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La campaña cerealista comienza con producción bajo mínimos, precios hundidos y costes disparados

Pese a la reducción de las cabañas ganaderas, las importaciones apuntan a un récord de 30 millones de toneladas

Campo de trigo afectado por la sequía en Villena (Alicante), a mediados de mayo.
Campo de trigo afectado por la sequía en Villena (Alicante), a mediados de mayo.JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ

El pasado sábado comenzó oficialmente la campaña cerealista de este año. Y lo ha hecho golpeada tanto por la sequía como por la situación de los mercados exteriores. Las producciones estarán bajo mínimos; los costes de producción, disparados por el precio del abono y de la energía, que se han duplicado hasta unos 3.500 millones de euros; y los precios en origen, bajos como consecuencia de las buenas cosechas en el resto de la Unión Europea, Brasil o Estados Unidos. El resultado: números rojos en una campaña negra para los cientos de miles de explotaciones cerealistas. En estas circunstancias, todo hace indicar que la cosecha estará en los puertos y en los principales puntos de acceso por vía terrestre desde otros países comunitarios. En total, podría alcanzarse la cifra récord de 30 millones de toneladas importadas.

Frente al incremento de los costes de producción, el Gobierno dio una ayuda de 300 millones de euros para repartir entre un cuarto de millón de agricultores profesionales para compensar la subida de los fertilizantes, y tiene en cartera otros 277 para repartir entre los agricultores y cinco para los apicultores por los efectos de la sequía. A esta cifra, se añaden los 81 millones acodados en las últimas fechas por Bruselas procedentes del fondo de gestión de crisis. Las ayudas a los ganaderos de carne y de leche ascendieron, por su parte, a 355 millones, lo que suma un total de más de 1.000 millones en ayudas directas, junto a otras medidas fiscales.

Los datos iniciales sobre las primeras siegas en las provincias del sur confirman las previsiones negativas derivadas de la sequía, con unos rendimientos de los más bajos de los últimos años. La sequía se ha llevado por delante las producciones de cereal y de paja en la mitad meridional de la Península, mientras en la mitad septentrional las lluvias han llegado tarde para la mayor parte de las zonas. Los resultados, según los datos de las organizaciones agrarias, las cooperativas y los almacenistas sitúan la cosecha entre los ocho y los diez millones de toneladas, prácticamente la mitad de los 18 millones de la cosecha anterior, que ya fue la más baja de las últimas décadas. Y lejos, también, de los 11,2 millones de toneladas de 1995, el año en que se batió el último récord negativo.

Desde las cooperativas agroalimentarias, la cosecha total se estima en unos diez millones de toneladas, frente a los 17.68 millones de toneladas de la campaña anterior. El trigo blando caería de algo más de cinco millones a unos tres millones de toneladas; el trigo duro, de 0,6 a 0,25 millones de toneladas; la cebada, de 6,57 a 3,9 millones; el maíz, de 3,8 a 2,2 millones de toneladas; la avena, de 662.000 a 123.000 toneladas; el centeno, de 181.000 a 32.000 toneladas; y el triticale de 572.000 a 108.000 toneladas.

Caída de los rendimientos

Según el responsable de cereales de las cooperativas agroalimentarias, Antonio Catón, la sequía ha supuesto el hundimiento de los rendimientos por hectárea para el conjunto de los cereales, pasando de los 3.000 kilos a unos 1700. En el caso del trigo blando, la reducción habría sido de 2.670 a unos 1.700 kilos; el trigo duro ha pasado de 2.140 a 1.180; y la cebada de, 2.740 a 1.600, con grandes diferencias por zonas. Mientras en la mitad norte hay zonas con más de 2.500 kilos por hectárea, en la mitad sur dominan las superficies con menos de 600 kilos. Ante esta situación de bajas cosechas y fuerte subida de los costes, Catón señala la necesidad de una mayor unidad de los agricultores a la hora de adquirir los medios de producción y —especialmente— los abonos.

La asociación sectorial Asaja cree que la cosecha de cereales de invierno —una categoría que excluye el maíz— rondará los cinco millones de toneladas: 2,12 millones de trigo blando, 216.000 toneladas de trigo duro, 2,4 millones de toneladas de cebada, 123.000 toneladas de avena, 31.000 toneladas de centeno y 103.000 toneladas de triticale. Muy lejos de los nueve millones de toneladas de la campaña anterior.

COAG, por su parte, también estima la producción de cereales de invierno en superficies de secano en cinco millones de toneladas. UPA es algo más optimista, y atisba unos siete millones gracias a las lluvias caídas en las últimas semanas en la mitad norte. Los almacenistas de cereales, por último, creen que se llegará a los ocho millones.

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