Moneda electrónica

El bitcoin pulveriza sus máximos históricos por encima de 23.000 dólares

La criptomoneda alcanza cotas nunca antes vistas gracias a la entrada de inversores institucionales

Un hombre junto a una pantalla con la cotización del bitcoin en 2018 en una conferencia en Nueva York sobre blockchain.
Un hombre junto a una pantalla con la cotización del bitcoin en 2018 en una conferencia en Nueva York sobre blockchain.Mike Segar / Reuters

Sus más fervientes defensores aseguran que el bitcoin es el nuevo oro. Un valor refugio en tiempos de turbulencias. Sea o no cierto, la moneda virtual está de vuelta. Su precio ha pulverizado los máximos históricos de diciembre de 2017 catapultándose este jueves por encima de los 23.000 dólares, un rally de fin de año que va a convertir 2020 en un ejercicio extremadamente rentable para sus inversores, gracias a una escalada de más del 400% desde los mínimos de marzo, cuando rondó los 3.600 dólares y todo hacía indicar que no sería inmune a la pandemia.

Frecuentemente estigmatizada bajo la sospecha de la burbuja, apegada a una volatilidad de vértigo donde no son extraños movimientos al alza o a la baja superiores al 10% en un solo día —mucho menos habituales en otros productos de inversión—, el acelerón parece contar esta vez con argumentos más sólidos. “No es como la subida de 2017, en los últimos dos meses ha habido muchas noticias positivas”, defiende Raúl Marcos, experto en criptomonedas y CEO de carbono.com.

Esas buenas nuevas se resumen en tres: cada vez más inversores institucionales parecen haber perdido el miedo a llenar su cartera de bitcoins, la pasarela de pagos PayPal ha anunciado que permitirá el uso de criptodivisas en su plataforma, y bancos como la filial suiza del BBVA autorizarán los depósitos y transacciones de criptomonedas a partir del 1 de enero, un paso que, a cuentagotas, estudian seguir otras entidades.

Raúl Marcos cree que la pandemia no solo no ha afectado a su valor, sino que en un entorno de caída de las Bolsas, aplazamiento de operaciones inmobiliarias, aumento de la liquidez, y falta de opciones de inversión rentables, ha sido positiva. “Mientras los bancos tenían dificultades, las transacciones con criptomonedas no han parado, y con los estímulos fiscales para hacer frente a la pandemia, el bitcoin ha surgido como alternativa defensiva frente a una futura inflación”, opina.

Uno de los mayores ejemplos de la entrada de dinero nuevo lo ha protagonizado la firma de software MicroStrategy. En agosto y septiembre compró 425 millones de dólares en bitcoins (casi 350 millones de euros). Y la semana pasada recaudó otros 650 millones de dólares (530 millones de euros) en una emisión de bonos que pretende destinar a seguir adquiriendo la criptomoneda. A su consejero delegado, Michael Saylor, le gusta comparar el bitcoin con la estrella de Los Ángeles Lakers Lebron James. “Ya jugaba al baloncesto cuando tenía entre 9 y 18 años, y aunque tenía mucho talento, era errático e inconsistente. Luego creció, y de los 18 a los 28 años destruyó a todos sus oponentes”.

El símil, cargado de esa retórica visionaria que en ocasiones emplean los que ven en la criptomoneda una apuesta segura, le sirve para defender que el bitcoin ha llegado a edad adulta cuando está a punto de cumplir su 12 aniversario. En ese tiempo, su vertiginoso progreso ha sido recurrentemente comparado con la fiebre especulativa por los tulipanes holandeses en el siglo XVII, y no han faltado advertencias en su contra por parte de Gobiernos, pesos pesados de Wall Street, bancos centrales o prestigiosos profesores universitarios, pero esas voces parecen haber enmudecido en los últimos meses, en medio de una oleada de movimientos favorables.

S&P Dow Jones ha anunciado que lanzará en 2021 un índice con las 550 criptomonedas más negociadas. E incluso JP Morgan, el mayor banco de EE UU, ha dado un giro de 180 grados en su enfoque, tras las acusaciones de fraude lanzadas por su consejero delegado, Jamie Dimon, en 2017. “El potencial alcista a largo plazo es considerable si compite más intensamente con el oro como alternativa”, decía una nota de sus analistas en octubre.

La semana pasada, la entidad fue mucho más allá, y volvió a alimentar las expectativas tras conocerse que el brazo inversor de la firma de seguros Massachusetts Mutual Life invirtió 100 millones de dólares en bitcoins. Calculó que si la fiebre continúa y los fondos de pensiones y las firmas aseguradoras de EE UU, la UE, Japón y el Reino Unido colocaran solo un 1% de sus fondos en bitcoins, estos tienen potencial para absorber 600.000 millones de dólares adicionales. Gasolina nueva para un fuego que no hace sino crecer.

¿Estamos ante la normalización definitiva del bitcoin? Si no es así, al menos el ascenso de más de su precio en más de un 170% este año ha acallado los peores augurios de aquellos, como el profesor de la Universidad de Harvard Kenneth Rogoff, que anunciaban su colapso y le otorgaban un precio real cercano a cero. Su historial, con el enorme desplome de 2017 en la memoria, es la mayor advertencia contra los que se suben al carro. Pero por ahora la fiesta continúa. Y la música sigue sonando invulnerable a riesgos como los bandazos de su precio, la amenaza de fraudes, su dependencia tecnológica o la posibilidad de una intervención más decidida por parte de los gobiernos para su regulación.

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