Los taxistas de Nueva York demandan a la ciudad por la expansión de Uber

El regulador del transporte en Pensilvania propone sancionar a la compañía con una multa récord de 50 millones de dólares

Publicidad de Uber en el centro de Nueva York. Al fondo, dos taxis
Publicidad de Uber en el centro de Nueva York. Al fondo, dos taxisRichard Levine (CORBIS)

El asalto del gremio de los taxistas contra Uber llega a los tribunales en Nueva York. Pero con una estrategia diferente: en lugar de atacar a la compañía ahora presentan una demanda contra la propia ciudad y la agencia que regula la concesión de licencias. Los propietarios de los taxis acusan a las autoridades públicas de haber arruinado su negocio permitiendo la proliferación de este servicio. El precio de los permisos para operar un taxi tradicional se ha desplomado un 40% hasta ahora.

La última acción legal se inició el pasado lunes en una corte federal en Manhattan (Nueva York). La demanda parte del principio de que los dueños de los icónicos taxis amarillos solo tienen la posibilidad de recoger a clientes que alzan la mano desde la acera en las calles, mientras que los conductores de Uber no tienen este tipo de limitación a la hora de operar por la ciudad, porque se hace todo a través de una aplicación que une al propietario del coche con el cliente.

Es decir, consideran que hay un trato arbitrario en el negocio que favorece a la nueva tecnología. “Eso está creando un daño catastrófico en esta icónica industria y en la vida de decenas de miles de familias que dependen de ella”, se puede leer en la demanda que incluye tanto a dueños particulares de taxis como a asociaciones que representan a más de 4.000 propietarios de licencias.

La demanda incluye algunos datos para representar la disrupción de Uber en su negocio. Mientras que los viajes en Manhattan en vehículos que operan este servicio crecieron en 3,82 millones entre abril y junio de 2015 cuando se compara como se comparan con el mismo periodo del año anterior, las recogidas de clientes cayeron en una proporción casi idéntica en el caso de los taxis amarillos.

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Uber empezó a funcionar en Nueva York en mayo de 2011. Pasados cuatro años sus coches negros superaban en número a los taxis amarillos. La competencia convirtiendo el medallion en un activo deprimido. Hace dos años se pagaban en las subastas más de un millón de dólares por estas licencias. Ahora, si se encuentra un interesado, se podría cambiar como mucho por unos 600.000 dólares.

Primeras quiebras

La alarma empezó a cundir entre los taxistas cuando empezaron a registrarse las primeras quiebras de empresas que operan los taxis amarillos, entre las que se encuentran compañías propiedad del magnate Evgeny Freidman. Las autoridades financieras en Nueva York también tuvieron que salir al auxilio de entidades que conceden crédito a los compradores de estas licencias de taxi.

La acción legal en Nueva York se conoció el mismo día que dos jueces de la agencia que regula el servicio de autobús y taxi en Pensilvania recomendó una multa de 50 millones de dólares contra Uber, por operar en el estado sin su aprobado. La compañía de San Franscico utilizó como argumento que las reglas no se le aplica porque es una firma informática y su servicio no se puede considerar público.

Los magistrados rechazaron este argumento porque considera que Uber está desempeñando un papel cada vez más activo como servicio de transporte. “No se trata de una simple aplicación para gente con necesidad de desplazarse”, afirman los jueces Mary Long y Jeffrey Watson. La dirección de Uber se limita a responder que espera llegar a un acuerdo con los reguladores para solucionar en asunto.

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