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ANÁLISIS i

La economía española ante la onda proteccionista

Las nuevas medidas restrictivas impuestas por el G20 afectan a cerca del 3% del comercio mundial

Puerto en Taiwán.
Puerto en Taiwán.

En su informe dirigido a los líderes mundiales reunidos en el G20 esta semana en Buenos Aires, la Organización Mundial del Comercio (OMC) detecta un recrudecimiento de todo tipo de medidas que entorpecen los intercambios internacionales —aranceles aduaneros, trabas administrativas a las importaciones, requisitos regulatorios y otras medidas de salvaguarda del mercado interno—. Entre mayo y octubre, el número de nuevas medidas restrictivas impuestas por los países del G20 se incrementó un 33%, afectando a cerca del 3% del comercio mundial. La incidencia de las barreras comerciales es casi seis veces mayor que en el anterior periodo (ver gráfico), un aumento sin precedentes desde que la OMC recopila información armonizada.

En este contexto, que muestra que la amenaza proteccionista es ya una realidad, no es sorprendente que el comercio mundial esté en plena desaceleración. Se prevé un crecimiento de 3,9% para este año, ocho décimas menos que en 2017. Todos los indicadores —pedidos a la exportación registrados por la industria y los servicios, actividad portuaria— apuntan a un crecimiento aún menor en 2019.

La onda proteccionista se está acercando a la economía española. No sólo por el elevado grado de apertura externa. Nuestras empresas exportan el 35% de su producción de bienes y servicios, diez puntos más que antes del inicio de la crisis. Además, el giro proteccionista procede de importantes socios comerciales. Así, Estados Unidos ocupa el sexto lugar en el ranking de mercados de exportación, mientras que en China la industria sufre un parón como consecuencia de la escalada de aranceles.

La economía española ante la onda proteccionista

Entre los sectores más afectados por las barreras aduaneras y otras iniciativas regulatorias adoptadas o anunciadas, figuran semi-manufacturas como el hierro y el acero, o la automoción, que representan en total más de la cuarta parte del conjunto de ventas españolas en el exterior. La exportación de servicios no turísticos también se enfrenta a limitaciones, sobre todo como consecuencia de las normas que han entrado en vigor en algunos países en materia de contratación pública. Todo ello sin contar con los costosos procedimientos de “conformidad normativa”, que se imponen, por ejemplo, a cualquier empresa que quiera operar en el mercado americano, y que no se encuentran en el repertorio de normas de la OMC.

El contexto externo también se ve afectado por la perspectiva de un Brexit no negociado. En el peor de los escenarios, una salida precipitada provocaría un caos aduanero, además de desorganizar las cadenas de suministro que vertebran el tejido productivo en muchos sectores. Después de Francia y Portugal, Reino Unido es el socio comercial más importante desde el punto de vista de los ingresos netos obtenidos por España en sus intercambios con el exterior. El saldo del comercio de mercancías, favorable a España, roza los 7.500 millones de euros (cifra para 2017). Así pues, en lo que va de año, el excedente comercial con el país es superior a todo el superávit externo de la economía española. Eso sin contar los cuantiosos ingresos del turismo británico.

Las tensiones proteccionistas, unidas al Brexit y el debilitamiento de los mercados europeos, se reflejan en la ralentización de las exportaciones, que según los datos de balanza de pagos que se acaban de publicar crecerían un escaso 2,8%. Mientras tanto la factura importadora se encarece un 6%, pese al reciente desplome del precio del barril de Brent. De mantenerse las tendencias actuales, e incluso bajo la hipótesis de un petróleo relativamente barato, el superávit externo habrá desaparecido en 2020 —y probablemente antes, dependiendo del impredecible desenlace de las negociaciones en torno al Brexit—.

Las tensiones comerciales son síntomas de una crisis de gobernanza de la economía mundial. Un modelo que no ha conseguido atenuar los crecientes desequilibrios de los intercambios entre países, ni el ahondamiento de las desigualdades en el reparto de los beneficios de la mundialización.

Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En Twitter, @RaymondTorres_

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