Los mercados apuestan por una guerra relámpago y limitan las pérdidas

Las Bolsas se apuntan amplias ganancias y el precio de la energía se desploma después de constatar que las sanciones no afectan al gas de Rusia

La Bolsa de Fráncfort, que el jueves cerró con fuertes pérdidas.
La Bolsa de Fráncfort, que el jueves cerró con fuertes pérdidas.Getty Images

La narrativa de los mercados está resultando ser tan volátil como los índices bursátiles esta semana. Los selectivos de las principales plazas del mundo se hundieron el jueves después de que los inversores constataran que la invasión rusa de Ucrania ya no era su peor escenario, sino la realidad. Las pérdidas masivas, sin embargo, apenas duraron 24 horas. Los parqués de Europa y Estados Unidos vivían este viernes un fuerte rebote a rebufo del nuevo relato que buscan los inversores: una salida relámpago del conflicto y unas sanciones que dañen al mínimo la recuperación económica del Viejo Continente. Wall Street se apuntaba amplias ganancias a apenas hora y media del cierre, cuando las Bolsas europeas todavía digerían las subidas de más del 3,5% que habían experimentado. Ese era el caso también del Ibex 35, que salía de la zona de mínimos anuales en la que se había instalado esta semana.

El nerviosismo se apoderó de los mercados a raíz de los ataques de Rusia a Ucrania durante la madrugada del jueves. El exsecretario de Tesoro italiano y profesor de la London School of Economics resume el sentimiento de los mercados: “Ya tenemos con nosotros el peor escenario, pero puede ser aún peor”. Ni de lejos las Bolsas sufrieron los desplomes de dos dígitos que provocó el pánico por la pandemia, pero sí especularon con un choque de mayor magnitud entre Rusia y las grandes potencias occidentales —entre ellas, EE UU y la UE— y con las represalias mutuas que podían afectar el suministro energético a Europa.

Estas no son, sin embargo, las primeras tensiones que viven Estados Unidos y Rusia por las ansias expansionistas de Vladimir Putin. Recientemente ya las ha habido por la anexión de Crimea, en 2014, y el conflicto en Osetia de Sur, en 2008. Y los mercados replican sistemáticamente su comportamiento. De hecho, las Bolsas estadounidenses cambiaron de rumbo rápidamente después del discurso del jueves del presidente de EE UU, Joe Biden, quien anunció el envío de nuevas tropas a Alemania, desde donde el Ejército supervisa sus operaciones en Europa del Este, pero rechazó implicarse directamente en territorio ucranio. Tras su aparición ante los medios, el índice tecnológico Nasdaq escaló de inmediato más de un 3%. Los mercados también respiraron al ver los paquetes de sanciones impuestos por Biden y por los líderes de la UE. “Las sanciones continúan excluyendo el petróleo y el gas de Rusia”, destaca la firma de calificación de deuda S&P. Eso supuso que el precio del gas se desplomara un 30% en los mercados del Reino Unido y Europa, revirtiendo en parte la tremenda subida del 60% del día anterior. También el petróleo se dio un respiro, con un descenso del barril de Brent que lo dejó por debajo de la frontera psicológica de los 100 dólares.

Los mercados tampoco creen que Rusia vaya a optar por mayores represalias a la UE, a pesar de que los Veintisiete decidieran colocar a Vladimir Putin y a su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, en su lista negra y congelar los activos que puedan tener en territorio comunitario. Ello se debe a que Europa supone el 45% de las exportaciones de Rusia. “China, que representa el 14% de sus ventas exteriores, no puede reemplazar, bajo nuestro punto de vista, a Europa como mercado clave de Rusia. Al menos no de un día para el otro”, añade el informe de S&P. La Unión Europea, por su lado, se reserva todavía la carta de excluir a Rusia del sistema de mensajería bancaria Swift por miedo a que Putin cierre el grifo del gas, que se erige como el principal canal de transmisión de una posible crisis en Europa. “Swift es el arma nuclear”, recordó el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire.

Los mercados empezaron a barajar, además, con la posibilidad de una intervención rápida. La posibilidad de que se entablaran negociaciones entre Ucrania y Rusia en Minsk llegaron a lo alto de los digitales económicos estadounidenses. “Las acciones estadounidenses suben después de que Rusia acepte entablar conversaciones con Ucrania”, rezaba una de las piezas destacadas de The Wall Street Journal. Sin embargo, las intenciones de Putin quedaban al descubierto poco después, cuando sugería al ejército de Ucrania un golpe de Estado. En cualquier caso, a hora y media de que cerraran los mercados, el Dow Jones subía un 2,46%, mientras que el Nasdaq lo hacía un 2,13%. En Europa, la presidenta del BCE, Christine Lagarde comparecía tras el Eurogrupo informal de París y calmaba a los mercados. “El BCE está dispuesto a tomar las medidas necesarias para cumplir con sus responsabilidades de garantizar la estabilidad de precios y la estabilidad financiera en la zona del euro”, dijo.

Con toda esa munición, los mercados fueron avanzando a lo largo del día. El Eurostoxx, el índice de referencia europeo, subía un 3,69%. Fráncfort avanzó un 3.67%; París, un 3,55%, y Milán, un 3.59%. Londres también escalaba un 3.91%. Antes, también las bolsas de Tokio (+1.95%) o Shangái (+0,63%) habían registrado números verdes. Los bandazos de los inversores en los mercados de valores se tradujeron en constantes movimientos en los valores en los que se refugian los inversores en caso de crisis: el oro bajó casi un 1%, mientras que la deuda alemana vio cómo su rendimiento subía hasta el 0,230% tras haberse hundido al 0,150% por la mañana. Los analistas, no obstante, advierten sobre dos factores. Uno, la elevadísima volatilidad de los mercados. Y dos, los problemas que todavía pueden esconder las economías: llámese sobrecalentamiento de algunos activos, recuperación incompleta o inflación galopante en algunos países.

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Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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