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Un superavión contra los megaincendios

Una compañía de EE UU resucita el mítico jumbo de Boeing para combatir incendios forestales

El SuperTanker B747-400, en un vuelo de prueba.

Los incendios son cada vez más frecuentes y destructivos. Basta con diez días sin lluvia y un relámpago para desencadenar la catástrofe medioambiental. El que desde hace una semana azota la provincia del Alberta (Canadá) está poniendo, además, en evidencia los recursos limitados para contenerlos. Una compañía en Estados Unidos resucita ahora el mítico jumbo como una poderosa herramienta de combate para los servicios forestales.

El The Spirit of John Muir, operado por Global SuperTanker Services, realizó con éxito su primera demostración de vuelo el pasado jueves en el aeropuerto de Colorado Springs en medio de una gran expectación. Utiliza la estructura del Boeing 747-400. Como señala Jim Wheeler, presidente de la compañía, es más moderno que el jumbo que transporta al presidente Barack Obama y en tres horas puede llegar a cualquier punto de la costa Oeste estadounidense.

Evergreen International Aviation operó en el pasado un avión de la misma familia, pero más pequeño. La idea original era modificar hasta cuatro aviones jumbo de carga para realizar este tipo de misiones. Pero la compañía, acosada por los problemas financieros, acabó declarando la suspensión de pagos y aquel proyecto murió. Global Supertanker lo resucita ahora con un avión operado previamente por Japan Airlines, más poderoso que el B747-100 de Evergreen.

Este cuatrimotor fabricado por Boeing tiene una autonomía de 13 horas de vuelo, suficiente para realizar vuelos intercontinentales. Con una escala para recargar combustible puede llegar a cualquier parte del globo en unas 20 horas de vuelo. Los tanques que equipa en el interior tienen capacidad para 75.000 litros de líquido para encajonar el fuego. Con su lluvia artificial hace el trabajo de cinco aviones cisterna C130.

El Global SuperTanker 944 dobla así a los DC 10, los aviones más grandes que operan en la actualidad en la extinción de incendios. “Cada vez va a ser más necesario utilizar aparatos tan grandes para controlar los fuegos”, augura Wheeler, experto en logística. Cliff Hale, el piloto jefe, es el inventor del sistema, que funciona con dos líneas independientes para poder hacer descargar agua en puntos diferentes en un mismo vuelo.

Los tanques se pueden recargar de agua y aire presurizado en solo 35 minutos, aunque dependerá de la presión en la zona en la que recargue. El avión concluirá el proceso de certificación para final de junio, con lo que podría empezar a operar este verano. “Hay gran interés por este tipo de aviones”, insiste Wheeler. El equipo que dirige combina 260 años de experiencia en la extinción de incendios y en el sector de la aviación.

La compañía no revela cuánto cobra por su servicio. “No es barato”, admite el ejecutivo, pero si asegura que estos grandes aviones son competitivos y encajan con la flota ya existente. El coste de combatir los incendios ascendió el pasado año a 2.100 millones de dólares en Estados Unidos, sin contar con las miles de viviendas y propiedades que destruyó el fuego a su paso.

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