La luz impulsa los precios, pero el riesgo de que inflación se desboque es bajo: las claves del IPC

El aumento del coste de la vida en abril, del 2,2%, se explica por la carestía de electricidad y carburantes. La inflación subyacente, que arroja una imagen más fiel, cae al 0%

La central de ciclo combinado de Palos de la Frontera (Huelva), en una imagen de archivo.
La central de ciclo combinado de Palos de la Frontera (Huelva), en una imagen de archivo.

El efecto comparación amenaza con desvirtuar todas las magnitudes económicas en los próximos meses, y la inflación no es excepción. Los precios subieron en abril un 2,2% respecto al mismo mes de 2020, según la lectura preliminar que el INE ha publicado este jueves. Pero el dato encierra muchas lecturas, más allá de la más obvia: que sube el coste de la vida.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) repunta con fuerza, sí, al mayor ritmo en dos años y medio. Y lo más probable es que la escalada continúe en los próximos meses, a lomos del brutal encarecimiento de la electricidad y de un petróleo que ha dejado atrás el pozo en el que estaba sumido hace un año. Sin embargo, todos los economistas consultados esperan que este incremento de los precios sea coyuntural y abogan por centrar la mirada en la inflación subyacente, que está contenida y que es un termómetro de la situación real.

¿Es un dato más alto de lo esperado?

En el caso del índice general, sí. La división de análisis de CaixaBank, por ejemplo, esperaba un 1,6%, cuatro décimas menos. La subyacente —una métrica en la que no se tiene en cuenta de los componentes más volátiles, la energía y los alimentos no elaborados—, sin embargo, se ha quedado en el 0%, la cifra más baja en siete años y tres décimas inferior a la registrada en marzo. “Y esta última es la más importante, la que marca la tendencia. Es en la que hay que fijarse y se ha comportado bien, diría que incluso mejor de lo previsto”, valora Leopoldo Torralba, adjunto al economista jefe de Arcano Research. “La subyacente es la que nos habla de la posición cíclica de la economía”, remarca por teléfono el director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce.

¿Por qué la inflación general y la subyacente siguen caminos tan divergentes?

Sobre todo, por el encarecimiento de la energía en comparación con abril de 2020. “Este 2,2% de inflación es casi todo por la energía”, desliza Ángel Talavera, economista jefe para Europa de la consultora Oxford Economics. Los carburantes han regresado a los niveles precrisis y, según los últimos datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE), la electricidad ronda hoy los 65 euros por MWh en el mercado mayorista. Ese valor, en zona de máximos históricos, está incluso por encima de los niveles de enero pasado, cuando las nevadas causadas por el temporal Filomena dispararon la demanda y cortocircuitaron la oferta. Y es tres veces y media más alto que hace un año, en pleno confinamiento.

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¿Por qué ha subido la luz en abril?

“Sobre todo, porque está subiendo el precio del CO2″, responde Natalia Fabra, catedrática de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid especializada en temas energéticos. “Después de que Europa haya elevado la ambición de reducir las emisiones, se ha más que duplicado. En abril del año pasado una tonelada costaba, de media, 20 euros, y ahora estamos en 45. Esto sube el precio del mercado eléctrico minorista y mayorista”. A diferencia de en enero, con Filomena, el gas “no está especialmente caro” y el precio mayorista del mercado español, que luego se traspasa a la factura de la luz de los hogares y las empresas, está “en niveles rara vez vistos”.

Sin embargo, dice Fabra, la culpa no la tiene la UE por haber provocado un encarecimiento de los derechos de emisión. “Eso está bien; la aberración es que las centrales de ciclo combinado (gas), prácticamente las únicas que emiten CO2, son las que marcan el precio. El Gobierno tiene que decir algo al respecto: es un beneficio caído del cielo para las eléctricas”, critica.

Para los próximos meses, la economista cree que, partiendo de niveles tan altos, “los precios de la luz solo pueden bajar”. Pero avisa de que las tarifas para los hogares “seguirán siendo muy altas”. “Si no cambia la forma en que se determina el precio de la luz, la única salida que hay para que desciendan los precios es que la demanda caiga y suba el peso de las renovables” en el mix.

¿Y los carburantes?

Un litro de diésel cuesta hoy 1,18 euros de media en las gasolineras españolas, según el último boletín petrolero semanal de la Unión Europea. Son casi 20 céntimos más que hace un año, pero también ligeramente menos que semanas antes del primer estado de alarma. Lo mismo puede decirse de la gasolina. Aquí, la subida tiene que ver, por tanto, casi íntegramente con el efecto comparación con un abril de 2020 en el que la pandemia llevó el petróleo a zona de mínimos históricos y que llegó a deparar precios negativos en el mercado estadounidense.

El efecto sobre la inflación, sin embargo, parece temporal. Pocas casas de análisis creen que el crudo pueda volver a los niveles de hace una década, cuando volaba por encima de los 100 dólares por barril. Hoy, con el brent al filo de los 70, prácticamente todos los observadores ven el rango entre los 60 y 80 como el escenario más probable. Los combustibles, por tanto, pueden subir un poco más en los próximos meses. Pero su recorrido el alza parece corto.

¿Cómo afecta al bolsillo de los consumidores?

Como siempre que suben los precios, el reciente repunte de la inflación afecta negativamente al bolsillo de las familias. En especial, en un entorno en el que no se atisban —ni mucho menos— grandes subidas salariales en los próximos meses. “Las familias notan que determinados productos son más caros, eso es algo evidente”, apunta Rosa Duce, economista jefa de Deutsche Bank España. “Pero la realidad es que esto no supone un cambio en la pauta de consumo de los hogares siempre que esas subidas no sean permanentes, y nosotros no creemos que lo sean”.

¿Caerá, entonces, el poder adquisitivo este año?

Todo apunta a que sí, aunque moderadamente: lo más probable es que las revisiones salariales queden, en prácticamente todos los sectores, por debajo de la inflación general y que la capacidad de compra caiga. Pese a los ERTE y a que la recuperación económica ya está en marcha, el paro cerrará 2021 lejos los niveles precrisis —de hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI), cree que no lo hará hasta, como pronto 2027—, “y, en este escenario, los empleados no van a poder hacer grandes revisiones”, explica Torralba, de Arcano. “En todo caso, no creemos que la pérdida de poder adquisitivo vaya a ser grande”.

Duce también cree que “se puede dar una pérdida de poder adquisitivo” en 2021 pero que, en todo caso, será baja y que tendrá más que ver con unas subidas salariales que “seguirán siendo muy limitadas, no solo en España sino en todo el mundo, porque la situación del mercado de trabajo sigue siendo muy complicada” que con la escalada de los precios.

¿Se esperan nuevos incrementos de la inflación en los próximos meses?

Lo más probable es que sí. La media docena de analistas consultados cree que la tendencia ligeramente alcista seguirá, aunque por debajo en todo caso del 2% que se marca el Banco Central Europeo (BCE) como objetivo para su política monetaria. La economista jefa de Deutsche Bank España cree que “como mucho” la inflación cerrará 2021 en el 1,5%, “una subida muy baja si se tiene en cuenta el entorno de tipos de interés cero o directamente en negativo”. Y los analistas de Arcano Research apuntan a una subida de entre el 1,5% y el 2%, “todavía con un exceso importante de oferta de factores productivos”.

“Algunos meses en lo que queda de año vamos a tener tasas que pueden superar claramente el 2%. Están apareciendo algunos signos de leve presión inflacionaria, pero mientras la subyacente sea baja creemos que el efecto será bastante temporal”, zanja Arce, del Banco de España.

¿Hay riesgo de que los precios se desboquen?

Por ahora no. “Nada de inflación desbocada”, sentencia Arce. “Ni en España ni en Europa hay riesgos inflacionistas”, relata Duce. “La subida es temporal y tiene mucho que ver con el efecto base [comparación], que es desfavorable. A final de año, de hecho, esperamos que vuelva a bajar de nuevo”. Hasta que el paro “no se normalice en niveles prepandemia (14%) y los salarios suban”, completa Torralba, “no hay riesgo de una aceleración inflacionaria exagerada. Cuando desaparezca el efecto base [comparación], las subidas serán mucho menores. Ese es nuestro escenario central”.

“No tenemos ningún problema de inflación, ni en España ni en Europa, y lo normal es que volvamos a niveles del uno y pico en cuanto no tengamos factores que distorsionan la cifra”, sentencia Talavera, de Oxford Economics. “El dato de uno o dos meses pueden ser muy ruidosos, pero hay que mirar al largo plazo y ahí no hay fundamentos para esperar una gran subida. No hay que hacer lecturas alarmistas”.

¿Y de que el BCE tenga que dar marcha atrás en su política monetaria?

Ese escenario parece también parece muy lejano, por el bien de países como España, que necesita de la acción de Fráncfort para financiarse a tipos tan bajos como los actuales. Aunque en sus últimas previsiones, publicadas hace solo un mes y medio, el Eurobanco atisba una subida de precios este año ligeramente más alta (1,5%, cinco décimas más de lo previsto hasta entonces), el alza es transitoria. “Quienes llevan tiempo diciendo, de manera preconcebida, que hay que empezar a cambiar la política monetaria, hablarán más tras datos como el de hoy. Pero creo que el error de [Jean Claude] Trichet [que subió a destiempo el precio del dinero, abortando la recuperación europea tras la Gran Recesión] sigue muy grabado en la memoria y no se repetirá”, desliza Talavera.

“Las expectativas de largo plazo están bien ancladas. Y, especialmente en el caso de Europa —donde llevan demasiado tiempo por debajo del 2%—, si esto sirve para reanclar las expectativas de largo plazo es incluso positivo. Incluso si tuviésemos inflaciones ligeramente por encima del 2% varios meses seguidos hay que resistir la tentación de endurecer la política monetaria”, cierra el jefe de análisis económico del Banco de España.

Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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