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TRIBUNA

En qué país vive usted

Se habrán necesitado, como poco, 11 años para volver a los niveles de empleo anteriores

El presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, destacó una y otra vez la incipiente recuperación. Se apoyó para ello en varios titulares de la prensa internacional (“España emerge de la recesión”, “España es la nueva Alemania”, “España anima a Europa”). El líder de la oposición, rápido, se le encaró: “Señor Rajoy, ¿en qué país vive usted?”, y se apoyó en otros titulares alternativos: “La reforma laboral baja los sueldos un 10% y abarata el despido”, “España es el país europeo con más desigualdades”, “Uno de cada tres niños españoles vive en riesgo de pobreza”…

Así discurrió el debate sobre el estado de la nación del pasado año. Dos percepciones muy distintas sobre la realidad de nuestro país que, es más que probable, acentuarán sus perfiles mañana y el miércoles en el Congreso. Rajoy se apoyará en el mayor crecimiento económico, pronosticado por los organismos multilaterales y los grandes empresarios. Quizá mencione el dato proporcionado por César Alierta, presidente del Consejo Empresarial de la Competitividad, que ha pronosticado un 8% de paro (15 puntos menos que ahora) para el año 2018, en un bucle de 11 años (más de una década perdida) para volver al punto en el que España estaba en el año 2007, aunque los puestos de trabajo que se crearán serán sin duda más baratos y de peor calidad, resultado de la reforma laboral.

Pedro Sánchez, que sustituye a Rubalcaba en la tribuna, no se apartará mucho del mensaje de éste. Posiblemente desgrane el último informe de Cáritas (“Pobreza y desigualdad en aumento”), hecho público en Roma la semana pasada, en el que se describe a nuestro país con un 27,3% de su población total en riesgo de pobreza y exclusión social, sólo superado por Rumanía, Grecia, Italia, Chipre y Portugal. El secretario general de esta ONG en Europa, Jorge Nuño, declaró que “el empobrecimiento y la desigualdad se están convirtiendo en estructurales en un país en el que la crisis no ha pasado”. Ambos fenómenos sociales se han estabilizado. “Lo peor es que se cree que esto es lo normal”.

En el debate de 2014 la recuperación económica fue el único relato de Rajoy. El presidente hizo una intervención que en el papel ocupaba 20 folios a un espacio. De ellos, los 13 primeros estuvieron dedicados a la macroeconomía; a la Unión Europea dedicó un folio y cuarto (relacionando su contenido también sólo con los aspectos económicos); sólo cuatro folios a las tensiones con Cataluña (sin propuesta concreta alguna, más allá de los lugares comunes del diálogo dentro de la ley); y un párrafo a la inmigración, dado que apenas habían pasado unos días de la muerte de un grupo de inmigrantes en Melilla.

Pobreza, desigualdad y exclusión social devienen en estructurales. Parece ya que es lo normal

Mientras el Gobierno puso el único acento sobre la salida de la recesión —lo que indica su confianza en la visibilidad de la mejora como principal baza, casi única, para ganar la tanda de elecciones que vienen por delante—, la oposición institucional (básicamente PSOE, IU, UPD y los distintos nacionalistas) y la voz de la calle (que hace un año había crecido exponencialmente a través de las mareas sectoriales, lo que hoy no es el caso) enfocaron sus críticas en las heridas profundas y de largo plazo que la gestión de la crisis va a dejar en la sociedad española en forma de recortes en educación, sanidad, dependencia, pensiones, seguro de desempleo, paro, reducción de la renta disponible familiar, mortandad de empresas…, y en la agenda ideológica que está aplicando el PP al tiempo que ejecuta su política económica de recortes (reforma de la ley del aborto, ley de seguridad ciudadana, reforma del código penal, desigualdad de oportunidades a través del recorte de becas, mayor control de los medios de comunicación públicos, especialmente de RTVE…).

El debate de este año, ¿será sólo un déjà vu del de 2014 o aparecerán otros elementos? Habrá una realidad flotante nueva, imposible de soslayar: que las dos principales fuerzas políticas emergentes (Podemos y Ciudadanos) a las que todos los sondeos atestiguan como de enorme fortaleza parlamentaria en el futuro inmediato, no estarán presentes. Como ha indicado con gracia el corresponsal de un medio de comunicación foráneo, ese debate será, posiblemente, “el último botellón del bipartidismo”.

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