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El pequeño gigante de la energía eólica

Uruguay es pionero en Latinoamérica en lograr que el viento sea una de sus principales fuentes de electricidad

Una turbina eólica en un pasto en Libertad, en el departamento uruguayo de San José.
Una turbina eólica en un pasto en Libertad, en el departamento uruguayo de San José. AFP

En Uruguay, el aire sopla a favor. El pequeño país sudamericano, con 3,4 millones de habitantes, se ha convertido en la primera nación de América Latina, y una de las pocas en el mundo, en generar una proporción importante de su electricidad a partir del viento. En menos de una década, la energía eólica ha dado pasos de gigante en este país, en donde reinan las hidroeléctricas, y ha desplazado, casi por completo, a los combustibles fósiles de la producción eléctrica.

"Vivimos una revolución", dice Fernando Schaich, presidente de la Asociación Uruguaya de Energía Eólica (AUDEE). La generación de electricidad a partir del viento supera los 2.000 gigavatios-hora (GWh) —suficiente para abastecer la demanda eléctrica de La Rioja, Ceuta y Melilla— y aporta más de un 20% a la producción de este insumo en el país, según las cifras oficiales a junio de este año. El avance ha sorprendido al mundo entero, pues en 2013 la contribución de las eólicas alcanzaba apenas el 1,2%.

La meta de esta economía es terminar 2017 con un 38% de energía concebida a través de la fuerza del aire. De cumplirse dicho objetivo, Uruguay se acercaría a Dinamarca, país que obtiene el 42% de su electricidad gracias a las eólicas, y estaría por encima de Portugal y España, cuya energía del viento representa el 22,5% y el 19%, respectivamente, de la producción eléctrica.

Uruguay fue un país con un 100% de generación hidroeléctrica durante buena parte de los años noventa del siglo pasado, ahora solo aporta un 60%, explica Omar Paganini, vicerrector y experto en la materia de la Universidad Católica de Uruguay (UCU). Se adoptó la energía térmica, alimentada por fueloil y diésel, como respaldo ante las sequías, agrega. El crecimiento de la demanda de electricidad, sin embargo, no pudo ser cubierto por la energía hídrica, así que el país, que no cuenta con reservas de petróleo, tuvo que recurrir con mayor fuerza a los combustibles fósiles.

Además, para satisfacer el consumo, una parte de la electricidad se importaba de Argentina y Brasil. Los altos precios del petróleo de la década pasada pusieron presión sobre cuentas públicas y obligaron al Gobierno a replantear su estrategia sobre la generación de energía, dice Schaich. Así que se inició una discusión sobre un cambio de matriz energética en 2005, pero fue hasta 2008 cuando se aprobó un plan estratégico con miras a transformar, desde la raíz, la forma de generar energía.

Fue entonces cuando las renovables empezaron a tomar relevancia, destaca Tamara Schandy, analista de la consultora Deloitte. Este cambio comenzó a consolidarse a partir de una mayor participación del sector privado, que recibió (y aún recibe) incentivos fiscales al desarrollar proyectos con un enfoque de energías limpias. En los últimos cinco años, el país ha recibido inversiones por 7.000 millones de dólares en el desarrollo de proyectos con un enfoque sustentable, asegura Gonzalo Casaravilla, presidente de la Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas (UTE), la empresa propiedad del Estado uruguayo que se dedica a las actividades de generación, trasmisión, distribución y comercialización de energía eléctrica.

Lo anterior significa que el país invirtió más del 3% de su PIB anual en infraestructura energética. El mayor gasto, según datos del BID, se ha dado en el sector eólico y el desarrollo de una veintena de parques alrededor de su territorio.

Las renovables ganan peso

"Uruguay se ha convertido en un ejemplo en la región", afirma Jorge Asturias, director de estudios y proyectos de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade). La participación del 56% de energías renovables en la matriz primaria está muy por encima del promedio mundial (9,3%), detalla.

A su vez, en 2015, el 92% de la generación eléctrica se originó a partir de fuentes renovables, mientras que el promedio mundial ha sido del 22%. De esta manera, el país sudamericano, que consume 10.500 GWh anuales y que da energía al 98% de los hogares, se acerca a Costa Rica, la única nación en el mundo que está a punto de abastecer el total de su demanda eléctrica con la fuerza de las renovables. En julio, de este año, por ejemplo, el país centroamericano logró producir el 100% de su electricidad a través de energías limpias y acumuló 120 días de generación ciento por ciento renovable. La fuerza eólica contribuyó con un 12,19, mientras que la hidráulica con un 75%.

La transformación de Uruguay, aclaran los analistas del BBVA, se ha producido a través de cambios en la potencia instalada que se ha duplicado durante la última década, pasando de 2.049 megavatios (MW) en 2005, hasta los 4.049 MW en 2015. Lo relevante fue su enfoque en energías limpias, agregan los expertos del banco. Con una potencia de origen hidráulico fija en 1.538 MW (38% del total) y una creciente fuerza eólica que aporta 857 MW (21%), las fuentes renovables pasaron a representar un 71% de la potencia instalada con solo un 29% de origen no renovable (térmico-fósil).

En este proceso, la energía biomasa, que ya existía en 2005, se volvió más significativa. "Ahora, la nueva apuesta está centrada en la generación de una mayor energía solar", dice Schandy. La aportación de dicha fuente de energía es marginal. En 2015, solo contribuyó con el 0,4% de la generación eléctrica. El objetivo en los próximos años, dice Casaravilla, es que la energía eólica y solar compitan entre sí en la producción.

El aumento de la potencia instalada permitió, además, que Uruguay pasará de importador a exportador de electricidad, dice Schaich, de la AUDEE. En concreto, en 2014 y 2015 se vendieron en promedio unos 1.000 GWh anuales de energía eléctrica, dirigidos casi exclusivamente hacia Argentina. "El próximo paso es consolidar el flujo de ventas también hacia Brasil", comenta Schandy. Si Uruguay va a seguir creciendo en producción eléctrica, destaca la analista de Deloitte, es necesario consolidar las exportaciones. "Por un tiempo, al menos, vamos a estar generando más de lo que necesitamos", concluye.

Nicaragua despierta

En Centroamérica otro pequeño gigante empieza a despertar. Nicaragua es un paraíso de las energías renovables. Sus abundantes recursos permiten a este país contar con un gran potencial hidroeléctrico, geotérmico y eólico, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). Los inversores se han dado cuenta de ello. El país ha recibido inversiones por más de 1.400 millones de dólares entre 2009 y 2014, para el desarrollo de infraestructuras de energías renovables, según las estimaciones del BID. Una buena parte de esos recursos se han destinado a las eólicas, cuya generación se ha multiplicado ocho veces en los últimos siete años. El reto de Nicaragua, dicen los expertos, es dejar de depender del diésel y el petróleo, pues el 55% de la generación eléctrica aún está basada en estos combustibles fósiles. La energía limpia contribuye con un 45%, en dónde la eólica aporta un 14%. De consolidar su posición en energía eólica, Nicaragua se convertirá en el segundo país de América Latina con una proporción importante de su electricidad a partir del viento.