El FMI empaña la recuperación mundial por la inflación, los cuellos de botella y el acceso desigual a las vacunas

Las economías avanzadas retornarán a sus niveles prepandémicos en 2022, pero las emergentes y en vías de desarrollo quedarán descolgadas al menos hasta 2024

Un guarda coloca una valla ante el recinto donde se celebra la reunión del FMI y el Banco Mundial, este lunes en Washington.
Un guarda coloca una valla ante el recinto donde se celebra la reunión del FMI y el Banco Mundial, este lunes en Washington.ALEX WONG (AFP)

El coronavirus ha acentuado la desigualdad global y el dispar acceso a las vacunas, acrecentado la brecha de la recuperación entre el mundo rico y los países en vías de desarrollo. Ningún país podrá superar solo la pandemia, máxime con la variante delta, sumamente contagiosa, aún rampante, por lo que la interdependencia y la colaboración entre las economías avanzadas y las emergentes es el único escenario seguro para, a modo de hoja de ruta, dejar atrás la crisis sanitaria, que confluye con otra de alcance desconocido, la climática y sus múltiples secuelas, entre ellas la inseguridad alimentaria.

El impacto de los sucesivos brotes del virus -en especial la actual oleada del tipo delta- en eslabones críticos de las cadenas de suministro mundiales ha provocado interrupciones más acusadas de lo esperado, que alimentan la inflación en muchos países y arrojan sombras sobre la recuperación. Estas son las principales conclusiones del informe Perspectivas Económicas Globales del Fondo Monetario Internacional (FMI), reunido en su sesión de otoño con el Banco Mundial, que ha sido presentado este martes en Washington. La economía mundial está entrando en una fase de riesgo inflacionario, ha advertido el Fondo, alertando a los bancos centrales para que extremen la atención y endurezcan la política monetaria si la presión sobre los precios persiste, aunque se espera que disminuya en la mayoría de los países en 2022.

La previsión de crecimiento global se ha ajustado a la mínima para 2021, pasando del 6% previsto el pasado mes de julio a un 5,9%. En EE UU la corrección ha sido de un punto, del 7% al 6% este año, frente a economías disparadas como la india, con un pronóstico del 9,5%, o la china, del 8%. Los países de ingresos medios y bajos quedan muy rezagados a la hora de recuperar la senda de expansión que tenían antes de la pandemia. Para 2022, la previsión de crecimiento global no cambia: el 4,9%. Pero es la divergencia entre los dos grandes bloques el principal motivo de preocupación de los expertos: mientras se espera que el grupo de economías fuertes recupere su trayectoria previa el año próximo, y la supere en casi un punto (0,9%) en 2024, los mercados emergentes y en vías de desarrollo, con la excepción de China, se mantendrán un 5,5% por debajo de la tendencia previa a la pandemia en 2024, lo que provocará un acusado frenazo en la mejora de sus condiciones de vida. Compaginar ese retroceso con la recomendación del FMI de invertir mayoritariamente en sanidad para superar la emergencia es una receta difícil de aplicar para las economías del furgón de cola.

La profunda brecha entre las dos realidades económicas -o un mundo a dos velocidades- es el resultado de lo que los expertos llaman la gran divisoria vacunal y la disparidad en las políticas de estímulo implementadas para mantener con vida la economía durante la emergencia sanitaria. Las cifras son elocuentes: mientras al menos el 60% de la población ha recibido la pauta completa de inmunización en los países de economías avanzadas, y a parte de ella se le ha administrado ya una dosis de refuerzo (en EE UU e Israel, entre otros), alrededor del 96% de los ciudadanos de los países con menos ingresos no ha recibido aún un pinchazo. Muchos emergentes, por su parte, están aparcando sus planes de estímulo a causa de condiciones de financiación más estrictas.

Como escribe la economista jefa del FMI, Gita Gopinath, en la introducción al informe, la de la recuperación de la pandemia es la historia de dos mundos, en la que las economías avanzadas son las únicas que retornarán a sus niveles prepandémicos el año próximo. La tendencia global muestra entretanto un retroceso del 2,3% con respecto a niveles previos, aunque los mercados emergentes y en vías de desarrollo, con la excepción de China (un 2,1% por debajo), presentan una cifra negativa del 5,5%, y los países con ingresos más bajos, casi un 7% inferior.

El desabastecimiento de componentes como los semiconductores, que está golpeando las cadenas de producción en sectores como la automoción, junto con el repunte de los precios de las materias primas, ha provocado un rápido aumento de la inflación en EE UU, Alemania y muchos países emergentes y en vías de desarrollo. La teoría de que se trata de un recalentamiento transitorio, como mero efecto rebote tras la contracción económica de la pandemia, goza de tantos partidarios como detractores. Pero el aumento de los precios de los alimentos se ha dejado notar especialmente en los países de menores ingresos, que son precisamente los más expuestos a la inseguridad alimentaria, lo que compromete la viabilidad económica de los hogares y acarrea el riesgo de una de las incontables revueltas del pan como las que periódicamente agitan a muchos países empobrecidos.

Deuda pública en máximos

Dado que ningún país -ni siquiera los más ricos- podrá salir por sí solo de la pandemia, subraya el informe, la solidaridad vacunal se impone para alcanzar el objetivo de inmunizar a al menos un 40% de la población mundial a finales de este año, y un 70% para mediados de 2022. Ello supone la donación de viales por parte del mundo rico al fondo global Covax, pero también una coordinación más fluida con los fabricantes para priorizar el suministro a corto plazo a la plataforma liderada por la ONU, así como la eliminación de las restricciones comerciales a la circulación de vacunas (patentes y aranceles). Además, el mundo desarrollado debe contribuir a cerrar la brecha de financiación de 20.000 millones de dólares (17.300 millones de euros) para pruebas diagnósticas, terapias e investigación. Lo que equivale, también, a incentivar la producción de vacunas en los países en vías de desarrollo a través de transferencia financiera y tecnológica. La gran brecha vacunal, bien por el fracaso en el reparto y distribución de vacunas como por las dudas acerca de su eficacia -aún muy perceptibles en países como EE UU-, podría reducir el PIB global acumulado en 5,3 billones de dólares (4,5 billones de euros) en un lustro.

El informe del FMI también dirige un claro mensaje a la próxima cumbre global del clima (COP26), que se celebrará en noviembre en Glasgow. La institución insta a un mayor compromiso para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, para lo que propone medidas tales como un precio base del carbón ajustado a las características del país -China y la India experimentan actualmente las consecuencias del precio libre- e inversión de las Administraciones en energías verdes. Y otro recado a las economías avanzadas: cumplir sus promesas de financiar con 100.000 millones de dólares (87.000 millones de euros) anuales la reconversión o transición energética de las rezagadas.

Con respecto a la deuda pública, en máximos tras año y medio de sostén y apoyo a economías exangües por la pandemia, la institución que preside Georgieva propone soluciones a medio plazo para hacerla sostenible y cita el ejemplo de la inyección de reservas por 650.000 millones de dólares (560.000 millones de euros), realizada mediante los derechos especiales de giro (DEG), esenciales para los países de ingresos bajos y medios. De nuevo, la situación de los países de bajos ingresos es la más preocupante: la deuda se disparó el 12% a un récord de 860.000 millones de dólares (750.000 millones euros) el año pasado, señala un informe del Banco Mundial hecho público este lunes.

Abordar este problema es urgente, recordó David Malpass, presidente del Banco Mundial, ya que a fin de año expira la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI), lanzada por el G-20 en abril de 2020, lo que permite a los Gobiernos diferir pagos de la deuda para centrarse en el combate de la pandemia. “El riesgo de que muchos de ellos salgan de la pandemia con un sobreendeudamiento que llevaría años gestionar es obvio”, avisó Malpass.

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