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La UE y Mercosur

El acuerdo permite que Europa mire al sur y reivindique su modelo frente a EE UU y China. El futuro es ilusionante, el pasado es incierto.

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Pedro Sánchez y Mauricio Macri, presidente de Argentina (miembro de Mercosur), en el centro, junto a Sebastián Piñera (izquierda), presidente de Chile, y el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, este viernes en la cumbre del G20 en Osaka.

Desde que Donald Trump tomó posesión como presidente de EE UU en enero de 2017, las noticias sobre comercio mundial han sido para hablar sobre medidas proteccionistas y para analizar los efectos del frenazo que han sufrido las exportaciones globales. El pasado fin de semana, en la Cumbre del G20, los países europeos y latinoamericanos tuvieron el protagonismo al firmar el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur.

Las negociaciones comenzaron hace veinte años y son un soplo de aire fresco en un mundo que se desglobaliza a marchas forzadas. Las dos áreas acuerdan reducir aranceles entre ellos y los mantienen con el resto del mundo. Los países de Mercosur acceden al que sigue siendo el mayor mercado de consumo del mundo. Y los países europeos tienen el potencial de aumentar su presencia en un área históricamente de influencia de EE UU y donde, en la última década, China ha tomado posición.

Latinoamérica destaca por tener muy poca relación comercial dentro de su área y este acuerdo es una oportunidad para revertir esta anomalía. Conseguirlo reducirá su dependencia de EE UU y el poder de Trump en las negociaciones donde les chantajea con cortar sus importaciones si no acceden a sus peticiones, que solo buscan votos para ser reelegido en 2020.

Escribo este artículo desde México que sistemáticamente está bajo la amenaza de Trump y que concentra el 85% de sus exportaciones a EE UU. El PIB de México en el primer trimestre fue negativo y las previsiones anticipan una caída de la inversión este año y el próximo. La recesión en EE UU está próxima y disminuirán sus importaciones. México también tiene un acuerdo de libre comercio con Europa. El nuevo Gobierno de López Obrador debe mirar al sur y liderar el proceso. Y mandaría una señal positiva a los inversores de fuera y dentro de México para aumentar la inversión y el empleo.

Brasil, que forma parte de Mercosur y que suma con México más de la mitad del PIB de América Latina, debe coliderar el proceso. La economía brasileña también está casi estancada y su inversión sobre PIB es aún menor que la de México. Por lo tanto, necesita aún más buscar consumidores fuera de sus fronteras, con sus vecinos y con los países europeos, para reducir su dependencia de EE UU y diversificar con más países y no sólo con China. Argentina, Colombia, Chile, Perú, Centroamérica, etcétera. Este acuerdo debería ser un impulso para aumentar el comercio dentro de Latam y reducir su dependencia de las importaciones de EE UU y China.

Europa es una economía envejecida y enferma que con el acuerdo aumenta el número de consumidores para que sus empresas inviertan y creen más empleo. España mantiene importantes lazos institucionales, culturales y económicos con los países latinoamericanos y será el nexo de unión con los de habla hispana. Portugal será el nexo de unión con Brasil. El acuerdo, liderado por los Gobiernos español y portugués, permite que Europa mire al sur y reivindique su modelo frente a EE UU y China. El futuro es ilusionante, el pasado es incierto.

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