La crisis del coronavirus

Así será una fábrica de coches de PSA después de la pandemia

El grupo automovilístico adapta sus factorías para combatir el virus con cámaras térmicas a la entrada, camiones que fumigan las instalaciones y un protocolo para empleados que comporta seis paradas para limpieza durante el turno de trabajo

Una demostración de las labores de desinfección en el acceso a la factoría del Grupo PSA en Madrid.
Una demostración de las labores de desinfección en el acceso a la factoría del Grupo PSA en Madrid.Rodrigo Jiménez / EFE

Una sirena avisa de que alguien excede la temperatura de seguridad. Nadie se alarma: es solo una demostración, con la ayuda de un mechero, de cómo funciona la nueva cámara térmica que vigila la entrada a las oficinas del Grupo PSA (Peugeot, Citroën, Opel) en Madrid. Dentro de unas semanas, ese mismo pitido avisará si algún trabajador que franquea la puerta supera los 37,5 grados. Otra similar se instalará en el acceso a la planta de montaje, y así se garantizará que nadie trabaje con fiebre.

Como para la mayoría de fabricantes de vehículos, el momento es de incertidumbre para la multinacional francesa, que detuvo su producción el 17 de marzo. “Desde entonces se arrastran problemas de suministro”, admite David de la Torre, director de Recursos Humanos de la factoría de Villaverde, un barrio del sur de la capital. La empresa ha dedicado la pausa a alistar la fábrica para el día en que se pueda retomar la producción y realiza un simulacro para varios medios, entre ellos EL PAÍS. Lo que no está claro es cuándo se llevarán a la práctica en la realidad: el grupo, que presentó este martes en París sus resultados con una caída de facturación del 15,6% en el primer trimestre, señaló que solo reabrirá cuando la demanda lo justifique.

Para Víctor Santos, jefe de Prevención y Salud de la factoría madrileña, lo más difícil de la desescalada será que todos nos acostumbremos a las nuevas normas. Con esa idea en mente, durante un paseo por las instalaciones lo que parece difícil es olvidarse de que el coronavirus acecha. Además de pósteres en las paredes, líneas y puntos en el suelo marcan en cada espacio las distancias de seguridad. Desde las aceras para acceder de un edifico a otro hasta las máquinas expendedoras o los aseos. A todo ello se unen aspas que marcan los lugares que se deben dejar libres en los asientos del centro médico o en las mesas de las salas de descanso. Incluso cruces en el suelo señalan dónde deben ponerse los intervinientes en una reunión.

Pero el momento crítico será entrada y salida de la planta de montaje. 1.000 trabajadores, en un solo turno, ensamblaban allí 225 vehículos diarios del modelo C4 Cactus antes de que un Expediente Temporal de Regulación de Empleo (ERTE), los mandara a casa. Cuando vuelvan todo será diferente. “Procuraremos que la gente venga con la ropa de trabajo para disminuir el uso de los vestuarios”, señala Santos. Todos recibirán un bote de 100 mililitros de gel desinfectante, unas gafas de protección y dos mascarillas quirúrgicas al día (cuatro si viajan en transporte público). En los puestos donde no se puede mantener la distancia mínima, las gafas se cambiarán por una pantalla protectora, “pero la mascarilla hay que llevarla siempre”, insiste el médico.

Un camión de bomberos para fumigar

Además de la higiene personal, también será fundamental la desinfección de espacios comunes. En el exterior, se ha adaptado el camión de bomberos de la planta para poder fumigar con hipoclorito los viales e instalaciones como la garita de acceso. En caso de que sea necesario, en pocos minutos puede cambiarse esa carga por agua para la extinción de un fuego. Dentro de la planta de montaje, la mayor de las instalaciones del complejo, maquinas limpiadoras y personal con mochilas de fumigación recorren los espacios cada dos horas. Para la maquinaria será fundamental la colaboración de los empleados.

“Cada día los primeros diez minutos se dedicarán a limpiar y luego se harán otras seis pausas de unos cinco minutos durante la jornada”, indica Sergio Ribas, director de Montaje de la planta. El primer día los trabajadores recibirán una formación de media hora para aprender el nuevo protocolo. Cada uno tendrá una bayeta y una botella con desinfectante. Durante las paradas técnicas tendrán que limpiar manillas, botones, herramientas y cualquier elemento que toquen. A continuación se desinfectarán las manos con gel. En una cadena en que todo está medido al milímetro para sacar un coche cada dos minutos, la empresa ha echado cálculos del tiempo de producción que se perderá con las nuevas normas. “El primer día, porque habrá que familiarizarse con el protocolo, calculamos una hora, el segundo serán unos cuarenta minutos”, indica Ribas.

Las reglas de PSA se basan en las que firmó la patronal de fabricantes ANFAC con UGT y Comisiones Obreras para que el sector retome la actividad. Pero el grupo francés los ha reforzado tras acordarlo con los sindicatos mayoritarios en la planta. Ese “protocolo enriquecido”, como se refiere al mismo el responsable de Recursos Humanos, se sustenta sobre todo en la entrega de material como gafas, gel desinfectante personal o “guantes a demanda”. Las dificultades de suministro de los EPI (equipos de protección individual) en un mercado enloquecido se han superado por la previsión de la central en Francia, que hizo acopio desde la fase temprana de la epidemia.

Con un solo turno de trabajo y jornada continua en oficinas, el comedor se mantendrá clausurado. “Si se reinicia la actividad, sería un foco de concentración de personas”, indica el médico Santos. Tampoco funcionarán las fuentes, pero se repartirá agua embotellada gratuitamente entre los empleados. Sí estarán operativas algunas máquinas de venta de café o aperitivos, pero cintas amarillas y negras pegadas al suelo indican dónde debe esperar el siguiente trabajador su turno. Todo, en suma, pensado para dificultar la entrada y expansión de la covid-19 en el espacio de trabajo. Los detalles no se olvidan ni de los posibles caballos de Troya: cualquier paquete externo que llegue a la factoría permanecerá en un espacio de aislamiento durante tres horas, el tiempo que se calcula que tarda en morir el coronavirus en la mayoría de superficies inertes.

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