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El Banco de España calcula que la economía crece el 0,7% pero alerta de “cierto debilitamiento” del consumo

Señala que la inflación ha provocado una bajada del poder adquisitivo al final del segundo trimestre

Un comercio en el centro de Sevilla
Un comercio en el centro de Sevilla

El Banco de España estima que la economía mantiene el ritmo de crecimiento y que el PIB está avanzando un 0,7% en el segundo trimestre del año, la misma tasa que entre enero y marzo. Se trata de una incremento anualizado del 2,8%, un avance todavía muy robusto y que solo supone una leve desaceleración después de tres años sumando crecimientos ligeramente superiores al 3%. Estas cifras están siendo impulsadas por la demanda interna, que a su vez se ve empujada por una creación de empleo que ha recobrado ímpetu.

Sin embargo, en su informe trimestral sobre la economía española publicado este miércoles, el organismo que dirige Pablo Hernández de Cos divisa ya señales de una pequeña ralentización en los indicadores más recientes. Y pone sobre todo el foco en uno de los motores de la economía durante los últimos años: el consumo de los hogares, cuya desaceleración se venía atisbando desde hacía tiempo pero nunca terminaba de ocurrir. Ahora que las tasas de ahorro se sitúan en mínimos históricos y que se agota la demanda de bienes duraderos que había quedado embalsada con la crisis, se aprecian los primeros signos: "En el tramo final del trimestre podría haberse producido un cierto debilitamiento del consumo, como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo que se deriva del repunte de la inflación", señala. Según sus proyecciones, el consumo de los hogares habría sumado un 0,6% en lugar del 0,7% registrado en el trimestre anterior. Es decir, una ralentización bastante suave.  

En cualquier caso, el encarecimiento del precio del petróleo parece ya estar pasando factura. El organismo prevé que solo el componente energético haga que el IPC dé un salto desde el 1,2% interanual anotado en el primer trimestre de 2018 hasta el 2,1% estimado para el periodo abril-junio. Según los cálculos recogidos en el informe, para una subida de un 15% sobre un precio del barril de 65 dólares, se restaría un promedio de hasta 0,2 décimas de PIB al año durante tres ejercicios. Este efecto sería la cota máxima y resulta mayor que el calculado para otros países por las mayores importaciones de energía que precisa España.   

Además, el crédito al consumo ha perdido un poco de dinamismo. Y "los salarios siguen mostrando tasas de avance reducidas, en consonancia con los modestos ritmos de crecimiento de la productividad y los precios", recuerda el supervisor.

El informe también destaca que "la atonía de las exportaciones" ha continuado. En opinión del banco, la apreciación del euro podría estar teniendo un efecto desfasado sobre las ventas al exterior. En general, los datos muestran una cierta ralentización del comercio mundial durante la primera parte del año. No obstante, el documento explica que las exportaciones españolas tiran a su vez mucho de las importaciones para elaborarse. Y eso hará que el avance de las importaciones hacia España también se contenga algo.

Por otra parte, las inversiones en bienes de equipo podrían estar experimentando una mejora tras la debilidad registrada en el primer trimestre. Y la inversión en vivienda dibuja "una pujanza elevada", si bien algo menor que en el trimestre anterior. 

Como ya apuntó en sus últimas previsiones económicas, la actividad seguirá creciendo a buen ritmo. Pero poco a poco sufrirá una ralentización: "El crecimiento del PIB tendería a moderarse en los próximos años como consecuencia del alza reciente del precio del petróleo, una contención gradual de los ritmos esperados de avance de los mercados exteriores y un cierto atemperamiento del impulso expansivo procedente de la política monetaria. En concreto, tras avanzar un 2,7% este año, el PIB crecería un 2,4% y un 2,1% en 2019 y 2020, respectivamente", dice.

Respecto a la súbita moderación del crecimiento vivida en la zona euro, esta se califica en parte de "transitoria" por el mal clima y la fuerte epidemia de gripe sufrida en Alemania. Sin embargo, también se detectan factores más persistentes como la ralentización del comercio, lastrado por la apreciación del euro y las presiones proteccionistas. “Los fundamentos económicos del área del euro continúan siendo robustos, lo que permite anticipar la continuación a medio plazo de la actual fase expansiva, a tasas todavía superiores al crecimiento potencial de la economía, si bien más moderadas que las observadas durante 2017”, afirma.

El Banco de España considera que este entorno positivo se podría estar "enturbiando" por varias fuentes de incertidumbre. En ellas destaca el riesgo de que las relaciones comerciales se vean dañadas por "los sucesivos anuncios de Estados Unidos de aumentos de aranceles y las respuestas de otros países". De acuerdo con los cálculos realizados por el supervisor, EEUU podría perder más que China por los tarifas anunciadas hasta ahora. La economía estadounidense se dejaría hasta 0,5 décimas de PIB; la china, hasta 0,3. 

También cree que la evolución de los mercados deja entrever claros riesgos adicionales: por un lado, la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, que se traduce en una apreciación del dólar que están acusando muchos emergentes al sufrir salidas de capitales. Por otro, las tensiones vividas en el mercado de deuda provocadas por Italia, lo que "pone de relieve las carencias que aún subsisten en el diseño institucional de la Unión Económica y Monetaria". Y lo afirma a la vez que se está discutiendo en Europa como mejorarlo. Mientras que las rentabilidades del bono alemán a diez años están unos 20 puntos básicos más bajas que en marzo, las del bono español se encuentran unos 20 puntos por encima, observa el Banco de España. 

En cuanto a las incertidumbres en el ámbito nacional, como ya ha reiterado en varias ocasiones, advierte de que la política puede acabar suponiendo un freno para la economía si se da una parálisis de las reformas. "Junto a los riesgos relativos al entorno exterior que se han descrito, este escenario favorable está sometido a las incertidumbres acerca del curso futuro de las políticas económicas domésticas, que se derivan de un contexto en que la configuración de fuerzas parlamentarias puede dificultar la conformación de mayorías que impulsen la actividad legislativa", apunta.

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