La crisis del coronavirus

Las fábricas de coches vuelven a la actividad en España entre fuertes medidas de seguridad

Las plantas de Seat, Volkswagen y Mercedes encabezan a partir de hoy la recuperación de la producción

Albert Garcia

Largas colas marcaban a las cinco de la mañana de este lunes el retorno a la actividad de la factoría de Seat en Martorell (Barcelona). Todos los empleados con mascarilla y respetando distancias de seguridad de más de dos metros. Una imagen similar se esperaba en las otras dos plantas españolas de la automoción que arrancan hoy la producción tras más de un mes de parálisis: Volkswagen (Navarra) y Mercedes (Vitoria), la avanzadilla de lo que será el resto de la industria en las próximas semanas. Renault vuelve el miércoles y el resto de las fábricas lo harán a partir del 4 de mayo, con la única excepción de PSA, que solo fabricará cuando se reanuden las ventas de vehículos.

El regreso será, en todo caso, gradual por un conjunto de factores. El más complejo operativamente es el de mantener las condiciones del protocolo de seguridad que sellaron sindicatos y patronales, más allá del fijado por el Gobierno y que sirvió de guía, para evitar la propagación del coronavirus en el interior de las fábricas, donde es difícil mantener una distancia mínima de metro y medio entre operarios.

Las marcas se comprometieron a tomar la temperatura a los empleados antes de que accedieran a las instalaciones y descartar su entrada en el caso de que registraran más de 37,5 grados. Los procesos de limpieza en los tornos de entrada se están intensificando y en el interior, en el caso de que no se puedan mantener las condiciones de seguridad, los empleados deben utilizar tanto mascarillas como gafas de protección. El utillaje utilizado por la plantilla será desinfectado también cada poco tiempo y el uso de zonas comunes ha quedado restringido. Uno de los riesgos más costosos para una gran industria es tener que parar la producción una vez está en marcha.

En el caso de Seat, la semana pasada la compañía efectuó tests de covid-19 a unos 3.000 miembros de su plantilla, los primeros que iban a empezar a trabajar esta semana. Es una medida adicional de control firmada con el comité de empresa que se extenderá al resto de los 15.000 trabajadores de la compañía. Otra de las obsesiones de las compañías ha sido evitar que los trabajadores de dos turnos diferentes puedan coincidir en las instalaciones. Para ello, Volkswagen ha recortado los turnos en Navarra y ha creado una hora de margen entre uno y otro.

Pero ese tipo de medidas todavía tardará en implementarse. De momento, las plantas han decidido retomar la actividad con un único turno de trabajo, una forma de testar las nuevas condiciones de trabajo marcadas por la pandemia de coronavirus. En su factoría de Pamplona Volkswagen prevé parar el miércoles para analizar cómo ha funcionado el reinicio y, de ser necesario, introducir modificaciones.

Acompasar la producción también servirá a los fabricantes para poner a prueba la cadena de suministro, una de las primeras que se vio afectada por el cierre del mercado asiático. Asimismo no hay prisa por poner la producción al cien por cien de su capacidad porque la mayoría de los concesionarios están cerrados —la semana pasada los reabrió Alemania— y no hay optimismo respecto a la recuperación de las ventas en plena entrada a una crisis económica.

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