Las lecciones del profesor Draghi

El ex líder del BCE advierte que los actuales estímulos fiscales no bastarán para alcanzar una recuperación verdadera a niveles previos a la pandemia

El primer ministro italiano, Mario Draghi, interviene en la clausura de la tercera sesión de la XXXVI Reunión del Cercle d'Economia, a 18 de junio de 2021, en Barcelona, Cataluña, (España).
El primer ministro italiano, Mario Draghi, interviene en la clausura de la tercera sesión de la XXXVI Reunión del Cercle d'Economia, a 18 de junio de 2021, en Barcelona, Cataluña, (España).David Zorrakino / Europa Press

El primer ministro italiano, Mario Draghi, recibió ayer el primer premio del Cercle d’Economia a la “Construcción europea”. Un galardón que la entidad le había dispensado cuando aún no había pasado a la política: por su ingente labor al frente del Banco Central Europeo.

Draghi no defraudó a quienes aman la economía tanto, al menos, como la política. Introducido con precisión por el profesor José Manuel González Páramo, compartió la tesis de que las proyecciones económicas de España e Italia romperán techos. Y rompió tabúes sobre la política económica actual.

Frente a la extendida idea de que el cabo que la nave europea debe superar es el de la recuperación del nivel de la economía pre-crisis (PIB de 2019), defendió que el reto es aún mayor. Que se trata de alcanzar, al menos, el momento al que se habría llegado siguiendo la trayectoria desde 2019, sin la interrupción de 2020 y el inicio de 2021.

“Solo cuando recuperemos” ese nivel se podrá cantar victoria. “Pero no llegaremos a él sin estímulos adicionales”, es decir, sin mayor expansión presupuestaria (y monetaria), a nivel agregado (o coordinado) europeo, lo que podría dar pie al aumento de los 750.000 millones del programa Next Generation-EU.

Este planteamiento no es nada tecnocrático. Si gana adeptos, podría aplazar la vuelta a la consolidación fiscal, o sea, a las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad: tal cuales o, con mayor probabilidad, reformuladas de manera más inteligente y menos austeritaria.

Introdujo un añadido a esa tesis: que la recuperación “sea autosostenida”, es decir, sin interrupciones. “Y más equitativa, para afrontar los riesgos de los populismos”. Entre otras razones, porque se trata ahora de “convencer a los inversores”, con fundamento, “de que volveremos a la prudencia fiscal”.

El exbanquero central suscribió la constatación, muy extendida, de que la inflación, “después de años en niveles muy bajos” está creciendo coyunturalmente, por “efectos” de acontecimientos “temporales”. Y que el incremento subyacente (no incluye los energéticos) de los precios es inferior en la eurozona que en los EE UU.

Pero atención, hay riesgos que muchos olvidan. Porque algunos precios energéticos podrían crecer con los cambios económicos en marcha. Y porque el “desacoplamiento” EE UU-eurozona tampoco sería positivo, por sus efectos monetarios y en la competitividad.

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