_
_
_
_

Las promesas rotas de Google

El gigante de Internet es líder absoluto en las búsquedas o en sistemas operativos para móviles, pero ha cambiado su estructura para reaccionar antes a los fracasos

Sede de Google en Mountain View, California.
Sede de Google en Mountain View, California.David Paul Morris (bloomberg)

“Nosotros celebramos los fracasos”, proclamó Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google y exconsejero delegado de Google, durante una conferencia en 2010 en la que anuncio el cierre de Wave, su primera incursión en las redes sociales. Si algo no funciona se cierra. En los últimos años, los errores del gigante de Internet se han prolongado más de lo aconsejable. La decisión de convertirse en Alphabet, con Google como matriz y seis empresas innovadoras, pretende acentuar este aspecto, el de rectificar rápido si se confunde y con consecuencias controladas sin esperar a tener permiso.

Google es tan exitoso en el mundo que sus fracasos se minimizan. Su buscador acapara más del 60% de las búsquedas en la web. Su sistema operativo Android hace funcionar al 80% de los móviles del mundo y más de la mitad de los anuncios en web se tramitan a través de este gigante. Pero también tiene promesas rotas.

Una de sus primeras experiencias frustrantes fue Google Video. Una vez ordenada la web, que era la misión del buscador, se plantearon repetir la operación con el mundo audiovisual. El nombre era sencillo: Google Vídeo. La presentación, cuestionable. El ancho de banda no era suficiente, por lo que la experiencia tanto de consumo como de subida de contenido estaba lejos de ser satisfactoria. Antes de cerrar, sacaron el talonario.

Su fracaso trajo algo mejor, una de sus grandes armas en la actualidad. Compraron YouTube, entonces una empresa de 60 empleados, por 1.650 millones de dólares. Lo que no supieron hacer en casa, YouTube lo tenía. La startup adquirida convertía los clips en pocos minutos y daba más o menos definición según la calidad de la conexión a Internet.

Cuando comprobó que Google Vídeo no funcionaba compró YouTube

Luego lanzaron Google Voice, que se fue al cementerio sin que nadie lo llorase. Cuando lo metieron en el ataúd todo el mundo buscaba ya en su móvil. ¿A quién se le ocurriría preguntar a Google algo llamando por teléfono y no cobrar? Estaba claro que podrían saber qué le preocupaba a la gente de a pie según el lugar dónde se encontraba o a qué hora les apetecía una pizza según el teléfono que le demandaban al operador. Los de Mountain View ofrecieron esta opción con un número sin coste. Bastaba con preguntar y una voz le daba el resultado. Voice fue la herramienta perfecta para hacerse con todo tipo de voces y acentos sin que el usuario lo percibiese. Durante años almacenaron tonos, giros, dejes, para que cuando hoy alguien hace una petición hablando a su Android no haya dudas.

Entre las propuestas de muerte más súbita se cuentan los anuncios de voz (audio adds). Tan pronto como detectaron el rechazo que despertaban entre los usuarios, lo cerraron. Volvieron a lo básico, las palabras. Gracias a esta decisión Google tiene ganada la batalla de los anuncios aceptables, aquellos que pasan la prueba de los bloqueadores de publicidad. Palabras, solo eso, pero muy bien elegidas y con una cotización pormenorizada, como si fuera una bolsa de valores.

La gran asignatura pendiente son las redes sociales. Facebook y Twitter han dejado al descubierto su carencia para explorar ese campo y fidelizar a un público joven. Al crear Dodgeball pretendían usar los SMS para indicar dónde se estaba, en un bar, pizzería, el trabajo… Se adelantaron a su tiempo. El equipo de Dodgeball siguió pensando que tenía sentido y crearon FourSquare. Hoy compiten por el trono de la información sobre restaurantes y comercios con Yelp.

Evan Williams, cofundador de Twitter, fue trabajador de Google hasta 2004, después de crear Blogger y vender la plataforma de publicación al buscador en febrero de 2003. Se llevó consigo a otro miembro fundacional del pájaro azul, Biz Stone. Sentían que en Google era difícil crear algo nuevo.

Su gran fracaso han sido las redes sociales: Buzz, Wave y Google +

En 2007 lanzaron Twitter. Antes de final de año, los de Mountain View intentaron reaccionar comprando Jaiku, un competidor. En 2009 echaron el cierre. No tiraron la toalla, al contrario. Volvieron a ese mismo sector con fuerzas renovada pero poca gasolina con Buzz, efímero, y Wave, ambicioso. La intención era buena, un hilo de conversación, muy similar a Reddit, con enlaces, imágenes y vídeo. Un híbrido entre el correo y los blogs cuyo contenido era difícil de seguir. Murió a manos de un hermano cuyo rumbo es errante, Google+. El proyecto, que todavía sigue vivo, pero i crece el número de usuario ni su actividad. Resulta complicado explicar qué es o para qué sirve.

Mientras que Larry Page es el realista, Sergey Brin es más juguetón. Este último decidió que tirarse en helicóptero y grabarlo en primera persona para llegar a su conferencia anual era la mejor forma de promocionar su última invención, las Google Glass. Han pasado tres años y todavía solo unos miles de unidades, con precio de 1.500 dólares, han llegado a un grupo selecto de desarrolladores.

Esta no es la única promesa rota en el campo del hardware. Project Ara es una de esas ideas rompedoras que llaman la atención. Consiste en crear móviles por módulos. Se compra la placa base y se van incluyendo piezas, como si fuera un juego de Lego, con la batería, la cámara... El estreno estaba previsto para este verano en Puerto Rico. Se había contemplado hasta un carrito, como los que tienen los chefs de moda, para venderlos por la playa con carcasas personalizadas. Futurista, sí, y de momento, incumplido.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_