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El nuevo jefe de Berkshire afronta su primera gran prueba para conquistar a los fans de Warren Buffett

Greg Abel, consejero delegado de la compañía desde enero, será el maestro de ceremonias en la primera junta de accionistas sin el mítico inversor como máximo ejecutivo

Un cartel con la imagen de Warren Buffett, en el bazar de la junta de accionistas de Warren Buffett, el viernes 2 de mayo de 2025.

Las juntas de accionistas de Berkshire Hathaway se asemejan a los conciertos de Taylor Swift. Los fans acampan a las afueras del recinto la noche anterior, quieren hacerse selfies con sus ídolos y conocen sus canciones, o sus consejos de inversión, de memoria. La edad, eso sí, cambia. La cantante atrae preferentemente a niños, preadolescentes y jóvenes mileniales o de la generación Z; las asambleas anuales de la empresa fundada por Warren Buffett se llenan de accionistas de edades más avanzadas, pequeños inversores con acciones B desde hace décadas, destacados empresarios y figuras con gran perfil público, como el aún consejero delegado de Apple, Tim Cook, la ex secretaria de Estado Hillary Clinton y la esposa de Mark Zuckerberg, Priscilla Chan, que acudieron el año pasado.

Todo está preparado para que se abran las puertas del pabellón cubierto situado en el centro de Omaha (Nebraska) en el que se celebra el evento y que cuenta con capacidad para unas 20.000 personas. Los accionistas tienen instrucciones precisas en la página web de Berkshire Hathaway para llegar de la mejor manera posible al CHI Health Center, el centro multiusos donde se celebrará el evento. En el apartado destinado a la junta, la empresa ha publicado como novedad una política sobre equipaje similar a la de las aerolíneas de bajo coste. Las medidas máximas de las bolsas serán de 30 centímetros de alto por 30 de largo y 15 de fondo, con un requisito adicional e imprescindible: serán transparentes.

La gran novedad este año será, en todo caso, que la tradicional estrella del evento, Warren Buffett, no estará en el escenario. Al menos, ya no es la mano que guía en primera línea las decisiones de la empresa. Tampoco estará su socio Charlie Munger, fallecido con 99 años a finales de 2023 y que había sido la mano derecha del denominado oráculo de Omaha. El legendario gurú anunció por sorpresa hace un año que dejaría el puesto de consejero delegado; ahora es presidente no ejecutivo, puesto que previsiblemente asumirá su hijo Howard.

Como estaba escrito en el plan de sucesión, Greg Abel, canadiense de 63 años y, hasta su reciente ascenso, vicepresidente de Berkshire, ha tomado el testigo como consejero delegado del conglomerado. En su despedida de hace un año, Buffett bromeó sobre su sucesor: “La decisión de conservar todas las acciones es una decisión económica, porque creo que las perspectivas de Berkshire serán mejores bajo la dirección de Greg que bajo la mía”.

Pero lo cierto es que el mercado se ha mostrado descreído con el futuro bursátil de la compañía. Y este es uno de los desafíos que enfrentará Abel. Las acciones de Berkshire siempre han sido sinónimo de una rentabilidad superior a la del mercado. Pero en los últimos 12 meses, desde que Buffett anunció su jubilación, la evolución de la compañía ha sido muy mejorable. Su comportamiento se ha situado unos 40 puntos porcentuales por debajo del S&P 500 en los últimos 12 meses, el peor periodo de un año desde el año 2000, según los datos de Bloomberg. La pérdida de valor no es baladí: unos 140.000 millones de dólares, solo un poco menos que la capitalización del Santander.

La caída, sin embargo, no impide que Berkshire Hathaway continúe en las estrellas de Wall Street con una capitalización de más de un billón de dólares, solo por detrás de las grandes tecnológicas, como Microsoft, Apple, Nvidia, Amazon, Alphabet y Meta. La empresa de Warren Buffett es extremadamente peculiar. Sus tentáculos llegan a casi todos los sectores de la economía estadounidense, con parques eólicos y centrales eléctricas de carbón, un ferrocarril que atraviesa 28 estados y filiales que fabrican desde chocolate hasta ropa interior y piezas para aviones Boeing. Y no solo eso. Suma además multimillonarias inversiones a largo plazo en empresas como American Express, Apple, Bank of America, Coca-Cola y Chevron.

Los inversores que acudan a Omaha, cuyo número será previsiblemente inferior al de otras citas, se centrarán en saber los planes de Abel para desplegar la reserva de efectivo de 370.000 millones de dólares que ha ido acumulando la compañía. Berkshire ha vendido acciones durante 13 trimestres consecutivos, aunque en los últimos tiempos ha cerrado varias operaciones, como la compra de la unidad química de Occidental Petroleum o la inversión de 1.800 millones de dólares en la aseguradora japonesa Tokio Marine.

En su primera carta a los accionistas, Abel alabó la figura del ex primer ejecutivo, al que calificó como “posiblemente el mejor inversor de todos los tiempos”, y se comprometió a mantener su legado. “Dentro de 20 años, cuando solo haya cumplido una pequeña parte del mandato que tuvo Warren, mi intención es que ustedes, o sus descendientes, se sientan orgullosos de que su empresa sea aún más fuerte”, aseguró.

En todo caso, la influencia de Buffett sigue notándose. El legendario inversor sigue activo como presidente de Berkshire, trabajando desde la oficina de la compañía en Omaha, y analiza ideas de inversión con Abel, según fuentes cercanas al asunto. Sin embargo, a sus 95 años, su ritmo de trabajo está disminuyendo, añadieron fuentes que cita el Financial Times.

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