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Hollande presenta unos presupuestos para Francia con tintes electorales

El Estado suprime la propaganda electoral en papel para ahorrar 169 millones

A siete meses de los comicios presidenciales, Francia ha presentado los últimos presupuestos del mandato de François Hollande con un claro tinte electoral. Las bajadas de impuestos se unen a unas cifras de crecimiento (1,5%) y déficit (2,7%) para 2017 que el propio organismo de control financiero cree “optimistas” o “improbables”. Francia seguirá siendo uno de los países con mayor gasto público del mundo (54,6% frente al 46% de media en Europa), pero al menos cumplirá por vez primera en una década su compromiso de déficit con Bruselas.

El presidente francés, François Hollande
El presidente francés, François Hollande EFE

En los escasos recortes que sufren los ministerios y el Estado central, es significativa la eliminación de 169 millones de euros dedicados inicialmente a la elaboración y distribución de la propaganda electoral en papel.

París está a punto de zafarse de la estrecha vigilancia de la Comisión Europea y el Eurogrupo que sufre desde 2009, cuando se le abrió un expediente por déficit excesivo tras dos años de desequilibrios presupuestarios. Bruselas le dio dos prórrogas para situar el déficit por debajo del 3% y, por vez primera, el Gobierno está seguro de conseguirlo el año que viene. “Si no, la credibilidad de Francia volverá a estar en entredicho”, dice un alto cargo del sector financiero.

Pero para entonces es muy probable, según los sondeos, que los socialistas hayan cedido el poder a los conservadores. Por eso, los presupuestos pecan de ese “optimismo” que dice el Alto Consejo de Finanzas Públicas, que difunde su informe a la vez que el Ejecutivo sus cuentas. Un optimismo que contempla gastos y cargas que puede pagar quien haga los presupuestos para 2018, advierte el Alto Consejo.

De entrada, el Gobierno asegura que Francia crecerá el año que viene un 1,5%, cuando los expertos coinciden más bien en cifras que rondan el 1,2%. Basado en ese optimismo y el consiguiente aumento de ingresos, prevé aumentar el gasto público en 7.540 millones más que el año pasado.

Pese a haberlo rebajado casi 1,5 puntos en su mandato, el elevado gasto público es uno de los principales puntos débiles de la economía francesa, coinciden los expertos. El Ejecutivo socialista lo asume solo en parte, mientras asegura que el modelo social francés con sus elevadas coberturas exige un mayor esfuerzo presupuestario.

La enseñanza y la seguridad son ahora los dos principales capítulos de aumento del gasto. 3.000 millones se invertirán en enseñanza, porque en 2017 habrá 12.600 profesores más. Pese a la crisis, el sector se ha beneficiado de aumentos presupuestarios anuales: en 2017 habrá 60.000 profesores más que cuando Hollande llegó al Elíseo en 2012 para sustituir a Nicolas Sarkozy.

Las bajadas de impuestos son el capítulo más obvio de carácter electoral. Mil millones serán destinados a bajar impuestos a cinco millones de hogares. Pero un año más serán las empresas las más beneficiadas por el socialista Hollande, quien responde a sus críticos diciendo que las cuentas públicas son “creíbles y serias”.

Los impuestos y tasas sociales bajarán otros 5.500 millones (40.000 millones en la etapa Hollande). En los presupuestos de 2017, además, se prevé bajar el impuesto de sociedades del 33.3% al 28%. La deuda ha aumentado siete puntos en cinco años y en 2017 se situará en el 96%.

La enseñanza y la seguridad son ahora los dos principales capítulos de aumento del gasto

El documento oficial de los presupuestos difundido este miércoles está plagado de comparaciones de cifras entre 2012 y 2017, lo que evidencia de nuevo la vocación electoral de las cuentas públicas en esta ocasión. Recoge, por ejemplo, que los más pobres han mejorado en estos años un 4,7% su nivel de vida, mientras que los más ricos ha bajado un 1,7%.

En el terreno económico, no obstante, uno de los datos más preocupantes es el del desempleo, que creció en 55.000 personas en agosto hasta rozar de nuevo el 10%. En 2012, la tasa era del 9,3%.

Hollande ha prometido que no volverá a ser candidato si no invierte la tendencia. Es uno de sus puntos más débiles. El otro, el de haber favorecido a las empresas mucho más que a los asalariados.