la crisis del coronavirus

China logra crecer un 2,3% en el año de la pandemia

El gigante asiático es la única gran economía que se mantendrá en territorio positivo, impulsado por su eficaz gestión de la crisis del coronavirus

Mercado de verduras de Pekín, el viernes 15 de enero.
Mercado de verduras de Pekín, el viernes 15 de enero.TINGSHU WANG / Reuters

China creció un 6,5% en el último trimestre de 2020, lo que completa la serie con una marca anual de 2,3%. A la luz de los datos publicados en la mañana del lunes por la Oficina Nacional de Estadística (NBS, de acuerdo a sus siglas en inglés) el PIB del gigante asiático puede verse como el vaso: medio vacío o medio lleno. Registrando su resultado más bajo en casi medio siglo o siendo la única gran economía que se mantiene en territorio positivo a pesar de la crisis sanitaria.

El país no avanzaba tan despacio desde 1976. En aquel año aciago, a los estertores de la Revolución Cultural se sumó la muerte de Mao Zedong, la de su primer ministro Zhou Enlai y la de otro cuarto de millón de personas más –cifras extraoficiales elevan el recuento hasta 750.000– a causa del devastador terremoto de Tangshan. La economía se contrajo un 1,6% y su vertiginoso desarrollo se ha mantenido inalterable desde entonces.

Ante el contexto pandémico, no obstante, la lectura optimista se impone. China ha logrado dar la vuelta a un año que comenzó con el virus amenazando con convertirse en su particular Chernóbil. Tras un desplome histórico del 6,8% en el primer trimestre, escapó de la recesión y ha ido acelerando con un repunte del 3,2% en el segundo y del 4,9% en el tercero. Tanto es así que ya se expande más rápido que antes del desastre: el cuarto trimestre de 2019 registró un 6% frente al 6,5% actual.

“Está previsto que China se convierta en la única gran economía del mundo que obtenga un crecimiento positivo a lo largo del año”, ha celebrado Ning Jizhe, director del NBS, al tiempo que aseguraba que el PIB “ha recuperado su nivel normal”. El resultado es también superior al 2,1% que pronosticaba la encuesta de expertos de Bloomberg. Estimaciones recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntaban que China seguirá ganando terreno, elevando su ritmo hasta el 7,9% en 2021.

El organismo internacional publicó hace dos semanas el artículo IV dedicado al gigante asiático, documento anual por el que evalúa la situación de sus países miembros. En él, el FMI apuntaba que “las reformas estructurales han avanzado a pesar de la pandemia, aunque no de manera uniforme”. El texto alababa la apertura del sector financiero al tiempo que señalaba que “el progreso en la reforma del sector inmobiliario ha sido lento, en particular en el área de las empresas estatales y la neutralidad competitiva con firmas privadas”. De cara al futuro, “las políticas fiscales, monetarias y estructurales deben aspirar a fortalecer la demanda privada” para paliar un “crecimiento todavía desequilibrado”.

Una recuperación incompleta

Los guarismos de hoy se basan en una mayor producción industrial, beneficiada por el apoyo estatal, la cual repuntó un 7,1% entre octubre y diciembre frente al 5,8% del periodo anterior. Esta métrica cierra 2020 con un incremento del 2,8%, un marcado declive con respecto al 5,7% de 2019.

La recuperación, sin embargo, todavía cojea por la pata del consumo. Las ventas al por menor avanzaron un 4,6% en el último trimestre de 2020, pero el cómputo anual refleja una significativa caída del 3,9% con respecto a 2019, cuando aumentaron un 8%. “Los resultados son, por supuesto, positivos; aunque considero importante incidir en su naturaleza desequilibrada. La demanda familiar, por ejemplo, aún no se ha repuesto”, apunta Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia de Natixis.

“China necesita repensar sus estímulos fiscales para respaldar los ingresos domésticos”, continúa. “El crecimiento procede en gran medida del sector inmobiliario, lo que creará un exceso de capacidad adicional, a no ser que los hogares reciban un impulso”. En años recientes el Gobierno ha apostado por reducir los riesgos fiscales, lo que ante esta crisis se ha traducido en una política de estímulos más conservadora que las de la Unión Europea, Estados Unidos o Japón.

La clave de la buena marcha de la economía china es, por encima de todo, su eficaz gestión del virus, que ha permitido que la normalidad prosiga con interrupciones mínimas. Pese a la exhaustiva acción pública, China atraviesa estos días uno de sus rebrotes más virulentos, localizado en la provincia de Hebei, que rodea a la capital, Pekín. Allí registró la semana pasada su primera víctima mortal por covid desde mayo. 718 casos permanecen activos y las autoridades han ordenado el confinamiento de 23 millones de personas.

Todo ello ha provocado que varias provincias hayan conminado a sus habitantes a no viajar durante las vacaciones de año nuevo lunar, que se celebran a mediados de febrero. Con motivo de esta festividad, que tampoco pudo celebrarse con normalidad en 2020, es costumbre visitar a familiares o hacer turismo en el extranjero, lo que representa la mayor migración humana con 3.000 millones de desplazamientos. La posibilidad de nuevas restricciones a la movilidad amenaza con lastrar el restablecimiento del consumo. “Las dinámicas cambiantes de la pandemia y el entorno exterior suponen una multitud de incertidumbres”, ha reconocido Ning.

Otro pilar de la recuperación reside en el excelente desempeño del sector exterior. Según datos oficiales publicados la semana pasada, las exportaciones crecieron en diciembre un 18,1%, lo que resulta en un superávit comercial de 535.000 millones dólares (443.000 millones de euros), el mayor en un lustro. “Demasiado grande para las actuales tensiones geopolíticas”, en opinión de García-Herrero. El sector financiero también ha contribuido: el yuan ha superado la barrera del 6,5 frente al dólar por primera vez desde 2018 y las Bolsas han alcanzado cuotas de capitalización nunca vistas desde la crisis global de 2008.

El desempleo también ha caído al 4,7%, comparado con el 5,5% de un año atrás. Durante su reunión anual celebrada en esta ocasión en junio, el aparato legislativo chino optó por no fijar un objetivo de PIB, como acostumbra, para consagrar en su lugar el empleo como prioridad máxima de la acción gubernamental. El propósito pasaba por crear nueve millones de nuevos puestos de trabajo urbanos este año: los datos publicados hoy reflejan que se alcanzaron los 11,8 millones. “Los principales objetivos de desarrollo social y económico se han cumplido mejor de lo esperado”, ha sentenciado el portavoz oficial. A ojos del Partido está, sin duda, más que medio lleno.

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