Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Gana España y ganan las multinacionales

Para atraer inversiones hay que facilitar las condiciones regulatorias, fiscales y de infraestructuras

Es verdad que a veces los árboles nos impiden ver el bosque. En las últimas fechas hemos tenido noticias de compañías que han anunciado planes de deslocalizar producción en España. El hecho debe preocuparnos por su impacto económico y social y por lo que atañe a la competitividad industrial. Pero también debemos ponerlo en contexto. Si ampliamos el objetivo, los datos del Ministerio de Industria indican que las cifras de inversión extranjera se mantienen en términos generales, a pesar del clima de incertidumbre. Las multinacionales ocupan a más del 13% de los trabajadores españoles, y según diferentes encuestas, trabajar en una es un destino profesional muy atractivo para muchos estudiantes. Realizan el 35% del gasto privado en I+D, inversión que se demuestra estable en el tiempo. Y no olvidemos que, durante los años más duros de la crisis, su presencia no ha mermado. Al contrario, las multinacionales radicadas en España han seguido incrementado sus plantillas. Y si se me permite, un aspecto más emocional: somos muchas las que nos sentimos españolas de corazón.

Desde luego, no todas las multinacionales son iguales. Ni los modelos de negocio ni los sectores donde operan ni su compromiso son los mismos. Cada una mantiene sus estrategias y sus responsabilidades con los mercados, los clientes y las sociedades en las que se desenvuelven. Pero sí debemos entender que, en general, estas compañías aspiran, como todas, a ampliar su negocio y a extenderlo en todo el mundo. Las filiales de esas multinacionales queremos crecer en los países donde operamos y atraer recursos e inversiones de nuestras casas matrices. Para ello, competimos duramente con otras filiales de nuestras compañías. Se puede decir que funcionamos como embajadores ante nuestras corporaciones. Traer un centro de fabricación, un centro de excelencia, o de I+D a España es fruto de haberlo peleado con Canadá, Rusia, Singapur… Y hemos ganado muchas veces.

La atracción de esas inversiones se traduce en la creación de empleo de calidad, en el fortalecimiento del tejido empresarial a su alrededor, en la formación de talento, en la conexión con las redes de conocimiento mundiales… Y en una importante huella fiscal en el país, no sólo por el Impuesto de Sociedades, sino a través del IVA generado localmente y el IRPF y Seguridad Social ligados a la contratación de sus trabajadores.

Y más allá de la riqueza y el empleo que generan, hablamos de proyectos de alcance global que proyectan a España en el mapa de la innovación mundial: el primer ascensor sin cables del mundo, el principal centro de innovación en impresión 3D, la gestión del 40% de las comunicaciones móviles que se realizan en el planeta, los vagones del metro de Londres, aplicaciones de nanotecnología para el sector del acero utilizadas en 24 países… Proyectos que son tan españoles como de sus empresas, y que se han ganado gracias a que éstas han valorado el capital humano, las condiciones y los recursos que han encontrado en nuestro país. Con ellos, ganamos todos en España.

Pero para seguir trayendo proyectos ganadores, necesitamos no sólo voluntad y compromiso con el país. También argumentos. Bruselas viene avisando del terreno que queda por allanar para atraer inversiones productivas que ayuden a transformar la economía. Llaman a incrementar significativamente el esfuerzo en I+D, principalmente el de las empresas, más allá del alentador cambio de tendencia en 2017 que acabamos de conocer. Para ello, instan a facilitar condiciones regulatorias, fiscales y de infraestructuras que fomenten esta inversión. Reclaman reforzar la competitividad industrial, con una agenda nacional que determine sectores prioritarios, establezca incentivos a la eficiencia energética y contemple la ineludible digitalización de las empresas industriales. Sin olvidar el necesario crecimiento en tamaño empresarial para ser más competitivos, y la crucial asignatura que tenemos con la formación de nuestros jóvenes, los futuros profesionales que vamos a necesitar en un mundo y un mercado de trabajo en plena transformación.

Son desafíos que nos ocupan y preocupan a todos. De ahí nuestra disposición a trabajar con el Gobierno y con las distintas administraciones, a fin de encontrar siempre las mejores fórmulas en términos de seguridad regulatoria, seguridad jurídica y apoyos al I+D. Las multinacionales sentimos que jugamos también para España. Y con ella perseguimos la oportunidad de escalar a las posiciones que creemos que nos corresponden en la carrera mundial de la innovación, la industria y el empleo. Entre todos, tenemos mucho que ganar.

Helena Herrero preside la Fundación I+E Innovación España y HP España y Portugal

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