La falta de chips ya destruye puestos de trabajo en la industria del automóvil

Los retrasos en la llegada de semiconductores a las fábricas se agravan y alcanzan hasta las 25 semanas

Planta de Stellantis en Figueruelas (Zaragoza), el pasado septiembre.
Planta de Stellantis en Figueruelas (Zaragoza), el pasado septiembre.Efe

Casi 40.000 empleados de las factorías de Volkswagen, Stellantis, Renault, Ford y Mercedes en España están a la expectativa de lo que sucede en el mercado mundial de los semiconductores. De la llegada de estos pequeños componentes electrónicos depende que las líneas de producción en las que trabajan puedan mantener la actividad y ellos librarse de los ERTE que penden sobre sus cabezas. En lo que va de año se han producido en torno a medio millón de vehículos menos que en el mismo periodo de 2019 (un 25% menos), cuando no había estallado todavía la pandemia. Y todo ese terremoto en la cadena de producción se está trasladando a sus proveedores.

“El problema de los semiconductores es que, tras agotar las medidas de flexibilidad que había en los convenios, se está trasladando ya a destrucción de empleo, porque las empresas están empezando a no renovar los contratos eventuales”, señala la secretaria general de Industria de CC OO, Garbiñe Espejo. Y, como advierte el profesor de EADA Juan José Montiel, la afectación continúa durante este cuarto trimestre: “Las vamos a seguir pasando canutas por el efecto látigo que está provocando el desajuste entre la demanda y la oferta de microchips, que se irá ajustando con el tiempo”, sostiene. El tiempo de espera ha pasado de situarse en una horquilla de entre cuatro y ocho semanas hace un año a otro de entre 15 y 25 semanas ahora.

La falta de provisión de microprocesadores se ha visualizado en España sobre todo a través del sector de las cuatro ruedas, a causa de su peso en la actividad industrial (representa el 10% del PIB y es el protagonista del 18% de las exportaciones) y porque sus ERTE afectan a miles de trabajadores. Pero lo cierto es que la falta de existencias ha acabado afectando a buena parte de las manufacturas: los fabricantes de bienes de equipo, de electrodomésticos y, evidentemente, de electrónica del consumo.

Las encuestas de opinión de la Unión Europea, trabajadas por el Banco de España, señalaban en julio que un 22% de las empresas manufactureras españolas habían sufrido restricciones de oferta asociadas a la escasez de material; y que un 37% habían visto limitada su capacidad de producción. Aunque esa afectación se refería al conjunto de las materias primas —falta desde silicona hasta madera, pasando por el acero—, los semiconductores son los que habrían generado mayores problemas.

Falta de capacidad

“La oferta de microchips no es nada elástica y no hay capacidad para fabricar más de forma rápida. La alta demanda ha acabado provocando que un chip que hace un año costaba un euro se esté pagando a 50 euros”, explica Joan Tristany, director general de la asociación de industrias Amec. En su opinión, España debería optar a poder fabricar semiconductores, porque se trata de una industria de alto valor. “No todo lo tenemos que fabricar aquí, pero tenemos que apostar por tecnologías de última generación”, dice. El presidente de la patronal de la industria auxiliar de la automoción, Sernauto, Francisco Riberas, apuntaba en esa dirección hace una semana, cuando se le preguntaba sobre la crisis: “Hay que hacer un análisis estratégico sobre dónde están los riesgos o los suministros y saber dónde España podría tener una ventaja competitiva”.

El Ministerio de Industria ha trasladado a la Comisión Europea su intención de participar en el diseño y la fabricación de microchips, dentro de la estrategia que esta quiere llevar a cabo para reducir la dependencia. España ha presentado siete proyectos con inversiones conjuntas de 742 millones de euros en el IPCE, una fórmula de proyectos transfronterizos subvencionados por fondos comunitarios, destinado a la electrónica. La aportación más conocida es la que lidera el Supercomputing Center de Barcelona, desde donde se quiere liderar el desarrollo de un microchip europeo de altas prestaciones cuya fabricación estaría en Europa. Es una forma de competir con el liderazgo asiático y estadounidense.

María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, opina en todo caso que el menor peso de la industria en España, causado por la constante terciarización de la economía, está suponiendo que el impacto de la falta de semiconductores sea menor al de otros países, como es el caso de Alemania, donde el 71% de las empresas manufactureras se estaban viendo limitadas en julio pasado.

Sobre la firma

Dani Cordero

Dani Cordero es redactor de economía en EL PAÍS, responsable del área de industria y automoción. Licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull, ha trabajado para distintos medios de comunicación como Expansión, El Mundo y Ara, entre otros, siempre desde Barcelona.

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