El gran reto de la reforma de autónomos: aumentar la cotización para que mejoren las pensiones

El ministerio que dirige José Luis Escrivá asegura que el impacto del nuevo sistema en las cuentas de la Seguridad Social será “neutro” en los tres primeros años, pero la vocación es ingresar más

Un operario durante su jornada de trabajo, en julio en Toledo.
Un operario durante su jornada de trabajo, en julio en Toledo.AngelesVisdomine (EFE)

La pensión de jubilación de los trabajadores autónomos es muy inferior a la de los asalariados. Según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la pensión media de los trabajadores por cuenta propia es de 854 euros al mes, frente a los 1.494 euros del régimen general. Esto se debe a que el 84% de los autónomos elige la cuota más baja actualmente, 294 euros, a pesar de que muchos tienen ingresos suficientes como para cotizar más. La reforma del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) tiene como objetivo dar un giro a esta situación: quiere mejorar las pensiones de los trabajadores por cuenta propia y que se correspondan con los ingresos reales que han recibido durante su vida laboral. La lógica apunta que para ello tendrían que crecer las cotizaciones. Sin embargo, según reconoce el ministerio, en los primeros tres años de esta reforma el impacto en las cuentas de la Seguridad Social será “neutro”. No se ingresará ni más ni menos por las cotizaciones.

El plazo de tres años es importante porque es el periodo para el que existe un acuerdo concreto entre las asociaciones de autónomos y el Gobierno. La nueva tabla de cotizaciones establece cuotas de 230 euros a 500 euros en 2023, de 225 euros a 530 euros en 2024 y de 200 euros a 590 euros en 2025. A partir de entonces se abre una incógnita con una única certeza en el horizonte: el compromiso de las partes —adquirido en julio de 2021 por el Gobierno y los agentes sociales— es que como tarde en 2032 las cotizaciones se correspondan de verdad con los ingresos reales. El régimen acordado aún está lejos de ese objetivo, ya que un autónomo con rendimientos netos mensuales de 670 euros pagará en 2025 un 30% de ellos en cuota, mientras que uno con 6.000 pagaría el 10%.

El ministerio calcula que con la reforma baja la cuota para casi la mitad de los autónomos, los que menos ganan, y crece para un 25%. La idea es que el sistema que entra en aplicación entre 2023 y 2025 se siga desarrollando de forma progresiva para que en 2032 o antes cada autónomo cotice realmente por lo que gana.

Eduardo Abad, presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA, vinculada a UGT), certifica que la estimación que les ha transmitido el ministerio es que el impacto será neutro de inicio. “En nuestras cuentas, teniendo en cuenta la progresividad de las cotizaciones, se contempla que al final del proceso habrá una mayor recaudación. Tiene que haber un tránsito para que esto suceda, y ese periodo son estos tres años”, indica Abad. Cifra ese aumento paulatino en unos 2.500 millones de euros en 2032 respecto a los 11.400 millones que ingresará en cotizaciones en 2022 el RETA. Fuentes de la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (Uatae, vinculada a CC OO) anticipan un crecimiento mayor de cara a 2032: creen que las cotizaciones aumentarán hasta situarse en 17.400 euros. “El ministerio nos dice que estamos siendo optimistas”, añaden en Uatae.

Desde estas dos asociaciones de autónomos apuntan a la “prudencia” del ministerio, pendiente del desarrollo de esta reforma antes de anticipar sus posibles efectos. “El punto de llegada es el de mayor recaudación y aumento de las pensiones de los autónomos. ¿Qué va a pasar antes de 2032? Hay variables hasta entonces en cada año que pase que no podemos saber”, dice Carlos Bravo, secretario confederal de Protección Social y Políticas Públicas de CC OO y una de las principales voces del sindicato en la negociación del nuevo sistema. “Los autónomos reciben un mensaje con esta reforma: muchos habían planificado su vida para cotizar lo mínimo posible y esto ya no va a ser así”. “¿Cómo va a afectar esto en el comportamiento de cotización?”, se pregunta Bravo, que ofrece esta posibilidad: “Una persona de 40 años que ingresa 4.000 euros al mes y venía cotizando 294 sabe que en nueve años esa cotización se va a corresponder a sus ingresos reales. Yo subiría ya la cotización porque sabes que para 2032 vas a pagar por ingresos reales. Mi pensión se va a calcular teniendo en cuenta ese esfuerzo”.

Las estimaciones de UPTA y Uatae tienen en cuenta el aumento de cotizaciones por el despliegue del nuevo sistema, pero no contemplan el efecto de la entrada de nuevos cotizantes, una de las principales esperanzas de las asociaciones de autónomos. “Este nuevo sistema, con cuotas más bajas, invita a salir de la economía sumergida a muchas actividades que no estaban reguladas. A corto o medio plazo irán entrando en el sistema”, reflexiona Abad. Pone el ejemplo de los artistas, para los que UPTA propone “cotizaciones hiperreducidas” —de entre 100 y 180 euros al mes — cuando sus rendimientos netos no superen los 6.000 euros anuales. “Creemos que va a aumentar el número de autónomos. Muchos con ingresos bajos están deseando estar protegidos, pero con las cuotas actuales no se lo pueden permitir”, añaden desde Uatae.

Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA, vinculada a la CEOE), también menciona entre los motivos por los que cree que crecerá “un poco más” la recaudación en cotizaciones que “aflore economía sumergida al ser más baja la cuota mínima”. Además, considera que las cotizaciones aumentarán gracias a una caída en la rotación, es decir, los autónomos “se den menos de baja y alta al adecuar mejor la base de cotización y ser más baja la mínima”. Amor cree que otro argumento que sostiene esta previsión es que se elimina el tope que existe en la actualidad en las bases de los mayores de 47 años, que aplica para impedir lo que se interpretó como compra de pensiones (se cotizaba el mínimo hasta los últimos años en los que se subía la base para lograr una pensión mayor).

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, el miércoles pasado durante una rueda de prensa.
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, el miércoles pasado durante una rueda de prensa.Alberto Ortega (Europa Press)

“Al ajustar su cotización a sus rendimientos, en la medida en que les vaya mejor a lo largo de su vida laboral y coticen más, tendrán mayores pensiones. Eso sí, en sus primeras etapas, el autónomo podrá tener cotizaciones más bajas, incluso un 30% menores a las actuales”, afirmó el ministro José Luis Escrivá esta semana en una entrevista a EL PAÍS. Fuentes del ministerio explicaron la semana pasada que el objetivo a largo plazo es “ingresar más” para que mejoren las pensiones de los autónomos. Catalogaron el nuevo sistema como “una reforma que viene para quedarse” y que “contribuye a la sostenibilidad de la Seguridad Social”. Ese concepto, el de sostenibilidad, es el gran debate en torno al futuro de las pensiones. Estamos a las puertas de la jubilación de la generación más poblada, la del baby boom, así que el número de prestaciones va a subir de los 10 millones de la actualidad hasta los 15 millones en 2050. De cumplirse las proyecciones demográficas, en tres décadas solo habrá 1,8 personas en edad de trabajar por cada mayor de 66 años frente a los 3,4 de la actualidad. Y los salarios siguen casi estancados.

A finales del año pasado, el Gobierno aprobó la primera parte de la reforma de las pensiones, que vincula la revalorización anual de la jubilación al IPC e introduce un sistema de incentivos y desincentivos para alargar la vida laboral. En la segunda parte, que el Ejecutivo debe certificar durante el segundo semestre, se contempla la ya acordada reforma de las cotizaciones de los autónomos, el cómputo de años para calcular las pensiones, la subida de las bases máximas de cotización y los cambios relativos a las pensiones máximas.

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Sobre la firma

Emilio Sánchez Hidalgo

Redactor de Economía. Empezó su trayectoria en EL PAÍS en 2016 en Verne y se incorporó a Sociedad con el estallido del coronavirus, en 2020. Ha cubierto la erupción en La Palma y ha participado en la investigación de la pederastia en la Iglesia. Antes trabajó en la Cadena SER, en el diario AS y en medios locales de su ciudad, Alcalá de Henares.

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