Emprendedores

Financiadores de proyectos sostenibles

Alter5 pone de acuerdo a inversores con promotores de plantas de energía renovable para impulsar sus planes de negocio

Miguel Solana (izquierda) y Salvador Carrillo, fundadores de Alter5.
Miguel Solana (izquierda) y Salvador Carrillo, fundadores de Alter5.

Salvador Carrillo estudió para periodista, pero esquivó esa profesión sacrificada y hermosa porque en realidad quería emprender. “En 2004 tenía en la cabeza que el móvil iba a ser disruptivo”, cuenta al otro lado del teléfono. Montó Mobile Dreams, una compañía de estrategia digital que trabajó con grandes marcas como Inditex, Mapfre o Coca-Cola. “Con el dinero que ganamos creamos tres start-ups de comercio electrónico, dinero electrónico y publicidad digital que fueron vendidas respectivamente a Dia, Prosegur Cash y Affle. Al final, crear compañías me divertía más que la consultoría digital”. En el camino se encontró con el ingeniero industrial Miguel Solana, que llevaba más de 15 años trabajando en el sector financiero y que, tras pasar por el Banco Mundial y Telefónica, desempeñó varios cargos en la división encargada de financiar activos de energía renovable del Banco Santander. De modo que en 2019 decidieron montar Alter5, que definen como un marketplace institucional donde los promotores de parques eólicos o fotovoltaicos encuentran respaldo financiero.

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“Actualmente tenemos más de 50 inversores institucionales en la plataforma. Contamos con más de dos gigavatios de activos en diferentes fases de desarrollo”, explican. La mecánica de Alter5 es sencilla: cobra un porcentaje de la transacción en caso de intermediar una venta o una financiación. Lo realmente complejo es conseguir encajar todas las piezas en un negocio en ebullición que, pese a tener un riesgo relativamente bajo, no está libre de los excesos cometidos en el pasado, lo que explicaría la dificultad que están encontrando las salidas de empresas renovables a Bolsa.

“Por una parte vemos que hay mucho capital y por otra pensamos que hay que facilitar que ese capital invierta en activos sostenibles utilizando una plataforma digital que origina y valida esas oportunidades y crea productos financieros según los distintos perfiles de riesgo de los inversores”, explican los fundadores. No compiten con la banca, dicen, sino que la complementan. “Para llevar a cabo el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) hacen falta 180.000 millones de euros. A día de hoy los equipos de financiación de los bancos no dan abasto para analizar los proyectos que hay que financiar. Así que nosotros creamos estructuras flexibles, como un programa de bonos verdes certificados”, cuenta Carrillo. Solana completa la idea: “Los grandes bancos han sido muy buenos con los grandes promotores, pero a veces no llegan a los proyectos más pequeños, los que te lleva un cliente de una sucursal lejana”.

En julio esperan lanzar esa primera emisión: un bono verde de 30 millones de euros colocado en Luxemburgo por Bestinver Securities para financiar la construcción de nueve plantas renovables en España. Facilitan dinero no solo para levantar los parques. Ofrecen, por ejemplo, avales para que las empresas consigan puntos de conexión a la red eléctrica donde evacuar la energía; préstamos para personas que tienen terrenos donde instalar una planta y refinanciaciones.

“Cuando analizamos el proyecto nos sentamos con mucha gente del sector y les hicimos dos preguntas: cuál es el riesgo real de la construcción de un parque y cuándo deja de repagar la deuda”, cuenta Carrillo. Sobre ese esquema estudian cada oportunidad de manera individualizada. Pero ese viaje requiere de un compromiso de los promotores de los parques que no siempre encuentran. “A veces, pese a que los promotores tienen proyectos de ingeniería muy buenos, no son conscientes de los retos a los que se enfrentan, y eso automáticamente hace que un plan no sea financiable”. Para limitar los riesgos, les obligan a contratar ciertos servicios con una lista de empresas supervisadas por ellos.

También intermedian en varias ventas de activos que están en proceso de due diligence (auditoría) por valor de más de cien millones en España.

Con seis empleados, este año esperan cerrar con una facturación de más de un millón de euros. Serán los primeros ingresos tras casi tres años de trabajo. No se les escapa que hay un riesgo que está en la propia dinámica del mercado energético: hay dinero para cualquier activo que huela a sostenible. Incluso con financiaciones del 100% de los proyectos, con el peligro de que el operador no se vea concernido si las cosas salen mal. Frente a eso, defienden que su análisis “está sujeto a criterios que tienen sentido” y validado por un equipo de profesionales.

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