas empresas, junto con Bank of America y Citigroup, han aumentado en un 10% el número de empleados, según cifras obtenidas de sus datos publicados.

Pero los operadores y los asesores se comen lo que matan y ahora escasean las presas. Los ingresos procedentes de la negociación y de los acuerdos caen vertiginosamente. El banco de inversión Jefferies Financial informaba el miércoles de un descenso interanual del 32% en los ingresos del segundo trimestre fiscal. El jefe de la banca de inversión de JP Morgan, Daniel Pinto, ha advertido de que las comisiones relacionadas con las operaciones podrían caer un 50% en los tres meses hasta finales de septiembre. Wall Street parece “dotado de personal para la opcionalidad”, como dijo el jefe de Morgan Stanley, James Gorman, en 2016, tras despedir a una cuarta parte de los operadores de renta fija de su empresa.

Es cierto que algunos grandes bancos de inversión estadounidenses se han zampado el almuerzo de rivales menos exitosos como Credit Suisse y Deutsche Bank, y de paso, han añadido personal. Aun así, aunque los ingresos globales han aumentado un 40% desde finales de 2019, las 12 mayores firmas tienen ahora el mismo número de lo que se conoce como “productores de cara al público” que tenían entonces, según los datos de Coalition de finales de marzo. En efecto, los bancos acaban de exprimir más lluvia de los mismos productores de lluvia: 4,2 millones de dólares por persona en 2021, frente a menos de tres millones antes de la pandemia.

Entonces, ¿qué hacen todas esas personas sobrantes? Muchas de ellas son ingenieros de programas, contratados para hacer que los bancos sean más ágiles y los clientes más fieles. Goldman ha asignado personal a su banco de consumo, Marcus. JP Morgan trasladó parte del personal de pagos a su unidad de banca de inversión en 2020. Estas personas cuestan dinero, pero muchas no lo aportan directamente. Las adquisiciones también han nutrido las cifras de personal: Morgan Stanley adquirió unas 6.000 personas cuando compró el bróker online E*Trade y la gestora de activos Eaton Vance.

La consecuencia es un dilema inminente. Los bancos tienen más bocas que alimentar, mientras que el comedero se va haciendo más pequeño. En 2019, un gran año para las ventas, el comercio y la negociación, Goldman, Morgan Stanley, JP Morgan, Bank of America y Citi obtuvieron colectivamente 107.000 millones de dólares de ingresos. En los cuatro trimestres hasta finales de junio, ese mismo quinteto ingresó 156.000 millones, según los datos de sus declaraciones públicas. La corrección de los mercados en lo que va de año da a entender que los ingresos brutos podrían volver a ser los de antes.

El primer recurso contra la caída de los ingresos en los bancos de inversión es pagar menos a la gente. Los empleados ya se están preparando para unas bonificaciones escasas. Pero si los niveles de ingresos se reducen permanentemente, los bancos no tendrán más remedio que recortar personal. Una respuesta es dejar que la gente se vaya y no reemplazarla. Eso no es lo ideal: los bancos acaban perdiendo a gente que preferirían retener, y poniendo a prueba la paciencia de quienes se quedan. Incluso en un sector que está encogiendo, los negociadores y operadores con talento están encontrando nuevos empleadores con facilidad. A finales de julio, las vacantes en finanzas y seguros superaban en más de un 70% la media de cinco años, según las encuestas del Departamento de Trabajo de EE UU. Tanto Pinto, de JP Morgan, como su jefe, Jamie Dimon, han insinuado que los tiempos difíciles son excelentes para fichar a gente competente a precios relativamente atractivos.

El riesgo de quedarse atrás

Las alternativas tampoco son convincentes. El despido de personal de tecnología hace que un banco se arriesgue a quedarse atrás en el cambio a las finanzas digitales, y se come las futuras mejoras de eficiencia. Todas las grandes empresas tienen otras divisiones que podrían hacer un trabajo más pesado, como el negocio de patrimonio de Morgan Stanley, el banco de consumo de Goldman, el negocio de tarjetas de crédito y financiación comercial de Citi y los colosales bancos comerciales de JP Morgan y Bank of America. Cada uno tendrá que enfrentarse a sus propios retos por la ralentización del crecimiento económico y el deterioro de la calidad del crédito.

Si las plantillas no pueden absorber el golpe, lo harán los accionistas. Ya están preparados para un cierto malestar: los precios de las acciones de las grandes empresas financieras han caído un tercio o más desde principios de 2022. Sin embargo, no es mucho más que el índice general S&P 500. Goldman y Morgan Stanley elevaron su objetivo de rentabilidad del capital a alrededor del 15% a principios de este año. El objetivo reciente de la jefa de Citi, Jane Fraser, de una rentabilidad del 12% sobre el capital tangible es más bajo, pero ya es ambicioso para una empresa que lucha por recuperarse.

Esto abre la puerta a la decepción, ya que la caída de los ingresos choca con plantillas que son difíciles de reducir. El banco con más probabilidades de aplicar el hacha podría ser Goldman, que ha vuelto a su modelo de cargarse a los flojos para deshacerse de empleados de bajo rendimiento. Sin embargo, solo reducirá la plantilla en poco más del 1%, según una fuente familiarizada con la situación. Recortar personal en un mal mercado se hace difícil para los jefes de Wall Street; no tener a nadie que recortar se hace difícil para los inversores.

PARA MÁS INFORMACIÓN: BREAKINGVIEWS.REUTERS.COM Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de EL PAÍS

Sigue la información de Negocios en Twitter, Facebook o en nuestra newsletter semanal


EL PAÍS de la mañana

Despiértate con el análisis del día por Berna González Harbour
RECÍBELO
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS