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Angola: nadar en petróleo para acabar sin gasolina

El segundo productor de crudo de África sufre su mayor falta de carburantes en pleno proceso de reestructuración del sector energético

Cubierta de un buque de extracción de petróleo en la costa de Angola. 
Cubierta de un buque de extracción de petróleo en la costa de Angola. 

Angola sufrió el pasado mes de mayo lo que muchos consideran una paradoja en un gran productor de crudo: una crisis de combustibles, la desaparición de gasolina de las estaciones de servicio. Algo tan increíble que hasta los angoleños expresaban su frustración. Durante días, la mayor parte de las gasolineras cerraron y en las pocas abiertas las colas de coches, motos y gente con bidones se extendían por kilómetros. Y muchos de los que hacían cola, después de horas de paciente espera, se encontraron a menudo con que la gasolinera había agotado sus existencias. Claro que siempre cabía la posibilidad de comprar unos litros en el mercado negro, eso sí, cuatro o cinco veces más caros.

La situación provocó el caos en las ciudades. Muchos comercios se quedaron sin género, el transporte público y los taxis dejaron de funcionar y muchos no pudieron ir a trabajar. Luanda se extiende por decenas de kilómetros y sin coche es difícil moverse. Lo peor es que el corte de suministro empezó a provocar apagones eléctricos, ya que la mayor parte de las centrales utilizan fuel para generar electricidad. El Gobierno del nuevo presidente de Angola, João Lourenço (65 años), en el cargo desde 2017 tras ganar las elecciones con el 61% de los votos, vivió la crisis con zozobra. Para un Ejecutivo que hace bandera de la puesta al día de las infraestructuras y la economía, la situación le resultó insoportable y políticamente incómoda. Lourenço, pues, tardó solo dos días en cesar al presidente de Sonangol, la petrolera estatal, Carlos Saturnino, nombrado por él en sustitución de Isabel dos Santos, hija del anterior presidente del país, Eduardo dos Santos.

Una única refinería

No es, sin embargo, tan raro que un país petrolífero se quede sin gasolina. Pese a que Angola bombea 1,5 millones de barriles al día, solo tiene una refinería, que produce apenas el 20% del consumo del país. Al Estado no le queda más salida que importar el otro 80% de refinados, a un coste de 4.000 millones de dólares (3.570 millones de euros) al año. Para resolver esta carencia se intentó construir hace años una segunda refinería, un proyecto tan mal planificado que, como comenta Borja Monreal, consultor de Gobiernos africanos, “acabó abandonado después de invertirse unos 4.500 millones de dólares”. La razón de que Dos Santos, en el poder entre 1979 y 2017, no se tomara en serio la necesidad de la refinería era obvia: el país nadaba en la abundancia con los ingresos del petróleo, podía pagar todos los refinados que necesitaba. “Esto es normal en estos países, su lógica consiste en exportar ­todo el crudo, lo que impide diversificar e invertir en el refino”, explica Ángel Saz, director de ­ESADEgeo.

Se buscan inversores

Angola, que rivalizó con Nigeria por el puesto de primer productor africano de crudo y llegó a bombear 1,9 millones de barriles al día en 2010, ahora produce solo 1,5 millones. Para resolver esto, el Gobierno de Lourenço ha invitado a las grandes firmas de prospección y exploración a invertir en el país y espera que antes de fin de año las compañías interesadas presenten sus propuestas. No está claro cuál va a ser el resultado de estos esfuerzos. El ambiente en el sector es pesimista. El precio del crudo ha vuelto a bajar y “las inversiones”, señala Gonzalo Escribano, de Elcano, “han vuelto a reducirse porque nadie sabe cuándo van a subir los precios otra vez”.

Todo esto cambió tras 2014 y la caída de los precios del petróleo: los ingresos se hundieron, lo que empezó a hacer mella en las reservas externas de divisas. Sonangol comenzó a sufrir dificultades para pagar la importación de estos productos, que se agravaron con la devaluación de la moneda, el kwanza, lo que encareció los carburantes importados. El valor del kwanza frente al euro se redujo a la mitad en dos años, desde 180 kwanzas por euro a principios de 2018 hasta los 374 de hoy. Y esto no es todo. Sonangol se ve obligada a cobrar por estos productos menos de lo que valen, ya que se venden por debajo del coste: el gasóleo a 0,36 euros el litro y la gasolina a 0,43. Además, muchos organismos y empresas públicas, que consumen el 40% del combustible del país, acumulan con la petrolera deudas de varios miles de millones de dólares. Entre esos deudores figuran Prodel (la compañía eléctrica), Epal (agua), TAAG (transporte aéreo), la policía, el Ejército o el Parlamento.

Acusada de mala gestión en la reciente crisis, la compañía reconoció que la carestía del combustible se debía a la falta de divisas para importar los refinados. Otro factor que complica la actuación de Sonangol es que, según Borja Monreal, “la mayor parte de la producción de crudo del país está hipotecada a China, que ha financiado buena parte de las infraestructuras que se han construido [por los chinos] en el país”. Lo sucedido ha desatado las especulaciones entre los comentaristas locales, que creen, sin embargo, que hay algo más que una mera falta de divisas. Algunos medios locales opinaron que la crisis podría obedecer a un intento de “boicotear” el Gobierno de Lourenço. ¿Crisis artificial? Es posible. El MPLA, el partido que gobierna Angola desde la independencia, está dividido. Lourenço, que fue ministro de Defensa con Dos Santos, no mantiene buenas relaciones con su antecesor; este no le quería como sucesor.

Pulso por el poder

Las relaciones son tan frías que el presidente, con el argumento de la lucha contra la corrupción y el nepotismo, no vaciló en atacar a la familia de Dos Santos. A Isabel dos Santos, hija del expresidente y la mujer más rica de África, la destituyó de la presidencia de Sonangol y este año anuló un contrato de 1.160 millones de euros para la construcción de un proyecto inmobiliario en el que ella participaba. También el hijo, José Filomeno, Zenu, fue destituido de su cargo público y detenido.

La crisis estalló justo en medio de los planes del presidente para flexibilizar el sector y atraer inversión exterior; un conjunto de reformas que Gonzalo Escribano, analista del Real Instituto Elcano, considera “acertadas y necesarias”. La primera consistió en limitar Sonangol a la producción y suministro de carburantes, retirándole sus atribuciones en prospección y producción, que pasaron a un nuevo órgano, la Agência Nacional de Petróleo, Gás e Biocombustíveis (ANPG). La decisión no fue bien recibida en Sonangol, una especie de Estado dentro del Estado. Por si esto no fuera suficiente, se la ha conminado a vender sus participaciones no petroleras, por ejemplo el 19,4% del banco luso BCP o el 15,9% indirecto que tiene en Galp a través de Amorim Energia.

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