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El gobernador letón acusado de exigir sobornos teme por su vida y se aferra al banco central

Ilmars Rimsevics defiende su inocencia en un turbio caso de corrupción rodeado de teorías de la conspiración

El gobernador del banco central de Letonia, Ilmars Rimsevics, este martes.
El gobernador del banco central de Letonia, Ilmars Rimsevics, este martes. REUTERS

Un criterio para medir la influencia es la distancia a la que se vive del susurro de Mario Draghi. Ilmars Rimsevics, gobernador del Banco Central de Letonia, ha residido a unos metros de las palabras y oídos del presidente del BCE cada mes y medio. Rimsevics es un hombre importante. Su nombre, como el de otros muchos hombres importantes, apenas era conocido hasta este sábado fuera de las fronteras de su país. Visto el motivo de su repentina celebridad, nadie duda de que habría preferido preservar ese semi-anonimato.

Miembro del consejo de gobierno del BCE como máxima autoridad bancaria de Letonia, la última semana ha paseado por el ojo del huracán. Un banquero central sube tipos de interés, controla la inflación, y transmite señales de lo que está por venir en política monetaria. Rimsevics ha sido acusado de exigir sobornos, ha respondido preguntas de los inspectores anticorrupción durante ocho horas en plena noche, ha sido detenido dos días. Y mientras el escándalo le salpica de lleno, ha evitado con todas sus fuerzas conjugar el verbo dimitir.

Los hechos se conocieron en la mañana del domingo, cuando el Gobierno letón hizo pública su detención sin explicar los motivos. Al ser requerido por los agentes antifraude, Rimsevics regresó al país urgentemente, y nada más aterrizar en Riga tuvo que responder a un extenso interrogatorio sobre los cargos de soborno que se le atribuyen. Según la agencia Associated Press, la entidad financiera letona Norvik Bank acusó a Rimsevics de exigirle 100.000 euros bajo la amenaza de represalias si no efectuaba el pago.

La secuencia desde entonces ha sido de vértigo. Tras quedar en libertad mientras la investigación avanza, Rimsevics convocó una rueda de prensa en la que negó tajantemente haber reclamado sobornos, y culpó a varios bancos letones de intentar echarle de su puesto. “Me he convertido en el objetivo de bancos que quieren destruir la reputación de Letonia”, recriminó. Según su versión, las entidades le achacan haber impulsado investigaciones de la agencia anticorrupción contra ellas, motivo por el que le acusaron de recibir sobornos para provocar su caída y reemplazarlo por otro banquero más complaciente.

Embarcado en la batalla por probar su honestidad, y empeñado en crear un clima de normalidad en torno a su figura pese a la gravedad de las acusaciones, incluso se mostró dispuesto a asistir a la reunión del BCE de este miércoles. Mientras, a su alrededor, varios ministros exigían su dimisión para preservar el buen nombre del banco central letón hasta probar su inocencia. No lo consiguieron. Rimsevics admite haber mantenido reuniones con el propietario de Norvik Bank, el ciudadano británico residente en Rusia Grigory Guselnikov, pero rechaza con ahínco cualquier sospecha de corrupción.

Pese a la vehemencia con que ha defendido su inocencia, el banquero letón fue suspendido de sus funciones por el Gobierno el lunes. Pero en un nuevo giro de guion, la teoría de que Rimsevics ha sido víctima de una conspiración ha ido ganando terreno entre los miembros del Ejecutivo. El martes, el ministro de Defensa insinuó que las acusaciones de corrupción pueden ser parte de una campaña de desinformación promovida desde el exterior para dañar la confianza en el país e inmiscuirse en las elecciones letonas de octubre. Según su tesis, el modus operandi ha sido idéntico al de otras campañas de injerencia en las elecciones francesas, alemanas y estadounidenses, aunque eludió mencionar a Rusia.

Amenazas de muerte

Los interrogantes son amplios. Rimsevics también ha vinculado el inicio de la investigación contra él con su negativa a dar liquidez al letón ABLV Bank, investigado por EE UU por blanqueo de capitales y mantener negocios con Corea del Norte. Y en medio de la confusión, el banquero teme por su vida. “He recibido amenazas de muerte y he informado de ellas a las fuerzas de seguridad”.

Mientras se resuelven los acertijos que rodean la trama, la carrera de Rimsevics pende de un hilo. Pese a su relativa juventud, a sus 52 años es el más veterano entre los gobernadores de los bancos centrales de la zona euro, dado que dirige la entidad desde 2001. Este miércoles, sin embargo, se mantuvo lejos de los susurros de Draghi: la subgobernadora del banco central letón, Zoja Razmusa, ocupó su lugar en Fráncfort.

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