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Vainilla a precio de oro

Los desastres naturales, una mala cosecha y la especulación han puesto sobre las cuerdas a la especia

Plantación de vainilla en Andapa (Madagascar).
Plantación de vainilla en Andapa (Madagascar).Michel Renaudeau (Getty)

Hace 500 años, consumir vainilla era todo un privilegio. Del otro lado del Atlántico, allí en el nuevo mundo, el emperador Moctezuma Xocoyotzin tomaba una bebida preparada a base de cacao y maíz, y aromatizada con un particular perfume. Los indígenas la llamaban “la bebida de los dioses” y solo podía ser ingerida por la élite del imperio azteca. El aroma que desprendía el brebaje cautivó de inmediato a los conquistadores de Hernán Cortés que quedaron fascinados al descubrir que emanaba de una varita negra: la vainilla, que hoy ha vuelto a convertirse en un lujo para el paladar. Al menos aquella de calidad y proveniente principalmente de Madagascar, denominada bourbon, introducida en África por los franceses en el siglo XIX y que encontró tierra fértil en la isla malgache, que controla entre el 80% y 85% del cultivo de la planta en el mundo.

En tan solo tres años, la especia multiplicó su precio por diez, sobrepasando incluso el de la plata. A mediados de 2017, un kilogramo de vainilla valía más de 600 dólares (508 euros, al tipo de cambio actual), mientras que el metal precioso alcanzaba los 528 dólares (449 euros) por kilogramo, según Financial Times, en base a estadísticas de Reuters. El alza ha sido significativa. En 2014, la vainilla llegaba a solo 60 dólares (50,8 euros) por kilo, explica Josephine Lochhead, presidenta de Cook Flavoring, una compañía estadounidense extractora de la esencia, una de las más longevas de la industria, que ha visto cómo el coste de la especia en Madagascar se ha embarcado en una montaña rusa desde su liberalización, en 1989.

En esta historia, los desastres naturales han jugado un gran papel. En 2000, un huracán azotó Madagascar, uno de los países más pobres del mundo. En aquel entonces, la producción no se recuperó del todo debido a unas temperaturas más frías de las habituales y abundantes lluvias, que derivó en un aumento constante en el coste de la especia hasta que, en 2003, alcanzó casi los 600 dólares por kilogramo, explican Paul Krugman y Robin Wells, en su libro Macroeconomía (Reverte, 2016). Esto produjo una caída de la cantidad demandada: el consumo mundial se redujo un 35% en ese periodo, pero los ciudadanos no dejaron de degustar alimentos y productos con sabor a vainilla. En su lugar empezaron a comprar (a menudo sin darse cuenta) helados y otros productos preparados con una esencia artificial, que procede de otras sustancias naturales y derivados de la industria petrolífera, explican los economistas.

Después vino la debacle. El precio no era sostenible y en tan solo un año descendió hasta los 15 dólares, comenta Lochhead. Entre 2004 y 2011, los agricultores fuera de Madagascar, como India, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Uganda, entre otros, perdieron el interés en el cultivo, pues los precios rondaban los 20 y 30 dólares, explica la presidenta de Cook Flavoring. “Los campesinos dedicaron sus vides a sembrar otros alimentos más lucrativos y menos intensivos en mano de obra”, comenta. Este fenómeno redujo las reservas de la especia, mientras que Europa, Estados Unidos, y recientemente China y Brasil, no paraban de demandar el producto, destaca.

La ley de la oferta y la demanda marcaba la ruta de la especia. Pero en 2017, después de cinco años de mesuradas alzas, los desastres naturales llevaron a los precios nuevamente al cielo. El golpe del ciclón Enawo, que dejó 38 muertos y 53.000 desplazados, destruyó las plantaciones de vainilla malgaches y con ello redujo las cosechas hasta un 30% en la isla, de acuerdo con Aust & Hachmann, distribuidor de vainilla canadiense. Fue entonces que los exportadores empezaron a especular con el coste del producto, detalla Lochhead.

Menos oferta

A la par, las reservas de vainilla se reducían día tras día. En 2007, los inventarios en todo el mundo superaban las 2.000 toneladas, pero se han agotado lentamente desde entonces, comenta Lochhead. Los grandes exportadores, principalmente de Madagascar, que tienen inventarios están aprovechando esta coyuntura. “[Ellos] harán todo lo posible para mantener los precios altos”, destaca la analista, que espera una moderación hacia el próximo año. “La mayoría de los expertos cree que la fuerte caída de los precios ocurrirá en 2019, cuando la producción de vainilla comience a aumentar significativamente”, afirma.

Mientras tanto, las multinacionales como Häagen-Dazs, Coca-Cola, Nestlé, Unilever o Danone, entre otras, están obligadas a pagar los altos precios, comenta David van der Walde, director of Aust & Hachmann. “Las grandes compañías pueden absorber los crecientes aumentos... simplemente no pueden cambiar sus fórmulas. Saldrán de la tormenta y ganarán más dinero más tarde, cuando el coste sea menor”, relata en un análisis.

Hacia fines de 2017, los comerciantes de vainilla habían previsto un posible descenso de los precios en algún momento de este año, pero la tendencia bajista está siendo muy gradual, comenta Julian Gale, experto en materias primas en IEG Vu, una agencia inglesa dedicada al análisis de materias primas. Hoy, el precio ronda entre los 525 y 575 dólares, según Cook Flavoring. A pesar de ello, no hay evidencia de escasez de vainilla en el mercado ni compras de pánico, concluye la presidenta de la firma.

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