LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Las vergüenzas de los pisos españoles quedan al descubierto

El confinamiento ha puesto en evidencia la falta de terrazas, espacios flexibles, luz natural y ventilación de millones de casas

Los vecinos de un edificio de Barcelona se asoman a sus terrazas durante el confinamiento.
Los vecinos de un edificio de Barcelona se asoman a sus terrazas durante el confinamiento.Albert Garcia

Algo más de 1.000 horas confinados desde el pasado 14 de marzo han sido suficientes para constatar la forzosa necesidad de mejorar y corregir las viviendas, sobre todo las que tienen más de una década. Buena parte de las casas construidas en España carecen de ventilación e iluminación natural, salubridad, accesibilidad y confort. Muchas no tienen terraza (tanto las más antiguas como las recién construidas) o son interiores. Las hay que van tan justas de metros cuadrados que se hace difícil encontrar un rincón en el que teletrabajar y hacer algo de deporte. Así viven, en propiedad y en alquiler, millones de españoles.

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“Los arquitectos debemos imaginar y construir hogares donde prime la luz natural, la ventilación y una movilidad sencilla y cómoda, con independencia del tipo de vivienda. Estamos aprendiendo que hay que idear viviendas versátiles para un mundo imprevisto”, advierte el arquitecto Carlos Lamela. Cuando termine esta crisis “valoraremos la flexibilidad en la distribución, la entrada de luz natural, las vistas, la capacidad de realizar ventilación cruzada, los condicionantes acústicos y la presencia de zonas exteriores privadas”, coincide Sonia Hernández-Montaño, coordinadora de salud y arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña.

Son las lecciones de la crisis. Algunos, los que puedan, se plantearán cambiar de casa, sobre todo los alquilados en infraviviendas. Dicho sea de paso, esta podría ser la puntilla a muchos propietarios, que no tendrían más remedio que meter la piqueta si quieren seguir rentabilizando sus inmuebles. Otros, los que puedan, repensarán sus casas, porque no siempre es una cuestión de recursos, “sino de diseño, de cómo están ideadas las viviendas”, recalca Lamela.

El rapapolvo comienza en las terrazas, a las que se ha dado muy mala vida en ciudades como Madrid y que ahora son las grandes protagonistas de la crisis. Los propietarios que eliminaron estos espacios para ganar algunos metros cuadrados no han dejado de arrepentirse ni un solo día. De hecho, las búsquedas de viviendas con terraza o jardín han crecido el 26% desde el inicio del confinamiento, según Servihabitat.

“Es incomprensible que se permitiera cerrar las terrazas en Madrid, es algo que no ocurre en ninguna ciudad o país, es un auténtico cáncer de nuestro urbanismo”, lamenta Lamela. Porque, además de las vistas, protegen las fachadas del sol y la lluvia. Tras la crisis, “la terraza va a ganar protagonismo en tamaño y calidad. Una de las lecciones es la de valorar este espacio intermedio, este pulmón entre la calle y la casa”, apunta el arquitecto Julio Touza.

Siempre que la normativa no ponga zancadillas. En Madrid computan como edificabilidad, con lo que el promotor las elimina, las deja en la mínima expresión o las sustituye por un pequeño mirador. Esto no ocurre en la Comunidad Valenciana o Cataluña, donde se incentiva su colocación. Es una cuestión que solivianta a los arquitectos, que esperan que las ordenanzas municipales sean revisadas al terminar la crisis para fomentar “estos espacios de desahogo”, como los define José Antonio Tenorio, científico titular del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja-CSIC.

Peor solución tienen los pisos interiores. “Con esto habría que acabar mediante políticas de rehabilitación urbana”, opina Tenorio. El 7,9% de los españoles está pasando el confinamiento sin ver la calle desde su vivienda. Madrid es la capital con más pisos interiores (el 20,3%), seguida por Bilbao y Cádiz, según Idealista.

A la vivienda de mañana se le van a exigir distribuciones flexibles —añadir o quitar alguna estancia fácilmente— y nuevas funciones, que han llegado para quedarse. El teletrabajo y el desarrollo de actividades de ocio plantean un nuevo escenario. “Si vamos a pasar más tiempo en casa, deberemos tener nuevos espacios”, razona Touza. Este arquitecto propone volver a las distribuciones de las viviendas burguesas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX del barrio de Salamanca (Madrid) o del Eixample (Barcelona), donde había una pequeña biblioteca o despacho cerca del salón. “Hay que pensar en espacios diáfanos, polivalentes e integrados”.

La polivalencia cobra más sentido desde que hay que trabajar, entretenerse y hacer deporte en casa. Gonzalo Pardo, director de Gon Architects de la plataforma Houzz, asegura que el mayor impacto “será en la inclusión de más espacios habilitados para el teletrabajo, desde estancias específicas hasta habitaciones reconfigurables en función de la hora del día”. Cierto es que algunas promociones de vivienda nueva se han adelantado a estas necesidades y comercializan pisos con terraza y despacho y áreas de coworking (compartido) para residentes. “La experiencia del confinamiento potenciará el tamaño y uso de áreas comunitarias y de las relaciones vecinales”, cree Teresa Marzo, directora general de negocio de Vía Célere.

Salubridad

Además, la pandemia ha evidenciado que lo de construir casas saludables iba en serio. Apenas 2,3 millones de viviendas están edificadas bajo el paraguas del Código Técnico de la Edificación, que entró en vigor en 2006 y que exige mayor calidad constructiva. En el resto “falta iluminación, ventilación y accesibilidad”, indica Enrique Rovira-Beleta, director del área de Accesibilidad de UIC Barcelona School of Architecture. Considera que cambiará la visión de los hogares y “las normativas se modificarán para conseguir que el espacio de las viviendas existentes esté mejor distribuido, iluminado y ventilado”. ¿Cómo? “Ampliando los huecos de ventanas, haciendo alguna de las paredes del baño traslúcida y agrandando pasillos y puertas para el paso de una silla de ruedas”, añade.

La ventilación será más importante que nunca, ya sea natural cruzada (ventanas contrapuestas para que las corrientes de aire atraviesen la vivienda) o mecánica (aparato que extrae el aire contaminado del interior e introduce aire limpio filtrado del exterior). La siguiente lección es la automatización de los accesos para evitar sistemas táctiles. Se potenciará el reconocimiento facial y de voz para puertas, tiradores y ascensores. “Es trasladar la arquitectura de los aeropuertos, que precisamente está diseñada con criterios de higiene”, apuesta Touza.

Y podría ser más que razonable que a medio plazo se potencie el uso de materiales y acabados antimicrobianos. Pablo Muñoz, experto en arquitectura de salud y consejero delegado de Espacios Evalore, habla de algunas medidas como “pintura fotocatalítica, y agarradores, mobiliario y encimeras antimicrobianos”. Y añade: “Las plantas contribuyen a mantener una humedad relativa interior entre un 40% y un 60% lo que, según algunos estudios, ayuda a reducir la transmisión del coronavirus”.

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