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La llegada de Christine Lagarde inaugura un BCE dominado por políticos

Los mercados reaccionan con alzas porque anticipan que el banco aprobará más estímulos

El reparto de cartas en Bruselas deparó el martes una sorpresa mayúscula: Christine Lagarde resultó elegida para encabezar la institución europea con mayor poder efectivo. El desembarco en el BCE de la exministra francesa y actual jefa del FMI implica que, por primera vez, los dos primeros espadas del Eurobanco son figuras de marcado carácter político sin experiencia como banqueros centrales. Lagarde tratará de cubrir su falta de currículum monetario con unas habilidades comunicativas indiscutibles y su capacidad para tejer consensos. Los mercados saludaron el miércoles el nombramiento con subidas, un síntoma de que apuestan por una Lagarde continuista respecto a los estímulos de Mario Draghi. O que incluso podría ir más allá que su antecesor.

Christine Lagarde
Mario Draghi, presidente del BCE, y Christine Lagarde, directora gerente del FMI, en una reunión del G7 en Bari en mayo de 2017 AFP

Soplan nuevos vientos en el Banco Central Europeo (BCE). Después de que su nombramiento sea sometido a votación en el Parlamento Europeo, Lagarde llegará el 1 de noviembre a un organismo cuyas cabezas visibles serán muy distintas de lo que hasta ahora era habitual. La presidenta Lagarde y el vicepresidente Luis de Guindos protagonizarán durante ocho años las ruedas de prensa en las que cada mes y medio explicarán las medidas acordadas por el Consejo de Gobierno. Ambos han ejercido como ministros en Gobiernos (conservadores). Y ninguno ha encabezado un banco central de la eurozona. Esto les diferencia de la mayoría de presidentes y vicepresidentes que el BCE ha tenido desde su fundación (aunque tanto Wim Duisenberg como Vítor Constâncio participaron en Gobiernos, ambos ejercieron también como gobernadores centrales).

Lagarde aporta al cargo, sin embargo, otras cualidades que pueden ser muy necesarias en un momento en el que la eurozona aún no ha completado su tantas veces exigida —y aún no completada— nueva arquitectura.

La pregunta parece evidente: ¿Qué aportará este nuevo perfil a la institución que fue decisiva para superar la Gran Recesión de 2008 y, sobre todo, qué papel tendrá para luchar la próxima crisis?

“Tengo el corazón partido”, confiesa Francisco Vidal, economista jefe de Intermoney, nada más comenzar la conversación. En el lado positivo, este analista cree que a corto plazo la francesa que comenzó su carrera política de la mano de Nicolas Sarkozy sabrá sacar provecho de sus años de trabajo cosiendo alianzas al más alto nivel y de su agenda de contactos. “Es una mujer muy inteligente que ha sabido rodearse de un gran equipo. Y con una gran capacidad de comunicación, algo básico para ser presidenta del BCE”, asegura. Pero a Vidal le preocupan más los retos a los que se tendrá que enfrentar a medio y largo plazo. “La mayor dificultad llegará con la próxima crisis, que muy probablemente estallará cuando las herramientas de política fiscal y monetaria estén casi agotadas. Será entonces más necesario que nunca el perfil técnico que ella no tiene”, concluye.

Se alejan los tiempos en los que, como aseguraba el miércoles con ironía una nota de ING, el BCE contaba con un presidente “al que parecía que si se le despertaba en medio de la noche podría recitar de memoria todos los componentes del último indicador de datos adelantados de la economía europea”. “Lagarde será probablemente más una moderadora que un genio intelectual de la política monetaria”, continuaba el banco.

Jorge Sicilia, economista jefe de BBVA Research, relativiza la importancia del duo presidenta / vicepresidente, ya que insiste en que el Consejo de Gobierno del BCE es un órgano colegiado en el que todos sus miembros contribuyen a tomar las decisiones. "Si acaso, habría preferido que la decisión del nuevo presidente del BCE se hubiera tomado alejada del resto de nombramientos en esta negociación política a varias bandas y para numerosos puestos. Hubiera sido más aseado y seguro que al BCE le habría cuadrado más esta opción”, añade.

Más ‘paloma’ que ‘halcón’

La otra gran pregunta es qué tipo de políticas adoptará Lagarde al frente de la política monetaria europea. Y, a tenor de cómo reaccionaron los mercados, los inversores anticipan que Lagarde se alejará del bando de los halcones. En el optimismo de los mercados es difícil discernir si se explica por el convencimiento de que una Lagarde al frente del Eurobanco no sacará el látigo de la ortodoxia monetaria o por haber evitado el nombramiento del alemán Jens Weidmann, líder del sector duro y uno de los que sonaba como favorito.

Las Bolsas de toda Europa cerraron al alza, con los índices de Italia, Grecia, Irlanda y España liderando las subidas. Las noticias procedentes de Bruselas también contribuyeron a aliviar el mercado de deuda, con caídas en la rentabilidad de los bonos de todos los países, especialmente el italiano. El euro también cedió posiciones ante el dólar.

“Creemos que Lagarde dará continuidad a las políticas de Draghi, prolongando durante más tiempo la expansión monetaria, ya sea a través de alguna bajada de tipos adicional o retomando el programa de compra de activos”, asegura Gabriel Ximénez de Embún, director de inversiones de Credit Suisse Gestión.

La llegada de Lagarde —sumada a la inminente marcha del francés Benoît Cœuré— eleva la importancia en el BCE del recién elegido economista jefe, Philip Lane, que queda como uno de los grandes conocedores de los vericuetos de la política monetaria</CJ>. Si nada se cruza en su nombramiento, Lagarde comparecerá tras su primer Consejo de Gobierno el próximo 12 de diciembre. Para entonces, ya estará claro si amenazas como el Brexit y la guerra comercial se han cumplido y la actual desaceleración económica es ya una crisis. Será la primera prueba en la que la nueva presidenta deberá demostrar su olfato para manejar los tipos de interés o idear políticas monetarias imaginativas.

Pero ¿qué opina realmente de política monetaria?

Es imposible predecir qué clase de máxima responsable de la política monetaria europea será Christine Lagarde. Pero algunas de sus declaraciones de los últimos años permiten rastrear sus opiniones sobre las medidas extraordinarias que los grandes bancos centrales de Occidente han adoptado en la última década para luchar contra la Gran Recesión. Y de ellas se deduce un apoyo que le alejaría de las tesis defendidas por los más ortodoxos. “La política monetaria debería seguir siendo laxa mientras la inflación esté por debajo de su objetivo”, aseguró en abril en su discurso Un momento delicado para la economía global.

“Los grandes bancos centrales han tomado las decisiones adecuadas”, dijo en 2012 en referencia a los programas de compras de activos impulsados por el BCE, la Reserva Federal de EE UU y el Banco de Japón.

“Si no hubiéramos tenido tipos de interés negativos, estaríamos hoy en una situación mucho peor”, aseguró en 2016. Más recientemente, después de que la Fed y el BCE mostraran que iban a ralentizar su proceso de normalización monetaria, Lagarde alabó esta decisión. “Cuando la próxima crisis llegue, algo que pasará inevitablemente, las autoridades deberán usar todas sus herramientas para maximizar su efecto combinado. Esto significa apoyar la demanda a través de una política monetaria más laxa y estímulos fiscales donde sea posible”, escribió en el blog del FMI el pasado enero.

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