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COLUMNA

Crueldad, incompetencia y mentiras

El enésimo proyecto de reforma sanitaria es todo lo malo de los republicanos actuales llevado a su máxima expresión

El senador republicano Lindsey Graham (centro).
El senador republicano Lindsey Graham (centro). REUTERS

El proyecto de ley Graham-Cassidy (por los apellidos de sus promotores), que el Senado votará posiblemente la próxima semana, es increíblemente cruel. Está también muy mal escrito; está claro que los proponentes del proyecto no tenían ni idea de lo que hacían al redactarlo. Es más, en sus esfuerzos por venderlo recurren a mentiras obvias y descaradas. No obstante, es posible que se apruebe. Y eso dice mucho, y nada bueno, del Partido Republicano de hoy.

La Ley de Atención Sanitaria Asequible (conocido como Obamacare), que ha reducido el porcentaje de estadounidenses sin seguro a un mínimo histórico, creó un asiento con tres patas: normas que impiden a los aseguradores discriminar a personas con afecciones preexistentes, la exigencia de que los individuos dispongan de un seguro adecuado (y por lo tanto paguen al sistema mientras están sanos) y subvenciones para hacer ese seguro asequible. Las familias de rentas más bajas reciben directamente la atención sanitaria del Medicaid.

El proyecto Graham-Cassidy sierra las tres patas de ese taburete. Igual que los demás planes republicanos, elimina el mandato individual. Sustituye la ayuda directa a los individuos por subsidios en bloque a los estados, mediante una fórmula que reduce drásticamente la financiación con respecto a la ley actual, y penaliza especialmente a aquellos estados que han hecho una buena labor a la hora de reducir el número de personas no aseguradas. Y, a efectos prácticos, elimina la protección a los estadounidenses con afecciones preexistentes.

¿Sabían los patrocinadores del Graham-Cassidy lo que hacían cuando compusieron este proyecto de ley? Casi seguro que no, o no habrían sacado algo que todos, y quiero decir todos, los que saben algo sobre la atención sanitaria señalan que provocará el caos. No solo los progresistas: la Asociación Médica de EE UU (AMA, en sus siglas en inglés) y el sector de los seguros han advertido de que desestabilizará los mercados y dejará sin cobertura a millones de personas.

¿Cuánta gente perdería el seguro? Los republicanos están intentando que se apruebe a toda prisa el proyecto antes de que la Oficina Presupuestaria del Congreso tenga tiempo de analizarlo, un intento que infringe todas las normas establecidas y que equivale a admitir que el proyecto no resistiría el examen. Pero la Oficina ha analizado otros proyectos que contienen algunas de las disposiciones de Graham-Cassidy, y estos análisis previos indican que sumaría unos 30 millones de personas a las filas de los no asegurados.

Lindsey Graham, Bill Cassidy y los demás defensores del proyecto han respondido a estas críticas a la vieja usanza: con mentiras.

Tanto Cassidy como Graham insisten en que su proyecto de ley seguiría protegiendo a los estadounidenses con afecciones preexistentes, una afirmación que no comparten todos los que lo han leído.

Cassidy también ha puesto en circulación una hoja de cálculo que pretende demostrar que con este proyecto la mayoría de los estados recibirá más financiación. Pero la hoja no compara la financiación con la ley actual, que es la cuestión que importa. En cambio, muestra cambios en la cantidad de dólares a lo largo del tiempo.

De hecho, es una artimaña bien conocida y que los republicanos llevan usando desde que Newt Gingrich intentó destripar la asistencia sanitaria gratuita para los mayores de 65 años (Medicare) en la década de 1990. Como todos los miembros del Congreso —Cassidy incluido— sabrán, las comparaciones como estas minimizan drásticamente el verdadero alcance de los recortes, puesto que en la ley actual se prevé que el gasto aumente con la inflación y el crecimiento de la población. Análisis independientes calculan que la mayoría de los estados experimentarán de hecho elevados recortes en la ayuda federal, y todos sufrirán enormes recortes después de 2027.

Por consiguiente, nos encontramos ante un proyecto de ley mal redactado que perjudicaría a millones de personas y cuyos defensores están intentando venderlo con afirmaciones meridianamente falsas. ¿Cómo es posible que aun así el Senado pueda aprobarlo?

Una respuesta es que los republicanos están desesperados por destruir el legado del presidente Barack Obama de cualquier modo posible, sin importar cuántas vidas de estadounidenses arruinen en el intento.

Otra es que la mayoría de los legisladores republicanos desconocen la sustancia política y tampoco les interesa. Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la atención sanitaria, en la que nunca intentaron entender por qué el Obamacare es como es, ni la manera de diseñar una alternativa no maligna. La página de noticias Vox pidió a varios senadores del Partido Republicano que explicasen qué hace el Graham-Cassidy; las respuestas variaron de la incoherencia a la beligerancia o incluso la incoherencia belicosa.

Y yo añadiría que las evasivas y las mentiras que vemos respecto a este proyecto de ley son el procedimiento habitual del partido desde hace años. El truco de convertir programas federales concretos en subvenciones en bloque y luego pretender que esto no supondría recortes salvajes era uno de los elementos fundamentales de todos los loados presupuestos de Paul Ryan. El truco de comparar cantidades de dólares a lo largo del tiempo para ocultar enormes recortes de prestaciones lleva en funcionamiento, como ya he señalado, desde la década de 1990.

En otras palabras, el Graham-Cassidy no es una aberración; es más bien todo lo malo de los republicanos actuales llevado a su máxima expresión.

¿Se convertirá en ley este horrible proyecto? No tengo ni idea. Pero aunque el puñado de senadores republicanos que todavía conservan algo de conciencia —te estamos mirando, John McCain– lo bloqueen, la enfermedad subyacente del Partido Republicano persistirá.

Es una especie de afección preexistente, y está envenenando a Estados Unidos.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2017.

Traducción de News Clips.