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Bajo Presión: la exprimida clase media

Resolver el estancamiento económico y social de la clase media no es tanto una cuestión de ideología sino de sentido común

El centro comercial East Side en Berlín.
El centro comercial East Side en Berlín. Getty Images

Este título no es la cabecera de un panfleto, ni el encabezamiento de un nuevo libro de pensamiento radicalizado. Se trata del título de una nueva publicación de la OCDE, que ha visto la luz el día 10 de Abril.

Es un informe descarnado que va desgranando los infortunios de la clase media, una clase a la que el estudio presenta como estancada después de un largo viaje de declive que ha durado ya tres décadas, que se agudizó con la crisis financiera y que no tiene pinta de resolverse en la nueva economía digital. Un estudio que parte de una definición: clase media es aquella que percibe una renta anual de entre el 75% y el 200% de la renta mediana en el país. En el caso español, las personas que tienen una renta anual de entre 12.911 y 34.488 son las que componen la clase media, un segmento enorme, si no mayoritario, de la población.

Los datos que se presentan en este estudio son bien elocuentes:

A) Las rentas de la clase media desde mediados de los ochenta se han estancado y por supuesto han crecido mucho menos que las rentas de las clases altas: 1,6% (desde mediados de los ochenta a mediados de los noventa), 1% (desde mediados de los 90 hasta mediados de los 2000) y apenas un 0,3% entre 2007 y 2016, sin casi variación en los últimos diez años. Comparadas con las rentas altas han crecido en estos treinta años un tercio menos.

B) Además, dichas rentas han aumentado mucho menos que los precios de bienes y servicios que son centrales en el consumo de la clase media: la vivienda (cuyos precios han crecido en los últimos 20 años 3 veces más deprisa que la renta), la educación especializada y postgrado (cuyos precios han aumentado 2,5 veces por encima de los tímidos incrementos de la renta), o la sanidad cuando los recortes del presupuesto público la han hecho necesaria (cuyos precios han crecido el doble que la renta). El resultado es que en 24 países de la OCDE, un hogar de cada dos de clase media tienen en la actualidad dificultades económicas (dos de cada tres en los países del sur de Europa) y el 40% de los hogares no tienen modo de responder a imprevistos económicos. Otra consecuencia es que, para los hijos de la clase media, alcanzar ese estatus se ha convertido en un sueño casi imposible: de hecho solamente se hace viable cuando en un hogar se ingresan dos sueldos, pues con uno ya no basta como hace tres décadas.

C) A ello se añade una creciente inseguridad respecto al trabajo: el perfil de cualificaciones necesarias para mantenerse en la clase media se ha elevado, de modo que casi la mitad de los trabajadores de clase media tienen puestos de alta cualificación (esta proporción era de un tercio hace veinte años). Y cerrando este círculo de dificultades relacionadas con el trabajo, uno de cada seis puestos de trabajo de profesionales y trabajadores de la clase media están en riesgo de desaparecer debido a la automatización y robotización de actividades rutinarias. En conclusión, uno de cada siete hogares de clase media se han deslizado a un estatus más bajo en los últimos veinte años. En eso consiste, en definitiva, el encogimiento de la clase media: pocos consiguen acceder a ella, pero son muchos los que dejan ese estatus económico.

Son muchas las consecuencias que hay que extraer de este cuadro presentado por la OCDE: la clase media comienza a pensar que el sistema socioeconómico actual es injusto, ya que sus rentas apenas han crecido en los últimos años. Comienza a darse cuenta de que su estilo de vida es caro y cada vez menos alcanzable; y comienza a pensar que sus perspectivas de futuro son cada vez más inciertas.

Son muchos los que han estado advirtiendo de que esta situación, después de cuatro o cinco años de recuperación económica, se debería haber arreglado.

Pero lo importante ahora es quien lanza la advertencia: la OCDE, un organismo en el corazón mismo de las organizaciones económicas globales. La explicación de por qué lo hace creo que es de interés: la OCDE ha iniciado un viaje a través de mapas no explorados abandonando, como poco a poco están haciendo otros organismos multilaterales, aquella orientación que se dio el llamar el "consenso de Washington", la ortodoxia neoliberal que comenzó en los años 80 del pasado siglo.
En ese viaje, la OCDE se ha adentrado en nuevos conceptos, como el de crecimiento inclusivo, el trabajo decente, el nuevo contrato social y, en este momento, con una llamada fuerte de atención respecto al estancamiento y el incierto futuro de la clase media, y las graves consecuencias económicas y sociales que esto tiene para los países desarrollados.

Lo verdaderamente importante es que este nuevo mensaje no está anclado en una ideología determinada, sino que se deriva de los datos estadísticos que la realidad de los países de la OCDE aporta y que la OCDE está constantemente rastreando en la realidad económica y social global. Orientarse en esa dirección, la de resolver el estancamiento económico y social de la clase media después de este informe no es tanto una cuestión de ideología sino de sentido común y de pragmatismo para preservar sociedades integradas y estables.


Manuel Escudero es embajador de España ante la OCDE.

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