Elecnor: un gigante sigiloso con alma exploradora

La compañía, con presencia en 55 países, quiere potenciar su estrategia internacional en infraestructuras y concesiones

Unos trabajadores de Elecnor colocan un sistema de transmisión en Cantareira (Brasil).
Unos trabajadores de Elecnor colocan un sistema de transmisión en Cantareira (Brasil).

Elecnor es una empresa sui generis, que proyecta una imagen diferente según el lugar donde opere. Muy grande fuera de España con facturaciones millonarias, aquí es conocida como una colaboradora de Telefónica para la que trabaja en la instalación y el mantenimiento de la fibra óptica. “Cuando en tiempos de bonanza económica las grandes empresas despreciaron los pequeños negocios porque les parecía que movían poco volumen, nosotros no lo hicimos. Elecnor puede cambiar el grifo de una casa y hacer toda la instalación de fontanería. Emitimos facturas de 30 euros o de millones. Todo suma y es importante”, afirma Rafael Martín de Bustamante, director ejecutivo de Elecnor.

Fundada en 1958 en Bilbao por 10 familias de la aristocracia vasca y andaluza, que mantienen un 52,7% de las acciones agrupadas bajo la sociedad Cantiles XXI, Elecnor no ha dejado nunca de repartir dividendos pese a la bajada de la facturación en los años fuertes de la crisis (2012 y 2013). Tampoco dejó de crecer en estos años cuando invirtieron en termosolares con la compra de una empresa del sector y el Gobierno de entonces decidió recortar las primas. “Prácticamente nos expropió 200 millones de euros”, asegura Martín de Bustamante.

Está diversificada en dos grandes áreas: infraestructuras, con proyectos en energía, electricidad, gas y telecomunicaciones; y concesional, con construcción y gestión de activos de energía. Y asume una plantilla de casi 14.000 trabajadores. En 2018 su facturación se cifró en 2.273 millones de euros, algo menor que la obtenida en 2017 (2.316 millones). Aun así, el beneficio ascendió a 74,3 millones frente, a los 71,2 del ejercicio anterior. Las cifras de 2019 aún no las ha publicado.

El entramado de sus inversiones se extiende como una tela de araña por casi todos los continentes. Está presente en 55 países y el 57% de su negocio llega del exterior. “Elecnor está fuera desde los años sesenta del siglo XX, al igual que lo hicieron otras empresas como Isolux o Cobra. Ahora parece fácil estar en mercados extranjeros, pero no lo era entonces. Queremos llegar a tener una contratación en el exterior de 1.500 millones [ahora ronda los 1.300] y dejar de tener solo proyectos de exportación a tener sedes en los países en los que trabajamos”, afirma el directivo.

Europa es un continente clave en su apuesta con un 50% de su caja. Desde Italia, donde opera con la empresa nativa en el negocio de distribución eléctrica y despliegue de fibra óptica y factura 50 millones, hasta Portugal, con centrales de biomasa, pasando por Noruega, a donde llegó en 2015 para la construcción de dos túneles. También en Lituania están inmersos en la electrificación de una buena parte de la línea ferroviaria, un contrato, compartido con Abengoa, que asciende a 350 millones de euros.

Entre sus últimas operaciones está la adjudicación del despliegue de la fibra óptica en la ciudad inglesa de Newcastle por 66 millones de euros. “Allí hay un déficit de esta tecnología. Apenas un 14% de los hogares la tienen”. Un negocio que llega recién estrenado el Brexit, pero que, en principio, no parece preocupar al ejecutivo. “Si nos han llamado es porque nos necesitan. Más me preocupa la gente que trabaja en Honduras o en Ghana. ¿Qué podría pasar? ¿Se podrían perder próximos negocios? Nunca se sabe. Yo soy muy optimista”, esgrime.

EE UU se ha convertido en un país clave para Elecnor, situándose entre los cuatro Estados con más contrataciones. Aporta un 8% de su facturación. Tras la compra de la norteamericana Hawkeye, actualmente trabaja en la distribución de gas en el barrio neoyorquino de Queens y en el mantenimiento de la red de energía eléctrica en los Estados de Nueva Inglaterra y Nueva York, donde la factura alcanza los 100 millones de dólares. “Este país es un reto para Elecnor y debemos ser prudentes en el crecimiento. Hay mucha rotación de personal y para nosotros la gente es clave. Si te precipitas en el crecimiento y no tienes gente, te estrellas”, afirma Martín de Bustamante.

Australia

Elecnor también tiene intereses en Australia, donde acomete el proyecto del parque fotovoltaico más grande del país, con una inversión de 133 millones de euros. También han lanzado sus redes en África, donde están en países como Ghana con un proyecto de subestación eléctrica por un valor de 45 millones, una central hidroeléctrica en Camerún y un parque eólico en Mauritania. En Jordania también tienen otro y a principios de este año se adjudicaron un proyecto de transporte de agua a Omán de 192 millones.

Para crecer en el negocio concesional, decidieron asociarse con APG, fondo holandés que gestiona el segundo mayor fondo de pensiones del mundo, con el que firmaron una alianza para realizar proyectos conjuntos de transmisión de energía y energía renovable, excepto eólica. A través de Celeo, la sociedad participada por ambas compañías, firmaron un primer acuerdo en el que Elecnor contaba con el 51% del capital. Acuerdo renovado recientemente en el que ahora se reparten al 50% la propiedad y donde mantienen un compromiso de inversión de 400 millones de euros en los próximos cinco años.

Los grandes números del exterior no tienen un reflejo en el mercado doméstico. Aun así, el directivo reivindica su presencia local. “Este año hemos aumentado en un 15% la contratación. Mientras España crezca apostaremos por estar aquí”, apostilla. Muestra de ello son los proyectos que tiene en marcha, como el parque eólico en Valencia por una cuantía de 53 millones y el proyecto Clime para el alumbrado de Castilla-La Mancha por 10 millones. Este año ha empezado con la adjudicación de la construcción de un parque eólico en la isla de Lanzarote por 11 millones de euros y el contrato con la Sareb (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), más conocido como “el banco malo”, para el mantenimiento de 26.000 inmuebles con una vigencia de dos años.


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