Unicaja-Liberbank, una fusión que ha costado tres años de negociaciones para crear el quinto banco español por tamaño

El nuevo banco arranca con el reto de aunar a los equipos gestores de las dos entidades e incrementar la rentabilidad en poco tiempo

Manuel Azuaga, presidente de Unicaja, y Manuel Menéndez, consejero delegado de Liberbank, en diciembre de 2020.
Manuel Azuaga, presidente de Unicaja, y Manuel Menéndez, consejero delegado de Liberbank, en diciembre de 2020.UNICAJA

Llegó el día. Tres años después de que Unicaja y Liberbank arrancaran los contactos para su posible fusión, este viernes hacen efectiva la operación. Las operaciones a fuego lento son la especialidad del banco malagueño, ya que tardó cuatro años en cerrar la absorción del Banco Ceiss (formado por la antigua Caja España y Caja Duero), un hito que logró en septiembre de 2018, hace ahora tres años.

Las fusiones han sido polémicas y cuestionadas por el mercado sobre su verdadera rentabilidad a largo plazo porque ninguno de los dos jugadores adquiridos son relevantes. Sin embargo, le han permitido a Unicaja dejar de ser un banco regional para convertirse en el quinto mayor de España con un volumen diferenciador de parte de sus competidores más cercanos (los procedentes de las antiguas cajas de ahorros), con 113.000 millones en activos. Ahora el reto es gestionar los dos equipos, con gestores que proceden de bancos diferentes, aunar intereses y, sobre todo, mejorar la rentabilidad, que no llega al 4%.

Este viernes se da el último paso con la inscripción de la escritura pública de fusión, firmada ya el pasado lunes, en el Registro Mercantil de Málaga, tras recibir la autorización de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC). La capital de la Costa del Sol será la sede de la nueva entidad, que mantendrá el nombre de esta última, Unicaja Banco.

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La nueva Unicaja tendrá algo más de 4,5 millones de clientes y presencia en el 80% del territorio nacional. En la imagen fija aparecen también 1.400 oficinas, una red de alrededor de 2.700 cajeros y 9.700 empleados pendientes de los más que probables ajustes. Su presidente será Manuel Azuaga —actual responsable de Unicaja— y Manuel Menéndez su consejero delegado, mismo puesto que ocupaba hasta hoy en Liberbank.

Objetivo: recortar costes

El director financiero de Unicaja, Pablo González, explicó este miércoles que “el principal catalizador de la fusión” ha sido la eficiencia en los costes. La idea, básicamente, ha sido reducirlos para mejorar la rentabilidad, un objetivo que está recibiendo una “presión sin precedentes” por los efectos de la pandemia, como subrayó hace meses Pedro Rivero, presidente de Liberbank.

Esta semana, ambas entidades han presentado su último balance por separado, ya que el próximo, el del tercer trimestre, será el primero conjunto. Las cifras reflejan que Unicaja obtuvo un beneficio de 70 millones de euros durante el primer semestre, periodo en el que Liberbank perdió 68 millones. Los accionistas de Liberbank recibirán una acción ordinaria de nueva emisión de Unicaja Banco por cada 2,7705 acciones, tal y como recoge el Proyecto Común de Fusión.

González también subrayó esta semana que la fusión requerirá “un ajuste de capacidad” que incluirá, con toda probabilidad, una reestructuración de la plantilla. Liberbank, de hecho, ha anunciado ya la salida de 730 empleados, lo que supondrá un ahorro anual de 40 millones de euros. Fuentes sindicales explican que se trata de excedencias pactadas compensadas que arrancaron ya hace cuatro años y que se renuevan anualmente salvo que una de las partes comunique lo contrario.

Despidos en la recámara

Si es la empresa, deberá comunicarlo el próximo noviembre, algo que los representantes de los trabajadores creen factible. “Creemos que no hay capacidad para quitar a más personas, Liberbank lleva años estrujando al máximo a la plantilla y cerrando oficinas para convertirlas en agencias”, subrayan las mismas fuentes, que quieren creer que no habrá salidas inmediatas. Eso sí, no lo descartan en absoluto en un plazo de dos o tres años. Otras fuentes sindicales opinan que la plantilla se reducirá entre 1.500 y 2.000 personas, aunque no hay datos oficiales.

La reestructuración costará unos 540 millones, de los que casi 400 irán destinados al cierre de oficinas y reducción de plantilla, según anunció Azuaga a finales del año pasado. Unicaja ha insistido en que las cifras se podrán ir conociendo después del verano, una vez comience la negociación con los sindicatos con la intención de alcanzar “el mayor acuerdo posible” entre las partes. “Nosotros sabemos que pasamos a ser trabajadores de Unicaja Banco. Y que probablemente nos citarán para septiembre para una mesa de negociación, poco más”, afirman desde el sindicato Comisiones Obreras en Asturias, donde también apuntan que se deberán unificar las condiciones laborales de ambas plantillas. Mientras tanto, las entidades están inmersas en un proceso de adelgazamiento mediante prejubilaciones que podría afectar a unas 200 personas en los próximos meses.

La negociación sindical será solo otro paso más en un proceso que no ha sido, precisamente, un camino de rosas. Y que arrancó en otro mundo, en un verano de 2018 sin pandemia. Entonces ambas entidades confirmaban el inicio de las conversaciones para una posible fusión. La alfombra roja parecía ya desplegada cuando en enero de 2019 se alcanzó un consenso que parecía no tener marcha atrás e incluso se dio la primera fecha de la unión: junio de aquel año. La primavera, sin embargo, trajo la ruptura.

En ese tiempo participaron en una larga partida de cartas que acabó con un órdago: Unicaja planteaba controlar el 60% de la entidad resultante y Liberbank no aceptó. Los directivos de unos y otros sabían que posponer el acuerdo podría ser negativo para los dos, alertadas también por el propio Banco de España, que advirtió sobre las dificultades que las entidades medianas tendrán en el futuro. Más de un año después, en el otoño de 2020, se daban una nueva oportunidad.

Un banco con más de 30 años de historia

A la segunda fue la vencida y el pasado mes de diciembre los consejos de administración tanto de Unicaja como de Liberbank aprobaron la fusión, que más tarde también refrendaron los accionistas. El peso de cada entidad en la resultante será de 59,5% para la malagueña y 40,5% para la asturiana. Ya solo faltaban dos autorizaciones. Primero, la de la CNMC que llegó a finales de junio, con la condición de revisar la situación en Cáceres debido a la alta concentración de sucursales de la nueva entidad.

Después la del Gobierno, que dio luz verde el 16 de julio en forma de resolución del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital. Se allanaba definitivamente el nacimiento de la quinta entidad bancaria en importancia de España tras Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell. Los especialistas no descartan nuevas fusiones en el futuro, pero reconocen que “cuanto más grandes son los bancos, más complicado es el proceso”.

Mientras tanto, la nueva Unicaja Banco mantendrá su sede en Málaga, donde ya estaba domiciliada tras la unión de las cajas de Cádiz, Ronda, Antequera, Málaga y Almería —que dieron lugar a Unicaja— hace tres décadas. La ciudad malagueña acogerá uno de los centros operativos y los otros dos estarán en Madrid y Oviedo. El banco será la referencia en seis comunidades autónomas: Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cantabria y Asturias y mantendrá, según han explicado en diferentes ocasiones desde Unicaja, su compromiso con las zonas rurales.

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