PARADORES
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Crecimiento, territorio y turismo sostenible

La transformación del turismo hacia un modelo de mayor valor añadido es una de las palancas fundamentales para fijar población en zonas rurales

Vista general del parador de Sigüenza, en Guadalajara.
Vista general del parador de Sigüenza, en Guadalajara.PARADORES (Europa Press)

La economía no ha dado la importancia que se debe al análisis que tiene en cuenta la localización en el espacio de las actividades productivas. Sin embargo, para entender los factores profundos del crecimiento económico no se debe olvidar la importancia de la geografía y el espacio en el análisis económico. La tendencia casi imbatible a la aglomeración económica es una realidad constatada por la evidencia empírica del proceso de urbanización en nuestros países y a una escala global. Los fundamentos de dicha tendencia son los rendimientos crecientes a escala, los efectos externos positivos de “la ósmosis de conocimiento de empresas próximas” y la reducción de los costes de transporte recogidos en el trabajo seminal de Paul Krugman Geography and Trade (1991). Dichos fundamentos explican lo que se ha dado en llamar economías de aglomeración.

También en España se constata esa tendencia, en la que sin duda ha influido la elevada inversión, desde el comienzo de nuestra democracia, en infraestructuras de transporte, lo cual ha contribuido a reducir de manera importante sus costes, así como el envejecimiento de la población. En el sector turismo, el territorio también es un elemento crucial, y explica ese fenómeno de aglomeración que se ha producido, sobre todo, en la costa.

Esa producción en masa de turismo ha traído ventajas: España es líder en el turismo de sol y playa, posee un sector muy competitivo, ha crecido de manera sostenida en turistas e ingresos y ha sido una fuente de creación de empleo y riqueza. Sin embargo, y pese al evidente éxito, es el momento de replantearse el modelo para responder a las nuevas necesidades del sector, de la ciudadanía y del territorio si queremos que el turismo siga siendo un motor de desarrollo económico y social.

En ese sentido, la transformación del turismo hacia un modelo de mayor valor añadido, que implica un mayor compromiso con la transición verde, con el patrimonio cultural, más diversificado, y también más descentralizado, se configura como una de las palancas fundamentales para fijar población en la parte del territorio nacional que pierde población y dinamismo económico. Esto no solo impulsará la sostenibilidad del sector, incluso con nuevos modelos de negocio, sino que además propiciará espacios menos saturados y distribuidos por toda la geografía nacional, repartiendo de manera más justa y equitativa los beneficios que traen los visitantes a nuestro país. Esa distribución del turismo por el espacio también contribuirá a una diversificación del aparato productivo local y territorial, haciendo al sector en su conjunto más resiliente.

Desde el Gobierno, no solo existe un marco teórico general y el diseño de estrategias tendentes a provocar esos cambios, sino que además, a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, se están financiando planes de sostenibilidad y digitalización tanto en destinos como en empresas, y programas de experiencias turísticas que, mediante la generación de redes y un tejido empresarial, aporten soluciones al problema territorial. Este planteamiento, más que asentarse en abstracciones macroeconómicas, adopta un enfoque microeconómico basado en experiencias controladas, concretas y sobre el terreno, de un nuevo turismo sostenible en el interior, basado en vivencias de cultura y naturaleza llenas de conocimiento, emociones y alma, con afán de transformar y promover un nuevo turismo. A partir de ahí será crucial evaluar empíricamente su impacto y el efecto causal que provoca en el entorno con el fin de generalizar programas cuya eficacia haya sido previamente probada, configurar modelos a partir de ese conocimiento y, por efecto acumulador, lograr ese objetivo macroeconómico que es retener a la población en su territorio, al estilo del auge de la nueva rama de la Economía del Desarrollo que promulgan los premios Nobel Esther Duflo y Abhijit V. Banerjee.

En esa misma línea, la empresa pública Paradores de Turismo de España está realizando un esfuerzo por potenciar su papel de tutelaje del patrimonio de sus edificios y su entorno, también de “ingeniera social” que pretende mejorar fórmulas turísticas destinadas a dinamizar la economía local y generar oportunidades en el territorio. Con ese fin, estamos desarrollando una política de sostenibilidad con los fondos europeos y está aplicando experiencias en vivo, concretas y sobre el terreno, como su proyecto de Naturaleza para los Sentidos, con el objetivo no solo de crear acciones deliberadas destinadas a transformar la realidad turística, sino también de acometer mediciones en las microestructuras sociales con el fin de evaluar su eficacia. Quizás sea este el mejor camino para conformar un nuevo modelo de turismo para España para que el sector sea más sostenible, competitivo, resiliente y justo, y se consolide como el referente internacional que es en la actualidad.

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Pedro Saura es presidente de Paradores de Turismo de España

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