Inversión financiera

Los jóvenes juegan a ser Warren Buffett antes de invertir

Las nuevas generaciones estudian las operaciones y buscan aprender a gestionar pequeñas cantidades de dinero en los mercados

Una mujer utiliza una máquina de bitcoins instalada en Barcelona.
Una mujer utiliza una máquina de bitcoins instalada en Barcelona.Cesc Maymo / Getty Images

Un tobogán de emociones. “Euforia cuando te va bien. Cuando ves cómo vas siendo capaz de identificar gráficos y tendencias te da una sensación de haber predicho el futuro y eso te da más subidón que el hecho mismo de ganar dinero. Decepción al perderlo, al comprobar que has dejado que las emociones te arrastren y te has dedicado a apostar y no a invertir con la cabeza”. También una cierta satisfacción y ganas de seguir adelante en el mundo de la inversión al darse cuenta de que va aprendiendo, aunque le quede mucho por hacer. Así resume Juan Carrasco, 19 años, estudiante de Economía y Finanzas en la Universidad Autónoma de Madrid, su experiencia inversora de los dos últimos meses. Es el tiempo que lleva comprando y vendiendo criptodivisas, uno de los activos financieros más de moda.

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Según el portal CoinMarketCap, especializado en información sobre las divisas digitales, que ya son más de 9.000, si a principios de 2021 el valor total de las criptodivisas se acercaba al billón de dólares, al cierre de marzo ya marcaba máximos históricos en torno a los 1,8 billones de dólares. En 24 horas se negocian, en promedio, más de 130.000 millones de dólares en este mercado virtual.

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A Jimena González, de 22 años y estudiante de Ingeniería Mecánica y Diseño Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid, le picó el gusanillo de la inversión hace dos o tres meses. A su alrededor había gente que lo hacía y decidió probar. Tras estudiar un gráfico del mercado de valores americano a 10 años, “saqué la conclusión de que casi tenía más riesgo no invertir que entrar en Bolsa. Si no pones a trabajar tu dinero, va perdiendo valor”, explica. Optó por el mercado americano: “El número de compañías y acciones es inmenso y las comisiones por operar son muy bajas”, añade. Y admite que al principio ganar fue fácil, pero también resultó que “perder aún lo era más”. De ahí que mientras se dedica a aprender para entender el mercado y ser capaz de lograr una rentabilidad consistente ha decidido poner sus ahorros en compañías tecnológicas que cree, son el futuro.

Carrasco y González son solo un ejemplo de los miles de personas, muchas de ellas jóvenes, que se han aventurado a ser inversores, sobre todo tras el estallido de la covid-19. Plataformas como Binance, Kraken, Coinbase, DeGiro, XTb, Plus500, eToro, Interactive Brokers, Bankinter, Renta4 y un largo etcétera han visto más que duplicar su número de nuevos clientes en los últimos meses, según reconocen.

Por casualidad es otro Juan Carrasco quien, como gerente de la consultora Bain & Company, señala que en los últimos años se ha democratizado el acceso a la inversión, “que ya no es algo propio únicamente de las rentas más altas asesoradas por expertos financieros”. La población en general y especialmente los jóvenes, “los nuevos jugadores del mercado”, están apostando claramente por incrementar su exposición a activos financieros debido a tres factores, según explica. Por un lado, poseen cada vez más conocimientos o información a bajo coste sobre cómo funcionan los mercados financieros. Por otro, la aparición de nuevos activos atractivos como las criptomonedas les permiten asumir mayores riesgos a cambio también de la posibilidad de mayores ganancias. Por último, el mobile first, es decir, la aparición de plataformas y aplicaciones de fácil acceso con pocos requerimientos para comenzar a operar.

Diego Fernández Elices, director general de inversiones de A&G, aplaude que más gente se acerque al mundo de la inversión, más si son jóvenes. Cree que en el futuro algunos de ellos pueden incluso llegar a ser “unos gestores profesionales estupendos: tienen interés, inquietud y la experiencia la irán adquiriendo poco a poco”. Con el tiempo, asegura, aportarán y enseñarán cosas a los mercados, pero, por ahora, “en muchas ocasiones, tienden a hacer inversiones de altísimo riesgo y acaban perdiendo dinero”. A su juicio, es todo un reto educacional ir formando a las nuevas generaciones de clientes para que entiendan cómo funciona el mercado. “La realidad del trader es mucho más complicada de lo que parece. Se trata de ver crecer los beneficios, pero también de evitar las pérdidas. En definitiva, de crear un proceso de inversión repetible en el tiempo siendo disciplinado”, añade.

Dennis Concepción, 26 años y ahora estudiante universitario de Economía después de haber desarrollado una actividad empresarial —”tenía un gimnasio que cerré hace un año al estallar la crisis del coronavirus”—, empezó hace unos años a tomar posiciones de empresas del Ibex 35 a través de una conocida gestora española. “Poco a poco lo fui dejando, buscando nuevas oportunidades, especialmente en el mercado americano”. Explica que tiene diseñada a medio y largo plazo una cartera de 10 compañías, de las que ha analizado su liquidez, deuda, perspectivas y flujos de fondos. Cada mes y medio, les asigna un porcentaje de esa cartera. Asegura que no le ha ido nada mal. En 2020, un año extraordinario por muchas razones pero también en los mercados por la inyección de liquidez que recibieron, obtuvo una rentabilidad cercana al 50%. En los años anteriores, “de media, fue del 4% o 5%”, reconoce.

No todo es de fiar

En internet la cantidad de información que se ofrece es infinita: miles de vídeos explicativos, resúmenes de libros, blogs, plataformas sociales tipo Reddit o Telegram, grupos de Twitter, youtubers e instagramers. Los tres jóvenes inversores admiten que todas son herramientas que les sirven para formarse, su objetivo final más allá de conseguir mayores o menores ingresos. No hay que olvidar que su patrimonio de inversión oscila entre 400 euros y 5.000 euros. El problema, explica Carrasco, es que “sí hay mucha información, pero poca sobre cómo hacer la selección de valores y poco análisis fundamental de calidad”. A esto hay que unir, según González, que si bien a menudo los foros te muestran experiencias y dan pistas sobre nuevas compañías, otras parecen invitaciones a tomar posiciones en las que solamente ganan unos pocos. Tiene claro que “es muy fácil que te engañen. Hay que coger mucha de la información que te dan con pinzas”. Concepción reconoce estar en muchos de estos foros “por ver” e incluso “para hacer lo contrario”: a su juicio se calientan valores para que la gente “pique”.

Javier Riaño, selector de producto del equipo de inversiones y analista de datos de Diaphanum, cree que los jóvenes tienen ahora una forma radicalmente distinta de entrar en los mercados de valores, pero les advierte: “Si se dejan llevar, incurrirán en riesgos desconocidos”. El análisis gráfico que muchas veces utilizan para tomar posiciones, dice, “no es más que una consecuencia, jamás una causa, de lo que sucede”. Riaño defiende la importancia del análisis fundamental de las compañías para “evitar caer en burbujas”, lo mismo que en la necesidad del espíritu crítico con las informaciones que inundan el mercado.

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