Veepee quiere tu ropa usada

La compañía francesa, antes llamada Vente-Privée, busca en la segunda mano una nueva vía de ingresos en plena recuperación de divisiones como la de viajes, muy azotada por la pandemia

Albert Serrano, responsable de Veepee España.
Albert Serrano, responsable de Veepee España.Cedida

En los armarios languidecen vestidos, pantalones o chaquetas que rara vez se utilizan, se han deteriorado, o simplemente han dejado de gustar a su dueño. La firma francesa de comercio electrónico Veepee ha puesto el foco en esas toneladas de ropa para añadir una nueva pata a su negocio: desde el mes pasado permite a sus usuarios en España enviarles esas prendas que antes acababan en contenedores, mercadillos o abandonadas en casa, intactas en las perchas, ocupando espacio sin motivo.

El movimiento sigue los pasos de la experiencia de su matriz francesa, que lanzó ese servicio a finales de 2020. En ambos países se llama Re-cycle y funciona igual: cuando se abre una campaña, los socios pueden enviar sus productos usados y a cambio reciben un cupón para gastar en una empresa colaboradora. La primera ha sido con Camper. Los interesados dejaban un par de zapatos usados sin importar su marca ni su estado en las tiendas de la empresa balear o los enviaban a Veepee y a cambio recibían 20 euros para gastar en unos nuevos Camper.

¿Qué hace Veepee con lo recibido? Si está en muy mal estado, recicla el producto. Si es reutilizable, lo revende tras un lavado industrial y trata de dejarlo como nuevo en su almacén de Santa Oliva (Tarragona), donde ha destinado al proyecto un espacio de 2.500 metros cuadrados y 20 empleados. “La segunda mano nos permite llegar a un nuevo público. Son prendas con un descuento altísimo de las que hay una demanda muy fuerte. Casa bien con nuestro modelo”, explica al teléfono Albert Serrano, director general de Veepee España.

Ropa usada clasificada en instalaciones de Veepee.
Ropa usada clasificada en instalaciones de Veepee.

Se recuperan los viajes

El modelo de Veepee, antes llamada Vente-Privée, que en 2016 compró Privalia por 500 millones de euros, se basa en vender con descuento durante un periodo limitado. Divide su oferta en seis áreas: moda y belleza, hogar y tecnología, deporte, infantil, viajes y gourmet. No ha sido inmune a la pandemia. La facturación el año pasado fue de 3.200 millones de euros, por debajo de los 3.800 millones de 2019. Con divisiones especialmente afectadas. “En viajes, que suponía más del 15% del total, tuvimos cuatro o cinco meses casi a cero. Ahora está volviendo a crecer mucho, el turismo está creciendo más de lo que pensábamos, y estamos cerca de recuperar los niveles de 2019″, señala Serrano.

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La emergencia sanitaria ha decaído, y con ella las restricciones, pero nuevos frentes se han abierto. El más inquietante ahora mismo, también para el comercio, es la invasión de Ucrania, aunque su impacto en Veepee tiene un fuerte componente geográfico. “Una guerra nunca es una buena noticia, pero en cuanto a turismo no estamos viendo un efecto negativo. Lo que sí hay es un efecto importante de contención del gasto en productos no necesarios. Y como vendemos en toda Europa, estamos viendo que cuanto más cercano está el conflicto, más contención del gasto no básico. Países como Alemania contienen más el gasto que en el sur de Europa”, asegura.

Descuentos contra la inflación

El conflicto ha apuntalado aún más una inflación ya de por sí disparada. En ese fenómeno hay consecuencias contrapuestas para Veepee: por un lado, las marcas con las que trabajan están vendiendo más caro porque el aumento de los costes de transporte están reduciendo sus márgenes, sobre todo a las que producen en Asia, que han visto cómo se multiplica el precio que pagan por los contenedores que viajan en buques. Pero por otro lado, un entorno de encarecimientos puede hacer que los consumidores sean más incisivos en la búsqueda de rebajas. “La ventaja competitiva de quien vende con descuento cuando los precios suben aumenta, a pesar de que nosotros nos vemos obligados a vender un poco más caro”, explica Serrano.

Tensiones en el suministro

Otra derivada es la crisis de suministro derivada de la pandemia. La estricta estrategia de covid cero implantada por el Gobierno chino está impidiendo la salida de muchas mercancías porque hay puertos cerrados y fábricas trabajando a medio gas. Serrano reconoce que hay marcas que están sufriendo retrasos en recibir sus pedidos, y eso provoca un desequilibrio en lo que pueden ofrecer en las tiendas. “Una tendencia que vemos en nuestras marcas es que están intentando aumentar la producción cercana, en países como España, Portugal o Turquía, porque las cadenas de producción están sufriendo”, detecta Serrano.

De nuevo, en ese problema hay un lado malo y otro bueno para Veepee: al tener menos stock disponible, algunas marcas lo agotan antes y no destinan los excedentes a venderlos con descuento en plataformas como Veepee. Pero también sucede que las demoras hacen que haya marcas que ya no puedan vender su ropa porque se ha pasado la temporada, y eso las lleva a aumentar la cantidad de prendas que destinan a Veepee para que les dé salida, aun a costa de sacrificar márgenes. “Si recibes las chaquetas de invierno en abril ya no se venden. Y tienes un problema”, apunta Serrano.

Presente en diez países, donde suma 5.500 trabajadores, España es el segundo mercado de la compañía tras Francia. El director general sostiene que ser líderes genera un efecto noria que les permite beneficiarse de economías de escala, más ofertas y ofrecer mejores marcas, lo que les facilita seguir ganando cuota. En el sur de Europa su negocio está abriéndose paso más fácilmente que en el norte. Su última apuesta, la venta de ropa usada, busca dar nuevos bríos a una cuenta de resultados que, como la de sus competidores, ha debido lidiar en solo dos años con una pandemia, una crisis de suministro y una guerra.

Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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