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Esta no es una rebaja

La asociación de consumidores Facua señala los fraudes más comunes en época de descuentos e insiste en el papel que pueden jugar las consejerías autonómicas de Consumo

Rebajas en el centreo de Barcelona, el año pasado.
Rebajas en el centreo de Barcelona, el año pasado.

Black Friday, compras navideñas, rebajas. Previsiblemente, la fiebre consumista no parará en enero, un mes en el que tradicionalmente, después de la fiesta de Reyes, muchos comercios exponen los carteles que anuncian los descuentos. Aunque la ley admite rebajas en cualquier período y cada comercio puede efectuarlas libremente, la de este mes es la primera gran campaña del año. Ante la multitud de ofertas, sin embargo, no siempre está claro hasta qué punto el producto que se quiere comprar es realmente un chollo. Y los falsos descuentos, cuando existen, “son muy difíciles de detectar”, admite Ileana Izverniceanu, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

La Ley de ordenación del comercio minorista, no obstante, es muy tajante al respecto: “Siempre que se oferten artículos con reducción de precio, deberá figurar con claridad, en cada uno de ellos, el precio anterior junto con el precio reducido”, reza el artículo 20. Pero no vale con cualquier precio que haya tenido un determinado producto con anterioridad, sino que este debe ser “el menor que hubiese sido aplicado sobre productos idénticos en los 30 días precedentes”. Pese a ello, existen subterfugios para eludir la normativa, según el portavoz de la Federación de Asociaciones de Consumidores en Acción (Facua), Rubén Sánchez, quien señala los cuatro más comunes.

Descuentos fantasmas

El primero, tal vez “el más burdo”, en sus palabras, es inventarse la rebaja, es decir, seguir vendiendo el producto al mismo precio que antes, aunque se afirme estar aplicando un descuento. “Otra fórmula es sacar a la venta un producto que antes no se comercializaba, ponerle un precio y decir que es una rebaja”, dice Sánchez. Y, según Facua, son muchas las cadenas que fabrican o compran artículos para comercializarlos exclusivamente durante la temporada de descuentos.

Jugar con el porcentaje de la rebaja es otra manera de engañar al consumidor, siempre en opinión de Sánchez. “El comercio puede decir que tal producto tiene un descuento del 40%, cuando a lo mejor tiene un 15% o un 20%”. Es posible también que el porcentaje del descuento sea correcto, pero no se aplique sobre el menor precio que el producto ha tenido en el último mes, sino sobre el último precio en absoluto. Un importe que, no tan casualmente, ha sido retocado al alza poco antes del período de descuentos.

En el pasado Black Friday, este podría haber sido el caso del smartphone Huawei Y7 2018 vendido por la cadena de electrónica Worten. “Del 13 al 18 de noviembre, Worten anunciaba una ‘oferta’ en la que el precio de este modelo ascendía a 159 euros, y en la que el precio anterior que se presentaba tachado era de 179 euros”, afirman desde la OCU. La organización, sin embargo, sostiene “que el precio de ese smartphone en ese mismo comercio el 23 de octubre fue de 139,67 euros”, por lo que “el precio final es superior al que tuvo el producto el mes anterior”. A finales de noviembre, la OCU presentó una denuncia en este sentido contra Worten ante la Dirección general de comercio y consumo de la Comunidad de Madrid.

Rastrear y comparar

¿Qué armas poseen los consumidores frente a los falsos descuentos? Entre enero, febrero, julio y agosto, que son meses de rebaja, y Black Friday, Cyber Monday, semanas especiales y otros eventos comerciales, es muy posible que “la mayor parte de los productos tengan descuentos durante cinco o seis meses”, destaca Sánchez. Ya que, finalmente, se puede considerar que cada artículo tiene dos o tres precios distintos durante el mismo año, en su opinión es fundamental individuar la época en la que el producto que queremos adquirir es más conveniente.

“No compres de repente ese ordenador o esa lavadora que necesitas, ve buscando más bien las fechas de las ofertas especiales, haz un rastreo de cuánto costaba el mismo producto en los meses pasados y compara entre los distintos comercios”, sugiere el portavoz de Facua. Cierto, pasar unas horas a investigar puede parecer engorroso y poco práctico, pero “será siempre una mínima parte del trabajo que nos cuesta ganar el dinero que invertimos en aquella compra”, añade.

El rol de las Comunidades Autónomas

Pero más que en la educación del consumidor, es en el papel de la Administración que insiste Sánchez. “Echamos en falta más controles de las autoridades de las Comunidades Autónomas”, afirma el portavoz de Facua, para quien las consejerías de Consumo deberían monitorizar los precios en las semanas previas a las rebajas para averiguar posteriormente la veracidad de los descuentos. Esta operación requeriría “cierto esfuerzo”, admite, “pero se debería centrar sobre todo en las grandes superficies y tras una valoración de los beneficios que aportaría al consumidor, a la lucha contra el fraude y a las arcas públicas”.

Ante una rebaja falsa, un consumidor siempre puede reclamar al comercio. Si la prueba que ha habido un falseo en el descuento es muy sólida, sin embargo, para Sánchez debería también presentar una denuncia ante las autoridades autonómicas correspondientes, para pedir la apertura de un expediente sancionador. “Se suele hacer muy poco, y eso se debe a los escasos incentivos que la Administración ofrece”, denuncia Sánchez. “Como nunca trasciende una multa por fraude en las rebajas, la percepción que tenemos los consumidores es que no hay control del mercado”, concluye.

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