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La economía china acelera y repunta un 4,5% en el primer trimestre

Pekín mantiene la cautela ante un contexto internacional “complejo y cambiante”

Personas caminando en una calle comercial de Pekín el pasado sábado.
Personas caminando en una calle comercial de Pekín el pasado sábado.TINGSHU WANG (REUTERS)

China ha arrancado de nuevo la moto. La segunda economía del planeta ha crecido un 4,5% interanual en el primer trimestre del año, por encima de muchos pronósticos, según estimaciones oficiales publicadas este martes por la Oficina Nacional de Estadística (ONE). El dato refleja un país que ha mudado el rostro después de tres años casi encerrado en una burbuja y tras un 2022 más que renqueante marcado por el efecto de cierres, confinamientos y demás constricciones pandémicas. El año pasado, el Producto Interior Bruto aumentó un 3%, el segundo peor dato en más de cuatro décadas.

El consumo y las exportaciones han jugado un papel clave en el repunte. Pero el gigante asiático muestra aún signos contradictorios de recuperación, con la sombra de la tormenta económica global siempre de fondo, y unas cifras de desempleo aún por encima de la era prepandémica, por lo que el optimismo de Pekín es contenido.

“La economía nacional ha tenido un buen comienzo”, asegura la nota publicada por la ONE. Pero Fu Linghui, portavoz de este organismo, ha mencionado varios de los retos pendientes en una comparecencia: “El entorno internacional sigue siendo complejo y cambiante, las limitaciones derivadas de una demanda interna insuficiente son evidentes y los cimientos de la recuperación económica no son sólidos”, según ha recogido Reuters.

El dato del primer trimestre, en cualquier caso, se encuentra por encima del de los últimos tres trimestres y supone un incremento del 2,2% con respecto al último cuarto del 2022, que estuvo marcado, hacia el final, por un tsunami de contagios de covid como jamás se había registrado en China.

Los signos positivos están ahí, como el de las ventas totales al por menor de bienes de consumo, que aumentaron un 10,6% interanual, 7,1 puntos porcentuales más que en los dos primeros meses del año, según datos de este martes (parcialmente debido a un efecto estadístico, al partir de una base baja). Algunos indicadores publicados en los últimos días apuntaban ya hacia una mejora, como el de las exportaciones globales, que crecieron un 14,8% con respecto al año anterior, sobre todo empujadas por los envíos al sudeste asiático (aunque los analistas creen que en parte se debe a la salida de muchos pedidos pendientes) o el de los precios de la vivienda nueva, que subieron en marzo al ritmo más rápido en 21 meses.

También ha mejorado el indicador de valor añadido de la producción industrial en el mes de marzo; mientras que, durante el primer trimestre, ha moderado el crecimiento el dato de inversiones en activos fijos, en infraestructuras y en manufacturas, y ha caído aún más (hasta el -5,8% interanual) el de inversiones en promoción inmobiliaria, según los cálculos elaborados por la revista económica Caixin.

En el distrito financiero de Pekín, sembrado de rascacielos, la sensación es la de que las cosas van a mejor tras la pandemia, aunque aún queda camino por recorrer. “El mercado se está recuperando, pero lleva tiempo”, señala Dong, de 31 años, un trabajador de una multinacional dedicada al sector inmobiliario, mientas apura un café con un compañero de oficina. En su negociado, las cosas han ido francamente mal en los últimos años, pero muchos, como él, confían en que la batería de medidas puestas en marcha por el Gobierno surtan efecto en los próximos meses.

“Durante la pandemia, muchos tenían problemas para mantener el trabajo. Pero con la reapertura ahora están dispuestos mejorar sus condiciones de vivienda”, añade Zheng, de 46 años, que trabaja en el mismo sector, y toma un café en el local de enfrente. “La vida de la gente está mejorando”, valora sobre estos últimos meses. “Está creciendo la demanda y el poder adquisitivo”. Incluso está pensando en cambiarse de casa a una más grande.

No todos son tan optimistas. A los pies de una de las torres de vidrio, una abogada especializada en inversiones que prefiere guardar anonimato asegura que las cosas “aún no han vuelto a su estado normal” y que no siente que la economía “se esté recuperando” de momento. La mayoría de sus clientes son inversores extranjeros y últimamente, añade, no tiene demasiado trabajo. “Creo que todo el mundo está esperando”, dice mientras llega su taxi. “Tras la caída de la economía, la gente tiene cautela con su dinero y falta confianza”. El hueco, en su opinión, podría durar meses.

El dato anunciado este martes pone a Pekín en el rumbo del 5% que se fijó como horizonte de crecimiento para 2023 durante la reciente cita de la Asamblea Nacional Popular (el legislativo chino), el cónclave de marzo en el que se han apuntalado los últimos cambios políticos del país. Durante la cita, el presidente Xi Jinping fue reelegido para un tercer mandato histórico, cimentando su poder sobre todos los sectores del país, y se dio forma a un nuevo Gobierno de leales, incluidos el nuevo primer ministro (Li Qiang, exhombre fuerte del Partido Comunista en Shanghai, la plaza financiera) y el nuevo vice primer ministro a cargo de asuntos económicos (He Lifeng, hasta ahora al frente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el organismo encargado de la planificación).

Al término de la sesión parlamentaria, el primer ministro estableció como prioridad el “desarrollo de alta calidad”, basado en la innovación científica y tecnológica. Y aseguró que la solución para lograr el objetivo fijado de crear en 2023 cerca de 12 millones de empleos está “en el desarrollo económico”.

“El objetivo de crecimiento se ha vuelto menos relevante [para Pekín] mientras que el empleo se ha vuelto clave”, interpreta en un reciente análisis Alicia García Herrero, economista jefa para Asia Pacífico de Natixis, un banco de inversión francés. En él destaca que aún hay fuertes trabas al crecimiento “especialmente de la floja demanda externa”, elemento indispensable para la gran potencia exportadora.

Pekín es consciente de que las turbulencias geopolíticas, el bajo crecimiento de muchas de las grandes economías, la inflación que recorre el globo como una corriente eléctrica y la inestabilidad asociada a guerras comerciales y otros riesgos de desacoplamiento supondrán un problema a lo largo del año. Se espera que el volumen del comercio mundial de mercancías crezca tan solo un 1,7% este año, tras un crecimiento del 2,7% en 2022, según las últimas previsiones de la Organización Mundial del Comercio.

“El desempleo sigue obstinadamente por encima de los niveles anteriores a la pandemia”, señalaban como uno de los principales retos para Pekín los analistas de Trivium China en un boletín reciente, y mencionaban el dato más preocupante: el de la falta de trabajo entre los jóvenes. El desempleo urbano en el primer trimestre se encuentra en el 5,5% y alcanza el 19,6% entre las personas de 16 a 24 años, cuando a principios de 2019 este último rondaba el 11%.

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Sobre la firma

Guillermo Abril
Es corresponsal en Pekín. Previamente ha estado destinado en Bruselas, donde ha seguido la actualidad europea, y ha escrito durante más de una década reportajes de gran formato en ‘El País Semanal’, lo que le ha llevado a viajar por numerosos países y zonas de conflicto, como Siria y Libia. Es autor, entre otros, del ensayo ‘Los irrelevantes’.

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