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OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Hazlo por la innovación

La capacidad e interés de una empresa para adoptar estrategias de alta productividad dirigidas a mejorar la competitividad dependerá de si sus rivales pueden competir a costa de bajos costes y precariedad.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.EFE

El debate sobre el aumento del SMI se está centrando equivocadamente en la presunta destrucción de empleo. Una cuestión reduccionista, que olvida muchos de los efectos económicos positivos que tiene dicho incremento, entre los que se encuentra su impacto en la innovación. Sin aumento salarial no habrá innovación.

La teoría económica clásica hace un pronóstico curiosamente distinto sobre la recuperación de empleos perdidos dependiendo de su causa. Por una parte, llama a la calma respecto de la destrucción producida por la tecnología, sosteniendo que nuevos trabajos aparecerán. No obstante, valoración distinta le merecen aquellos caídos por el aumento del SMI, cuyo destino parece que lo sitúa en un pozo negro del que nunca se recuperarán.

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La realidad es que ambos efectos son concatenados. Me explico: el incremento salarial empuja hacia la innovación (metodológica y tecnológica), lo que provocará un aumento de la productividad que, a su vez, y aunque eventualmente pueda destruir puestos en el corto plazo, acaba produciendo mejoras en el nivel general de empleo.

La causa por la que el aumento del salario incrementa la productividad es doble. De un lado, con salarios bajos, las empresas tienen pocos incentivos para invertir en tecnología y en formación del capital humano. Sale más a cuenta contratar más mano de obra para obtener la cantidad de producto que requieren, aunque por el camino baje la productividad de cada trabajador. De otro lado, un mercado de salarios bajos permite a las empresas ineficientes sobrevivir a costa de pagar menos a sus trabajadores. Lo que, en un efecto dominó, reduce a su vez los incentivos de terceras empresas de invertir en innovación, si no van a poder obtener los réditos consecuencia de la misma —aumentar su cuota de mercado— al tener que competir con empresas que pueden reducir los precios de sus productos no por ser eficientes o innovadoras, sino por pagar poco a su mano de obra.

Consecuentemente, es clave que los estándares laborales afecten a todas las empresas del sector por igual, dado que la capacidad e interés de una empresa para adoptar estrategias de alta productividad dirigidas a mejorar la competitividad dependerá de si sus rivales pueden competir a costa de bajos costes y precariedad.

En fin, para florecer la economía requiere de incrementos de productividad a cargo de mejoras de procesos, metodologías de trabajo y tecnología. Algo que no tendrán incentivos para hacer mientras puedan suplir la carencia de productividad con trabajadores baratos. Incrementar los salarios en nuestro país es un imperativo, no solo para mantener la dignidad y la capacidad de compra de los trabajadores, sino para incentivar la deseada innovación.

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