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COLUMNA i

Ciudadano Ortega

El propietario de Inditex ha destinado más de 550 millones a tareas filantrópicas, fundamentalmente contra el cáncer y educativas

Amancio Ortega y su hija Marta Ortega en julio de 2018 durante una competición hípica.
Amancio Ortega y su hija Marta Ortega en julio de 2018 durante una competición hípica. Getty Images

Seguramente, si fuera americano, algún productor habría propuesto hacer una película sobre su vida e, incluso, él mismo la habría financiado: Ciudadano Ortega. Pero Amancio Ortega Gaona, hijo de un ferroviario vallisoletano, es de Busdongo (León), se crio en Tolosa (Guipúzcoa) y se hizo hombre en Galicia, donde se afincó definitivamente y creó Inditex, el imperio textil que domina el sector en todo el planeta, y con el que se ha convertido en una de las tres personas más ricas del mundo, con un patrimonio de más de 75.000 millones de euros, según Forbes, y que le ha permitido desarrollar una labor filantrópica por toda España. Un poderío suficiente para emular de sobra al Citizen Kane de Orson Welles. Pero todo indica que el autohalago ni le ha pasado por la cabeza.

Rápida reacción de la ministra Ribera. Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, no perdió ni un segundo en reaccionar ante la noticia de que Noruega, a través de su fondo soberano, va a desinvertir de las compañías que explotan combustibles fósiles para volcarse en las energías renovables. Reafirma su apuesta por el cambio climático y le da confianza en el plan diseñado para potenciar esta industria en España. Por eso, salió a manifestar que tiene muchas esperanzas de que el citado fondo (el mayor fondo soberano del mundo) destine parte de los 17.000 millones de euros que prevé invertir a proyectos en España. Por pedir que no quede.

Las eléctricas tradicionales se reivindican. Tras 75 años de historia, la patronal eléctrica Aelec, denominación que sustituyó a la antigua Unesa hace solo dos años, ha celebrado su primer congreso. El tema fue las redes, imprescindibles para la necesaria electrificación con el aumento de las renovables; pero fue una forma por parte de la asociación que preside Marina Serrano de reivindicar la presencia de las eléctricas tradicionales en un momento en el que el sector eléctrico ha experimentado un cambio radical y existen otros actores (muchos) que tienen mucho que decir.

El Tribunal de Cuentas vigila la vida de las nucleares. El tribunal de Cuentas, que preside María José de la Fuente, se ha fijado en las centrales nucleares y ha concluido en un informe que alargar la vida de las instalaciones no basta y advierte que faltarán fondos para financiar el desmantelamiento, aunque el aumento de su vida útil permita reducir el déficit, que la empresa pública Enresa (encargada de gestionar los residuos) cuantifica en 2.350 millones de euros. Hace cuatro años sugería revisar anualmente su financiación. Ahora plantea revisar las tasas que gravan la tarifa eléctrica.

En efecto, Amancio Ortega, cuando materializó parte de su riqueza virtual con la salida a Bolsa de Inditex (se quedó con el 60%), diversificó sus negocios a otros dominios como Pontegadea, patrimonial a través de la que aglutina sus negocios inmobiliarios y de inversión, y la Fundación Amancio Ortega (FAO), desde la que ha destinado más de 550 millones de euros (ejecutados o comprometidos), fundamentalmente a acciones contra el cáncer en hospitales públicos y a la concesión de becas de estudio y escuelas infantiles desde su creación en 2001. Todo sin olvidar la evolución de Inditex, que al fin y al cabo es la que le aporta los dividendos que le han permitido crear una multinacional inmobiliaria y dedicarse a la filantropía.

Una tarea que, al parecer, no convence a algunos políticos de su país, a juzgar por los furibundos ataques de Unidas Podemos durante la campaña electoral, se supone que buscando votos, y empezando por su líder, Pablo Iglesias, que calificó de “limosna” las donaciones de Ortega. También llegó a sugerir que lo hacía para compensar fraudes fiscales que, al menos que se sepa, no existen. Lo que se sabe es que con sus actividades ha aportado al fisco 1.200 millones de euros y da trabajo a más de 174.000 personas en todo el mundo.

Lo más probable (y desde luego deseable) es que las acometidas no afecten a Ortega y que continue con su labor. La mayoría piensa, dentro de la órbita política, que ojalá hubiera muchas limosnas como las de Ortega, que siempre son bienvenidas porque complementan lo que puede asumir el Gobierno. También opinan así fuentes empresariales, que subrayan que hay que incorporar el componente social a la actividad de las empresas, como ya lo hicieran las cajas de ahorros con su obra social, que ahora normalmente hacen las fundaciones que crearon. Es la tendencia mundial que también está haciéndose hueco en España a través de los códigos de buen gobierno corporativo.

La expansión de Ortega ha sido objeto de admiración y de envidias. Causa esta de que surgieran acusaciones de explotación en el tercer mundo, algo que resultó ser malintencionado pero que cundió en algunos círculos contra este visionario del negocio textil, que descubrió que el secreto estaba en fabricar y vender lo que producía.

Había comenzado a trabajar a los 14 años (nació en marzo de 1936) en una tienda de ropa de A Coruña. A los 27 años creó Confecciones GOA (sus iniciales en sentido contrario) y comenzó con batas y albornoces que vendía por todas las latidudes que podía, incluida Francia. Le salió bien y, con esa política, fundó Zara en 1975. Abrió la primera tienda en el centro de A Coruña y montó una planta en el vecino pueblo de Arteixo, donde ahora está el cuartel general del grupo.

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Después, todo ha sido crecer y crecer. Zara se extendió por toda España. Engordó. Se salía de las costuras. Acumuló riqueza. Así que en 1985 se lanzó con Inditex (Industria del Diseño Textil), que sirvió de catapulta para salir al exterior y aglutinar nuevas marcas (unas adquiridas y otras de nuevo cuño: Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Pull and Bear, Uterqüe…). La primera tienda fuera se instaló en Oporto en 1988 para posteriormente extenderse por Europa y, a lo largo de los años, por todo el mundo: América, Asia y norte de África. En la actualidad está en 96 países (106, si se tiene en cuenta la venta on line) y cuenta con 7.447 tiendas, según datos publicados esta semana, en la que ha presentado resultados de su primer trimestre fiscal (febrero-abril). Por cierto, los beneficios subieron un 10%. Como un tiro despues del ligero frenazo de 2018.

En ese trayecto, contó con colaboradores eficaces. Primero fue José María Castellano, del que se desligó en 2005 tras 21 años en el grupo. Para entonces ya había salido a Bolsa, manteniendo el 60% del capital en sus manos. Tras su marcha, Ortega fichó a Pablo Isla, un ejecutivo proveniente del Banco Popular con experiencia en la gestión de las empresas del Patrimonio del Estado, que ha consolidado el crecimiento iniciado por Castellano y ha convertido el grupo en líder mundial del sector.

En Pontegadea aglutina su patrimonio inmobiliario, concentrado en las zonas más pujantes de Madrid y Barcelona, en las cinco grandes capitales europeas (París, Berlín, Roma, Lisboa y Londres) y, más recientemente, en EE UU.

La discreción del hijo del ferroviario

A Amancio Ortega nunca le han gustado los focos y nunca ha dado una entrevista. Se ha movido en la discreción, salvo en algunos eventos como la boda de su hija Marta (con la que aparece en la foto), fruto de su segundo matrimonio, con Flora Pérez, con la que se casó tras divoricase de Rosalía Mera, con tuvo a su hija Sandra. Cuando puede acude a la planta de Arteixo, donde es frecuente verle compartir confidencias con los empleados.

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