“En el sector financiero, el Brexit será una nota a pie de página dentro de 20 años”

El irlandés Vincent Keaveny, Lord Mayor of London (presidente de la Corporación de Londres) llega este jueves a Madrid en su primera visita al exterior

El nuevo Lord Mayor de Londres, Vincent Keaveny, en una foto proporcionada por la Corporación de Londres.
El nuevo Lord Mayor de Londres, Vincent Keaveny, en una foto proporcionada por la Corporación de Londres.

El pasado 13 de noviembre, varios elefantes de cartón de tamaño natural recorrieron las calles de la City de Londres ―el centro financiero y jurídico de la capital británica―, junto a un autobús arrastrado por caballos, el camión de bomberos más grande de Europa o la carroza ceremonial más antigua y ornamentada que existe, todavía en uso. Era el show que cada año despliega el nuevo Lord Mayor of London (Lord Alcalde de la Ciudad de Londres y presidente de la Corporación de Londres). A cambio de acudir a rendir pleitesía al monarca, en Westminster, se asegura el “pleno dominio” sobre esta almendra situada a orillas del Támesis que agrupa el mayor poder financiero de Europa. Vincent Keaveny (Dublín, 56 años) es el Lord Mayor número 693, un irlandés (y por tanto, ciudadano de la UE) como embajador de la City ante el mundo en la era post Brexit. Este jueves visita Madrid, su primer destino exterior.

Pregunta. ¿Por qué Madrid?

Respuesta. Yo soy abogado, socio de DLA Piper, que tiene una oficina importante en Madrid. En mi especialidad, que son los mercados de capital, he hecho muchos trabajos en España. He trabajado con muchos bancos españoles en sus transacciones financieras internacionales. Y también en Portugal. Así que la primera razón de esta decisión tiene que ver con una afinidad personal. Pero hay muchas más, como la enorme comunidad de británicos que hay en España, y el elevado número de españoles que reside aquí en Londres. Y el relevante flujo de inversión exterior directa que circula en ambas direcciones. No podemos olvidar la importante presencia en el Reino Unido del sector financiero español, con bancos como Santander o Sabadell. Todas estas eran razones de mucho peso para que el Lord Mayor visitara Madrid.

P. Reino Unido es, después de Estados Unidos, el destino más importante para la inversión directa española. Recibe un 16% del total.

R. Es importantísima. Especialmente en la industria de los servicios financieros, pero también en muchas otras áreas de la industria británica, como pueden ser las infraestructuras, la gestión de los aeropuertos, en el sector energético. España es un socio inversor de suma importancia. Y confío en que, más allá del distanciamiento con la UE, esta relación bilateral siga manteniendo su fortaleza.

P. En el Acuerdo Comercial cerrado con la UE, después del Brexit, quedaron fuera los servicios financieros. ¿Le preocupa? ¿Ve avances en las negociaciones entre Londres y Bruselas?

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R. No esperamos grandes anuncios ni cambios relevantes en el futuro cercano. En términos de equivalencias [el reconocimiento mutuo de la similitud del régimen regulatorio], las posiciones del Reino Unido y de la UE están claras. Estamos muy contentos con la reciente decisión de la Comisión Europea de otorgar esa equivalencia a las cámaras de compensación británicas, para poder introducir sin problemas los derivados en el mercado de la UE. Sé que esa decisión, muy inteligente, era muy deseada por las instituciones financieras europeas, porque habría recaído sobre ellas y sobre sus clientes el coste de que no existiera esa equivalencia.

P. Durante todo este tiempo ha habido un drenaje continuo de activos y trabajadores que han abandonado la City para buscar refugio en territorio de la UE. Algunos análisis cifran esas pérdidas en un billón de euros y más de 7.000 puestos laborales.

R. A nadie le han gustado esos movimientos, y en un mundo ideal habría sido fantástico que todos esos activos y todos esos puestos de trabajo permanecieran en la City. Aunque la realidad es que el número de empleos, en términos absolutos, ha crecido. Aunque, por razones legales, muchas instituciones financieras hayan tenido que sacar de Londres parte de sus infraestructuras, y han desplazado fuera activos y personal, el impacto neto sobre la City no ha sido tan importante. Sigue creciendo, sobre todo en el área de fintech (tecnología financiera), donde somos un centro mundial. Si observamos hacia atrás el mundo de los servicios financieros, dentro de 20 años, el Brexit será importante, sí, pero no pasará de una nota a pie de página. El verdadero motor del cambio ha sido la tecnología. Lo vemos cada día. Las empresas cambian, desarrollan nuevas ideas y nuevos puestos de trabajo, y todo lo impulsa la tecnología.

P. Véndame Londres. ¿Por qué sigue siendo atractiva para las empresas?

R. Yo crecí en Dublín. Vine a Londres a finales de la década de los ochenta. Vine a trabajar a la City por un par de años, para adquirir un poco de esta experiencia. Mi plan era regresar a Irlanda para practicar la abogacía. Me enamoré de la ciudad. En primer lugar por el trabajo, que proporcionaba una exposición global muy estimulante para un joven abogado. Pero sobre todo por la ciudad misma, y lo que ofrecía en términos de cultura, de gente, incluso de gastronomía, algo que afortunadamente ha cambiado mucho en los últimos años [risas]. No se pueden infravalorar esos atractivos, que hacen que mucha gente se enamore de esta ciudad. Es una ciudad que recibe con los brazos abiertos el talento global, en toda su diversidad.

Y en el caso de la City, no es muy habitual tener concentrados en el mismo sitio a las grandes empresas financieras, a las autoridades regulatorias y a los tribunales y las principales instituciones jurídicas. Es algo, por ejemplo, que no ocurre en Fráncfort.

P. Algunos han llegado a definir la pasada COP26, la Cumbre del Cambio Climático en Glasgow, como la “cumbre financiera”, en la que el mundo del dinero se implicó finalmente en este desafío. ¿No tenemos derecho los ciudadanos a contemplar con cierto cinismo tanta grandilocuencia?

R. Yo no sería cínico en este respecto. Creo que, en unos pocos años, veremos la COP26 como la cumbre que incorporó al mundo de las finanzas. Fue la primera vez que el sector privado de las finanzas se sentó en la mesa de negociación. Admito que esa promesa de 130 billones de dólares puede generar dudas. ¿Cuánto de todo eso es dinero real? ¿Cuánto es doble contabilidad? Pero la realidad es que, por primera vez en mucho tiempo, se ha ofrecido un compromiso real. Bancos, instituciones financieras, gestores de fondos, aseguradoras… Todos están en esa alianza [la Alianza Financiera por la Neutralidad de Carbón, impulsada por el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney], y a todos se les exigirá en el futuro una rendición de cuentas. Porque la clave de este desafío es asegurar la transición ecológica, buscar el modo de financiar el paso de una “economía marrón” a una “economía verde”. Y hasta allí solo llegaremos si encontramos el dinero para hacerlo posible.

P. ¿Ha superado la City el golpe de la pandemia?

R. Confío en que la campaña de vacunación de refuerzo marque la diferencia. La recuperación, después de la pandemia, ha sido buena. Pero algunos hábitos han cambiado. Ya no espero que la gente trabaje en las oficinas cinco días a la semana. Pero no ha sido algo inesperado. Ya comenzábamos a acostumbrarnos a que los viernes fueran un día relativamente tranquilo en la City. Habrá que ver cómo reinventamos los viernes [sobre todo para los negocios de hostelería], pero el resto de la semana sigue siendo muy intenso. A mí me ha encantado la posibilidad de regresar a la oficina. Era algo muy natural, y lo hemos echado de menos. Por eso viajo a España. Zoom [la videoconferencia] es útil hasta cierto punto. Nada puede sustituir el trato personal.

Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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