Pagarés sin mucho ‘sex appeal’

El mercado de deuda corporativa a corto plazo recobra el pulso tras la pandemia, pero el pequeño ahorrador no puede acceder a él y el inversor profesional ve riesgos

Bolsa de Madrid.
Bolsa de Madrid.Pablo Blazquez Dominguez / Getty Images

El terremoto originado por la crisis de la covid-19 afectó a todos los mercados y el de pagarés no fue una excepción. Estas emisiones son la forma en que grandes y medianas compañías logran financiarse a corto plazo, con un máximo de 18 meses. Se parecen mucho a las letras del Tesoro porque la rentabilidad se obtiene cuando el pagaré llega al final de su vida y es con las letras con quien se compara el tipo de interés que ofrecen a los ahorradores. Son activos para cubrir los gastos corrientes de las compañías y favorecer esa liquidez tan necesaria en estos momentos.

El año comenzó bien para los pagarés de empresa con emisiones en enero de 975 millones de euros, pero en marzo todo se dio la vuelta con la pandemia. Las emisiones cayeron a 686 millones y tocaron su mínimo en abril con 316 millones. Como indica Ignacio Victoriano, responsable de renta fija en Renta 4 Gestora, “el mercado se secó y las empresas tenían serios problemas para renovar sus emisiones, pero ha mejorado en mayo gracias a las garantías que ofrecía el Estado para estos activos a través del ICO”.

Efectivamente, en mayo las emisiones se recuperaron hasta los 715 millones. Y tanto el ICO como el BCE han sido responsables de esta mejoría. Así lo explica Gonzalo Gómez Retuerto, director general de BME Renta Fija. “Hemos tenido una reacción rápida de apoyo al mercado por parte del Gobierno y del BCE. El mercado ha funcionado bien, permitiendo refinanciar las emisiones y se han pagado todos los intereses religiosamente”, indica.

El pasado mes de abril, el organismo que preside Christine Lagarde decidía incluir a los pagarés de empresa (commercial paper) en su extenso programa de compra de activos públicos y privados. En ese mismo mes, el ICO respaldaba las compras de estos pagarés con una garantía del 70% sobre su valor en caso de que la compañía quebrase y además se ponía manos a la obra para adquirir emisiones. En total, el ICO se gastó el pasado mayo 210 millones de euros en comprar pagarés, tal como indica Gómez Retuerto.

Pero aquí no termina el apoyo a la liquidez empresarial vía pagarés de empresa. Existe un programa de avales que aún no está operativo por valor de 4.000 millones de euros para aquellos activos cotizados en los dos principales mercados de pagarés —AIAF y MARF— y que va dirigido a empresas no financieras domiciliadas en España que no estén en situación de concurso de acreedores y que ya hubiesen emitido pagarés a fecha del pasado 23 de abril.

Desde el punto de vista del inversor particular, el mercado de pagarés está vedado. Va dirigido a inversores cualificados (fondos de inversión, pensiones, aseguradoras…), por lo que un particular no puede adquirir un pagaré. En el caso de las grandes compañías, que cotizan en el mercado AIAF, el límite también lo marca el valor del pagaré, que suele ser de 100.000 euros. En cuanto a las emisiones de medianas o pequeñas empresas que se dan cita en el MARF, se trata de un mercado autorregulado por BME y se impide la compraventa a minoristas.

Eso sí, aquellos inversores que tengan fondos de renta fija y, sobre todo, los denominados como monetarios, pueden ser compradores indirectos de pagarés si los gestores de sus fondos han decidido adquirir estos activos. Su principal ventaja reside en que, al tratarse de plazos muy cortos (de 3 a 18 meses), el riesgo teóricamente es menor en cuanto a la posibilidad de impago de la empresa. Además, el precio de estos activos oscila muy poco frente a los bonos, por lo que, si vienen mal dadas, no suelen sufrir depreciaciones del valor del pagaré. El inversor tendrá que conformarse con el tipo de interés anunciado en la emisión.

Inconvenientes

Rafael Valera, consejero delegado y gestor de la firma Buy & Hold, considera los pagarés como un buen instrumento para dar liquidez a las empresas, aunque como gestor de renta fija no le convencen. “Los pagarés son más ilíquidos que los bonos y no cuentan con un mercado internacional. El menor plazo no te quita el riesgo de la compañía”. Además, ve una desventaja en que el pagaré no oscile como el precio del bono. En esta crisis, por ejemplo, los bonos de El Corte Inglés con una rentabilidad del 3% han llegado a un precio de 80 euros que elevaba su rentabilidad al 10%. Ahora que se han recuperado, se ha podido ganar un 20% con estos bonos. Con los pagarés no hubiera pasado. Pueden ser buenos para clientes muy conservadores, pero en la situación actual los tipos tampoco compensan”, concluye.

Hoy por hoy, los tipos de interés están muy bajos e incluso son negativos, como ocurre en las emisiones de pagarés de grandes compañías como Telefónica e Iberdrola, por lo que se recibe menos dinero del invertido. La mayor rentabilidad hay que buscarla en compañías más pequeñas que lógicamente tienen mayores riesgos. Con datos de este mismo mes de mayo, la firma Vidrala ofrece el 0,24% de rentabilidad en sus pagarés a seis meses y el 0,13% para un mes. Ignacio Victoriano, de Renta 4, también ve pegas para incluir los pagarés en los fondos de su gestora. “Los tipos de los pagarés se mantienen muy bajos. Además, en el caso del MARF, muchas de las emisiones no tienen calificación sobre su solvencia, es decir, no tienen rating o cuando lo tienen es bajo, lo que implica más riesgo del emisor”, concluye.


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