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EMPRENDEDORES

Abonar la tierra con el mar

Ficosterra vende un fertilizante ecológico a base de algas y microorganismos para mejorar la productividad agrícola

Equipo de la firma burgalesa Ficosterra.
Equipo de la firma burgalesa Ficosterra.

Luis Lombana, consejero delegado de esta empresa burgalesa, se fijó en las largas colas de agricultores que esperaban para recolectar el sobrante de algas cocidas de la fábrica de espesantes alimenticios Hispanagar, donde trabajaba. Arqueó la ceja y tras un viaje a Japón —en donde conoció los beneficios de los microorganismos en la mezcla de algas, como abono— confirmó la idea, se metió en el laboratorio con ayuda de la Universidad de Valladolid para afinar el producto y, en septiembre de 2016, lanzó la empresa, Ficosterra, y este fertilizante vegetal 100% ecológico. El empresario asegura que incrementa la producción hasta un 15% (en función del tipo de cultivo), enriquece y protege el suelo, y aumenta las defensas de la planta contra el estrés ambiental.

“Nos pareció una idea bonita y necesaria porque el uso de abonos químicos va agotando el terreno, además de ser un perjuicio para los acuíferos, motivos por los cuales la Unión Europea fomenta el uso de abonos orgánicos, en su lugar”, explica Lombana. Juan José Durán, director del departamento de Investigación y Prospectiva Geocientífica del Instituto Geológico y Minero de España, aporta el dato: “Uno de cada cuatro acuíferos en España está contaminado por fertilizantes químicos”. La idea de abonar los cultivos con algas surgió hace unos dos milenios en China y se extendió luego por todo el mundo.

La empresa, nacida en el seno de la economía circular, ofrece varios productos como el bokashi de algas, que no es un plato asiático sino su abono orgánico estrella, envasado en sacos de 2,5 o 40 litros, compuesto de unas algas rojizas llamadas gelidium y gracilaria, al que añaden —además de los microorganismos— corteza de pino para estabilizar la humedad. También trabajan con una solución líquida para regar grandes extensiones que potencia la vida microbiana del suelo, y con otro biofertilizante que acelera el metabolismo de los cultivos.

Ficosterra ha ganado el Premio Quality Innovation Award de Pekín y el Emprendedores XXI de la La Caixa, ambos este año. Tiene sedes en Burgos y en Madrid, cuenta con siete empleados y cuatro comerciales. Facturó 180.000 euros el año pasado y proyecta 400.000 euros para este, aunque aún pelea por alcanzar beneficios. “No es fácil innovar en un sector tan tradicional como el campo, pero seguimos creciendo poco a poco”, concede Arancha de la Mata, responsable de Comunicación. Aun así, ya trabajan para diferentes distribuidoras como Valenzuela, Agro 21 (para fresas y frutos rojos), Hifas da Terra en Galicia (para castaños), Abona Global (en Extremadura), Sipcam en Valencia y también para varios campos de golf. Consiguieron parte de la inversión del Instituto Financiero Sodical y de Enisa, empresa pública que otorga créditos a pymes innovadoras. “Nunca es sencillo conseguir recursos económicos, pero si se tiene un buen proyecto se encuentra el dinero”, señala Lombana. A mediados de este año planea dar el salto a Marruecos y a Centroeuropa, donde la demanda de productos orgánicos está más desarrollada.

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