ENERGÍAS RENOVABLES

La revolución de los tejados toma impulso

Crece el interés de las comunidades de propietarios de España por el autoconsumo compartido

Proyecto de autoconsumo compartido de Ecooo en un edificio de viviendas en Lavapiés (Madrid).
Proyecto de autoconsumo compartido de Ecooo en un edificio de viviendas en Lavapiés (Madrid).

La revolución de los tejados acelera el paso. El interés de los propietarios de viviendas por el autoconsumo energético coge ritmo. El revolcón de la pandemia, con la que tantos ciudadanos se han replanteado la salubridad y la eficiencia energética de sus casas, ha tenido mucho que ver. “El sector fotovoltaico doméstico está creciendo por encima de nuestras expectativas y este año se superarán los 50 megavatios de 2019”, dice José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF). La mayoría de estas nuevas instalaciones está en chalés. La penetración en comunidades de propietarios es pequeña, entre otras cosas porque su regulación es muy reciente, de abril de 2019.

Más que el número, lo importante es que cada vez más vecinos se acercan al autoconsumo colectivo, ese que permite a un bloque entero o a una macrourbanización producir y consumir su propia energía instalando en su tejado paneles solares fotovoltaicos. “Interés existe mucho y no solo por el ahorro económico, sino también por la mejora del medio ambiente. El interés se pone de manifiesto en que gran cantidad de comunidades de propietarios solicitan presupuestos”, asegura Salvador Díez, presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas.

A los comuneros les atrae el hecho de convertirse en productores de energía y ahorrar entre un 25% y 40% en el recibo de la luz. Además, reciben una compensación —en forma de descuento en la factura— por los excedentes de la energía generada que no consumen y vierten a la red. Con los ahorros conseguidos, las plantas se amortizan en unos pocos años y si el municipio aplica desgravación en el impuesto de bienes inmuebles (IBI) el plazo se mueve entre tres y cinco años. Los vecinos con dificultades económicas —tras la pandemia son más— ni siquiera tienen que hacer el desembolso, ya que muchas compañías ofrecen hacerse cargo de todas las inversiones. En estos casos, su remuneración proviene de los ahorros generados (una vez pagada la instalación, se abona solo la cuota de mantenimiento).

Las compañías dan cuenta del creciente interés por estas instalaciones colectivas, un campo en el que fue pionero Holaluz al montar la primera en Rubí (Barcelona) en 2018. “Desde septiembre se han incrementado un 40% las peticiones de presupuestos y consultas de comunidades de propietarios”, apunta Aurora Blanco, responsable del departamento de Comunidad de Ecooo. “En 2021, tenemos previsto que el 40% de nuestras instalaciones estén en edificios de viviendas”, asevera Carlos Menéndez, director de Producto de EDP Solar, que ofrece paquetes personalizados a las comunidades de propietarios. El mercado es gigante, ya que el 75% de la población vive en plurifamiliares. “Tenemos que hacer una labor de divulgación y formación hasta que consigamos que tener estas instalaciones sea como tener una lavadora”, confía Menéndez. En Feníe Energía tienen en cartera 30 proyectos presupuestados de autoconsumo colectivo y están terminando su primera instalación en la provincia de Huesca, que va a dar servicio a cuatro viviendas y a un local comercial en el que se ubica una empresa.

Cuello de botella

Las compañías, que también ofrecen monitorización y mantenimiento, han hecho propuestas en miles de comunidades de propietarios. “Hemos presentado más de 1.300 proyectos en la Comunidad de Madrid”, comenta Emilio de Andrés Bárcenas, socio director de E4e Soluciones. Aunque ninguna de estas empresas esconde que quedan aristas por limar que dilatan e, incluso, hacen peligrar los proyectos. Hay que contar con el respaldo de un tercio de los propietarios. “Es complejo, hay flecos por cerrar como modificar la Ley de Propiedad Horizontal para favorecer y simplificar la aprobación de los proyectos”, apunta Donoso. Otra barrera, aunque puntual, es la imposibilidad de celebrar juntas por la pandemia. “Sin olvidar que en ocasiones se plantean complejidades técnicas a la hora de replantear la instalación, como tejados mal orientados o en mal estado, sombras de los edificios colindantes...Debido a esto, el desarrollo de estas propuestas va despacio, pero a buen ritmo”, indican en Feníe Energía. Aunque el verdadero cuello de botella es “el marco legal contractual y administrativo para la instalación”, señala Bárcenas.

Con esta burocracia se ha topado Iberdrola con el primer gran proyecto de autoconsumo colectivo en Madrid y el primero de la eléctrica en España. Se trata de una instalación de 20 kW con 60 paneles fotovoltaicos en la terraza de un edificio de 31 propietarios en la calle Fernán González (Madrid). Los trámites comenzaron en diciembre de 2019 y empezará a funcionar en unos días. “El problema es que cada uno de los vecinos ha tenido que firmar una solicitud de participación en el proyecto y eso ha costado mucho. Hemos propuesto a Industria que se simplifique y que baste con la firma de un representante de la comunidad”, dice Luis Gutiérrez, responsable de Smart Solar España de Iberdrola. Algo importante cuando comiencen a llegar proyectos en urbanizaciones de cientos de vecinos. El coste de la planta ha sido de 20.000 euros y el ahorro energético mínimo alcanzará el 25% (el 35% si los vecinos se acogen a una tarifa solar, pensada para autoconsumidores). “Este tipo de instalaciones pequeñas se aprovechan mucho, el grado de uso de la planta es del 80%”, comenta David Palacios, jefe de Producto de Autoconsumo Colectivo de Iberdrola. Los propietarios han optado por asumir la inversión, lo que les garantiza bonificaciones en el IBI, aunque la energética también da la opción de financiar la instalación.

A la espera de ver los primeros ahorros en la factura de la luz —en funcionamiento desde febrero pero sigue en tramitación— están los tres vecinos que se han acogido al autoconsumo colectivo en un edificio de viviendas de Lavapiés, también en Madrid. Está capitaneado por Ecooo, una empresa sin ánimo de lucro fundada en 2005 que va a comenzar otros dos proyectos en breve y que se encarga del mantenimiento de la planta durante 25 años. De los ocho vecinos, solo tres han decidido convertirse en autoconsumidores. “Lo contratamos a principios de año, antes de la pandemia, era algo muy deseado y aunque el resto de propietarios no hace uso de la instalación sí nos han dado permiso”, dice Lurdes Fernández, profesora de yoga y terapeuta ayurvédica de 61 años, que vive en esa finca desde 2002. Lurdes ha pagado el 20% de la instalación, unos 2.500 euros — el 80% restante entre los otros dos— y dice haber “cambiado los hábitos” porque la planta “será más rentable cuando consumes en las horas en las que produces”. El ahorro “va a depender de lo exigente que sea yo en consumir en las horas de sol”.

Cuando hay excedentes de producción se vuelca a la red y la compañía energética lo compensa con descuentos en la factura. Pero “sale más a cuenta consumirlo uno mismo, porque lo que retribuyen es en torno a un tercio de lo que cuesta la energía”, explica Aurora Blanco. “Nunca puedes enriquecerte vendiendo esa energía porque ahorras a un precio mayor que el precio al que vendes”, apunta el socio director de E4e Soluciones. Esta empresa, que ofrece proyectos llave en mano, tiene dos plantas aprobadas en fincas de entre 16 y 20 vecinos en Madrid, con ahorros energéticos estimados del 25% al 28%. Ofrece financiación hasta 15 años y garantiza la producción por contrato, es decir, los kilovatios/hora que va a producir esa planta cada año. “Si no se genera abonamos la diferencia”, dice Bárcenas.

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