La pandemia amenaza la movilidad laboral

El traslado de ocupados y parados dio un acelerón antes de que llegara el coronavirus y marcó máximos en una década

Varios pasajeros se disponen a coger un tren en Alcorcón, Madrid.
Varios pasajeros se disponen a coger un tren en Alcorcón, Madrid.Eduardo Parra (Europa Press)

La movilidad laboral dio un acelerón antes de que llegara el coronavirus. Los datos publicados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que se refieren al primer trimestre de 2020, reflejan que el 2,8% de los ocupados se mudó a otro municipio en el último año, la cifra más alta desde 2011. En el caso de los desempleados el porcentaje es aún más mayor: el 4,7%, el más elevado en una década. La pandemia y los confinamientos amenazan con frenar la tendencia, pero el impulso al teletrabajo podría dar un nuevo empujón una vez pase lo peor de la crisis.

El INE publica con periodicidad anual la Estadística de Movilidad Laboral y Geográfica, que toma como referencia los primeros tres meses de cada año. “Lo que hace es cruzar los datos de la EPA [Encuesta de Población Activa] con el patrón municipal”, desglosa Valentín Bote, director de Randstad Research: “Cuando observamos estos movimientos hay que entender las causas por dos bloques de factores, y el primero es, obviamente, laboral: cuando se generan más oportunidades, la economía crece, aumenta la contratación y hay vacantes por cubrir, surge la necesidad de emparejar oferta y demanda, y no siempre esto ocurre en el mismo municipio”.

Un patrón que se nota más en el caso de los desempleados: el punto más bajo en la movilidad de este colectivo se tocó en 2013, año en el cual la economía volvió a crecer tras la crisis financiera de 2008. A partir de ahí —aunque con altibajos— fue incrementándose. En el primer trimestre de 2020, un 4,7% de los parados (equivalente a unas 156.000 personas) habían cambiado de residencia en los últimos 12 meses, la cifra relativa más alta en una década.

La disposición a moverse de los desempleados suele ser más alta que la de los ocupados —un 2,8% en el último año—, sobre todo si estos últimos cuentan con un contrato indefinido. El mismo discurso vale para trabajadores jóvenes, con poca antigüedad, temporales y extranjeros. En todos estos casos, la movilidad fue superior a la de los ocupados.

Bote añade que hay una segunda batería de elementos que explican el traslado, y que no tienen naturaleza laboral. “El precio de la vivienda, por ejemplo, o la mejora de las comunicaciones; si abre una línea de cercanías o un nuevo tramo de una autovía puede que las personas se planteen vivir en un lugar diferente”. Por ello, no sorprende que el grueso de los traslados se materialice dentro de una misma provincia, tanto en el caso de los ocupados como de los parados.

“También hay cada vez más población extranjera, que tiene menos problemas en moverse, y hay variaciones en función de territorios y sectores”, añade Javier Blasco, director del Adecco Group. “Actividades como la agricultura o la construcción tienen más movilidad, así como las zonas insulares o próximas a las grandes urbes”. Una tendencia que también refleja la última estadística de la Agencia Tributaria sobre movilidad de los asalariados, relativa a 2018: Madrid y Cataluña son las autonomías con el mejor saldo migratorio.

Según los datos del INE publicados este viernes, La Rioja (3,7%), Canarias (3,6%) y las Islas Baleares (3,5%) son las regiones con mayor movilidad geográfica de los ocupados en el último año, seguidas por Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid y Castilla-La Mancha. En el otro extremo se encuentran Extremadura, Andalucía y Asturias.

“Pero hay también un número importante de personas que no se mueve de su municipio”, matiza Blasco. Más de un tercio del total, según el INE, sigue viviendo el mismo lugar donde nació. “En esto influye mucho el elevado número de vivienda en propiedad, que ancla a la gente. Pero es también un tema cultural: en España la movilidad geográfica históricamente ha tenido poco éxito, aunque la tendencia va cambiando”.

Crisis sanitaria

La pandemia y las restricciones a la movilidad impuestas para frenar los contagios, que ahora viven una segunda ola, supondrán un freno al traslado de trabajadores durante este año. “Cuando salga el próximo indicador de movilidad del INE [que recogerá el impacto de la pandemia], seguramente se habrá reducido muchísimo”, vaticina Florentino Felgueroso, profesor de Economía en la Universidad de Oviedo e investigador de Fedea. Y no solo por los confinamientos. “La economía ha caído y se han congelado las contrataciones”, zanja.

Pero a la vez las restricciones forzadas han dado un acelerón a la digitalización y a la implantación del teletrabajo, una modalidad laboral que se ha multiplicado por tres durante la emergencia sanitaria —de unas 950.000 personas a finales de 2019 a más de tres millones durante el confinamiento, según Randstad— y que el Gobierno acaba de regular por decreto.

Bote explica que las estimaciones varían según la fuente, pero que entre el 20% y el 25% de los trabajadores en España podría trabajar de manera regular en remoto. “Esto no significa que lo acaben haciendo todos los días, sino que su trabajo se lo permite”, aclara.

Esta es una de las grandes preguntas que se contestarán una vez pase lo peor de la crisis sanitaria: en qué medida acabará implantándose el trabajo en remoto. “El teletrabajo será un gran reto y un factor clave en el futuro”, redobla Blasco. Pero también hay otra cara de la moneda: todavía hay mucha incertidumbre sobre la llegada de la recuperación y su intensidad. “Habrá quien tenga que reinventarse, porque no van a encontrar trabajo de lo suyo, y esto también podría influir en la movilidad”.

Un termómetro que mide la economía

Florentino Felgueroso, profesor de Economía en la Universidad de Oviedo, explica que existe una relación directa entre economía y movilidad: cuanto mejor va el país más movimiento de trabajadores hay y viceversa. “La gente se mueve no solo porque no tiene empleo, sino porque normalmente tiene una mejor oportunidad en otro sitio. Por ello, la movilidad es un buen síntoma de que la economía va bien”, resume. “Sin embargo es un fenómeno complejo en el que influyen muchos factores, no solo macroeconómicos, como por ejemplo la edad o motivos personales”, matiza. “Pero si no hay movilidad significa que las cosas van mal en general”.

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Sobre la firma

Laura Delle Femmine

Es redactora en la sección de Economía de EL PAÍS y está especializada en Hacienda. Es licenciada en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Trieste (Italia), Máster de Periodismo de EL PAÍS y Especialista en Información Económica por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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