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Trump versus Reagan

La agenda de nuevos tratados queda congelada pero es poco probable una ola de proteccionismo elevada

Donald Trump, en su visita a la Casa Blanca para preparar la transición.
Donald Trump, en su visita a la Casa Blanca para preparar la transición. AFP

El Partido Demócrata ha tenido más votos que los republicanos pero peor repartidos por Estados. Trump ha sacado menos votos que Romney en 2012 pero Clinton ha perdido 6,5 millones de votos que tuvo Obama y por eso no es presidenta. El empleo total, el empleo industrial, los salarios medios y mínimos, la desigualdad y la sanidad han mejorado desde las elecciones de 2012 y las rentas bajas han votado mayoritariamente a Clinton.

Por lo tanto, la causa de la victoria de Trump tiene que ver más con la incapacidad de la candidata demócrata de movilizar a sus votantes potenciales que con motivos económicos.

El discurso proteccionista de Trump chocará primero con el Congreso y luego con la Organización Mundial del Comercio. La agenda de nuevos tratados queda congelada pero es poco probable una ola de proteccionismo elevada. El mayor foco de incertidumbre de Trump es su visión de la política monetaria y sus propuestas de política fiscal. Trump acusó a la presidenta de la Reserva Federal (Fed), Janet Yellen, de actuar por motivaciones políticas al no subir los tipos de interés en su última reunión en plena campaña para beneficiar a Clinton. Y dijo que había una burbuja en las Bolsas provocada por la política de tipos cero de la Fed. Trump no tenía el programa económico más insensato en las primarias republicanas.

Otros proponían directamente cerrar la Fed e imponer de nuevo el patrón oro, donde el tipo de interés no lo determinaría un consejo formado por economistas de prestigio sino la cantidad y precio del oro en el mercado.

Como Reagan, Trump propone aumentar el gasto militar y bajar los impuestos, sobre todo a él mismo y sus empresas. EE UU tiene un déficit público estructural del 4% del PIB y una deuda pública que supera el 100% del PIB y su programa aumentaría el déficit público estructural, como proponía Syriza en Grecia.

Si la Fed cumple lo que ha dicho Trump debería precipitar la subida de tipos para pinchar la burbuja bursátil aún a riesgo de provocar una recesión en EE UU y en la economía mundial. Y deberían vender deuda pública que compraron cuando llegaron a tipos cero.

Si eso pasa, los tipos de interés subirán, con más intensidad cuando Trump aumente el déficit y emita más deuda pública, y se apreciará el dólar. Los efectos serían menor crecimiento del PIB, de las exportaciones, de la inversión y del empleo especialmente industrial, todo lo contrario de lo que Trump ha prometido en la campaña.

La macroeconomía es la agregación de decisiones microeconómicas de empresas y familias pero la gestión de la política económica tiene una complejidad diferente de la de gestionar una empresa. Crucemos los dedos para que Janet Yellen siga siendo presidenta de la Fed y continúe normalizando la política monetaria con gradualismo y sentido común.

Si la Fed estuviera en manos de Trump y tirase del freno de mano, pararía en seco la economía americana y la economía mundial, destruyendo empleo y despertando el fantasma de la gran depresión y de la deflación, que está muerto pero no enterrado.

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