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La política enreda en el mercado

El optimismo del inversor se frenó en el último tramo de 2017 por Cataluña, según el índice de confianza de JP Morgan AM

La última oleada de la Encuesta de Confianza del Inversor que elabora JP Morgan Asset Management, y que publica en exclusiva EL PAÍS, tiene dos lecturas. La buena señala que el indicador estuvo en positivo los cuatro trimestres de 2017, algo que no ocurría en un año natural desde antes de la crisis. La interpretación más pesimista hace hincapié en el lastre que la situación política en Cataluña supone para el ánimo de los ahorradores españoles.

Un entorno continuista en 2018

Manuel Arroyo, director de inversiones de JP Morgan Asset Management, no ha variado su visión del mercado de los últimos trimestres, es decir, el entorno sigue siendo bastante positivo para los activos de riesgo. “La mayor parte de las economías del mundo crecen de forma sincronizada. Es verdad que no todas están en la misma fase del ciclo, pero en EE UU, que quizás sea la que esté en un estadio más avanzado, tampoco vemos ningún peligro de recesión inminente”, señala.

A la bonanza económica habría que añadir, según Arroyo, que la situación de liquidez sigue siendo favorable para los mercados. “La base monetaria en las principales economías del mundo va a seguir creciendo en 2018 de forma agregada. Además, los tipos de interés se irán normalizando de forma gradual. El único peligro que vemos en este sentido sería la inflación, pero de momento los precios están por debajo de los objetivos de los bancos centrales”.

A pesar de estos vientos de cola, Arroyo reconoce que es importante ser selectivos. “En renta fija las valoraciones son muy ajustadas y habría que buscar oportunidades en deuda emergente o bonos corporativos. En el caso de las acciones, los precios empiezan a converger con la media histórica y en EE UU están incluso por encima. Sin embargo, el aumento de las cotizaciones de la renta variable ha venido respaldado por la mejora de los beneficios empresariales”, indica.

Un aspecto a tener muy en cuenta en las estrategias de inversión, como ya ocurrió en 2017, es la evolución de las divisas. “Estamos en un ciclo de dólar débil y esperamos que el tipo de cambio frente al euro pueda llegar a 1,35”.

La política enreda en el mercado

El referéndum ilegal y la posterior declaración de independencia promovidos por el Parlamento catalán enfriaron la tendencia optimista que había comenzado a principios del año. El indicador de la gestora de fondos, que se construye a partir de las respuestas que dan los encuestados sobre cómo creen que evolucionará la Bolsa a medio plazo, descendió de 2,82 puntos del tercer trimestre del año a 1,46 puntos en el periodo comprendido entre octubre y diciembre pasados. El número de optimistas en el último tramo del año, aquellos que ven “probable” o “muy probable” que la renta variable suba en los próximos seis meses, fue del 32,8% frente al 37,4% de la oleada anterior. En cambio, el grupo de pesimistas (ven factible que haya caídas en el mercado) creció del 13,3% al 20,6%, su nivel más alto desde 2016.

El Ibex se aleja de Europa

En el colectivo de los pesimistas, la respuesta que más se repite a la hora de argumentar por qué esperan una fase bajista de la Bolsa es “por la situación de Cataluña”. Otro dato que corrobora el efecto nocivo que la crisis política en esta comunidad tiene para las expectativas de los inversores está relacionado con la pregunta acerca de cuál es el índice que los ahorradores ven con mayor potencial. Antes de que el desafío secesionista entrara en su fase más álgida, el Ibex 35 peleaba con el resto de Bolsas europeas el primer puesto entre las preferencias de los inversores. Ahora, sin embargo, el resto de plazas continentales son vistas con mayor atractivo que el selectivo español. A pesar del aumento de la incertidumbre, el pico del pesimismo inversor fue en octubre, para luego ir recuperando algo de fuelle a medida que la situación política, si no se solucionaba, sí al menos entraba en una fase de menor tensión.

El ahorrador español sigue siendo bastante conservador. El 45,6% de los participantes en la encuesta de JP Morgan AM asegura que su principal objetivo a la hora de invertir es “no perder dinero”. El 32,1% afirma que está dispuesto a sacrificar parte de la rentabilidad a cambio de “cierta seguridad”, y solo el 22,3% asegura que su prioridad cuando acude al mercado es lograr la “máxima rentabilidad”.

La política enreda en el mercado

Este perfil un tanto timorato no impide que en los últimos trimestres se observe un cambio significativo en las estrategias de inversión. Los españoles, poco a poco, están abandonando el monocultivo basado en los depósitos bancarios y en las cuentas a plazo, para abrir sus carteras a otros activos con un perfil de riesgo superior. A la pregunta de en qué producto de inversión invertirá en los próximos seis meses, el 45,7% se decanta por los depósitos. Se trata de la cifra más baja desde el tercer trimestre de 2008. Por su parte, la adquisición de fondos de inversión como alternativa sube al 11,8%, su mayor nivel desde que estalló la crisis, un 17,4% se decanta por los planes de pensiones cuando solo el 11% contemplaba esta opción hace un año, y un 12,1% asegura que invertirá directamente en Bolsa frente a solo el 2% que se decantaba por esta opción a principios de 2016.