La crisis del coronavirus

Los permisos para construir viviendas nuevas se desplomaron un 37% en marzo

El primer mes afectado por la pandemia registra menos de 6.000 visados, la mayor caída interanual desde febrero de 2014

Poco a poco se van revelando todos los detalles de una foto general que muestra a un sector inmobiliario muy malparado como consecuencia de la crisis del coronavirus. Una vez conocido que el pasado marzo, el primer mes afectado por el estado de alarma, se vendieron menos casas, que estas se devaluaron y que, en consecuencia, también se resintió el mercado hipotecario, este jueves ha sido el turno de la construcción. Y de acuerdo con la estadística de visados de obra, en el tercer mes del año se pidieron permisos para edificar de 5.956 viviendas. Es una cifra baja, más propia de un mes de agosto cuando la actividad se frena mucho, y lo peor es la comparación con marzo de 2019: la caída interanual alcanza el 36,7%. Para encontrar un desplome mayor hay que viajar hasta febrero de 2014.

Ninguna de las categorías que contempla la estadística publicada este jueves por el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana registra una evolución positiva. En marzo se pidieron menos permisos para construir unifamiliares (-24,6%), la pendiente se volvió más pronunciada en el caso de los pisos en bloques (-39,6%) y el desastre todavía fue mayor en los permisos para reformas y restauraciones (-45,1%), un segmento al que el sector ha confiado buena parte de la recuperación. En conjunto, el presupuesto de ejecución material de las obras nuevas (excluidas las reformas) superó por poco los 593,5 millones, siempre según los visados solicitados en los colegios de aparejadores y arquitectos técnicos de toda España. Para encontrar un marzo similar hay que retroceder cuatro años (595,5 millones en 2016). A modo de comparación, en febrero esa cifra superaba ampliamente los 900 millones.

El batacazo era por todos esperado. Las empresas constructoras, sobre todo las pequeñas y medianas, ya avisaron de que la epidemia y las medidas para contenerla estaban dificultando gravemente su actividad. Y con grandes obstáculos para seguir siquiera con las obras en curso, más complicado parece todavía preparar nuevos proyectos. Más en un momento en que existían todavía más incertidumbres que ahora, si cabe, sobre la evolución de la situación sanitaria y económica. Los datos de los meses sucesivos serán previsiblemente peores. Para frenar la expansión de la covid-19, el Gobierno decretó desde el 30 de marzo un permiso retribuido para todas las actividades no esenciales que paralizó por completo la construcción durante las dos primeras semanas de abril.

De vuelta a las cifras de marzo, la caída de casi el 37% en los permisos de nuevas viviendas agrava el declive de un sector que ya mostraba cierto tendencia a la baja desde el año pasado, cuando parecía haber alcanzado el cénit del ciclo de recuperación de la Gran Crisis. Aunque 2019 batió en conjunto los datos del año previo (106.000 permisos frente a 100.000, en números redondos), desde el segundo trimestre comenzaron a verse algunos decrecimientos interanuales, generalmente leves. Eso hace que la caída de este marzo en sí no sea algo nuevo (de hecho, incluso el pasado noviembre llegaron a caer los visados un 25%, aunque entonces por efecto de un extraordinario noviembre de 2018 en que habían subido un 40%). Sí lo es, sin embargo, la intensidad de la bajada: para encontrar un derrumbe comparable hay que retroceder hasta diciembre de 2014 (-35,3%). Y para encontrar uno superior todavía hay que ir un poco más atrás: a febrero de 2014 (-38,1%).

El mal dato conocido este jueves compromete además las cifras del primer trimestre del año en su conjunto. La catástrofe de marzo se suma a un enero y un febrero discretos, con visados para 23.418 nuevas viviendas, un 16% interanual menos y una cifra que pone al sector en niveles similares a los de 2018 (23.460 permisos). Aunque durante los años de crecimiento el mantra del sector fue que la velocidad de crucero en España está en el entorno de las 150.000 viviendas nuevas al año —una cifra considerada saludable, frente a las más de 850.000 en el pico de la burbuja de principios de siglo—, la realidad es que casi nadie aspiraba a alcanzar esa cifra viendo que la actividad había comenzado a ralentizarse el año pasado. Algunas previsiones situaban 2020 en el entorno de las 120.000 casas nuevas, pero las cifras de enero a marzo, el sombrío pronóstico que se augura en el siguiente trimestre y la incertidumbre sobre cuándo comenzará la recuperación económica hacen que ese vaticinio parezca de otro mundo. El mundo de antes del coronavirus.

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