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La aeronáutica mexicana también crece lejos de la frontera con EE UU

Bombardier, Safran o Airbus fabrican sus piezas a lo largo de los cinco kilómetros del corredor empresarial de Queretaro

Un avión, en la Universidad Aeronáutica de Queretáro.
Un avión, en la Universidad Aeronáutica de Queretáro.

Miguel Bribiesca observa un avión Learjet 25 que se exhibe en la Universidad Aeronáutica de Querétaro (UNAQ) mientras un grupo de estudiantes arma uno de sus motores. “A 600 kilómetros por hora y 11.000 metros de altura nada puede fallar. Hay que ser muy precisos, eso es lo más importante aquí”, dice este ingeniero. Bribiesca es uno de los 8.000 trabajadores del naciente corredor aeronáutico de Querétaro (a 250 kilómetros de la Ciudad de México), el que se ha desarrollado más rápido en México y el único en el centro del país. A lo largo de cinco kilómetros de una planicie, empresas del sector de la aviación encontraron hace nueve años un sitio para instalar sus plantas de fabricación de piezas para aviones. La primera fue la vasca ITR, le siguieron Bombardier, Safran y Airbus. Ahora es una larga lista de 80 empresas.

México concentra una importante industria aeronáutica que se ha visto beneficiada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y el coste competitivo de la manufactura mexicana. Como menciona Bribiesca, la clave está en la precisión de los trabajadores. El sector mantiene desde 2004 un crecimiento del 17% anual que se ha reflejado en 287 empresas con 32.600 trabajadores, según datos de la Secretaría de Economía. La mayoría de la empresas han desembarcado con sus inversiones en los estados de Baja California, Chihuahua, Nuevo León y Sonora. Todos en el norte del país, todos fronterizos con Estados Unidos.

El sector aeronáutico mantiene desde 2004 un crecimiento del 17% anual

Querétaro no es el caso, pero goza de cercanía con la capital del país, calidad de vida y educación —14 universidades ofrecen en la región estudios en ingeniería—, defiende Marcelo López, secretario de Desarrollo Sustentable. Y aunque en logística las compañías comprometan un gasto mayor, López asegura que lo compensan con mejor seguridad que la de las ciudades fronterizas. “La inseguridad en otras regiones del país y el hecho de que Querétaro mantuviera en estos cinco años la paz que hoy tenemos hizo que las empresas voltearan hacia nosotros”, apunta. Las compañías europeas, señala López, ponen en balanza este factor para trasladar a parte de su plantilla desde su país de origen a México.

En la cima de un suburbio de la ciudad, tres edificios se alzan en medio de cientos de casas blancas: es el centro de investigación de la compañía General Electric. “Tenemos acceso a una buena cantidad de talento. Y Querétaro es uno de los Estados más seguros de México”, expone Vladimiro de la Mora, director del centro General Electric Infrastructure Querétaro (GEIQ). La compañía fundada por Thomas Alva Edison se ha olvidado de la bombilla y ha aterrizado en Querétaro para desarrollar tecnología aplicada a la aviación, las renovables y el petróleo. La plantilla es joven —la edad promedio es de 33 años— y tiene como tarea encontrar soluciones a problemas de productos ya existentes y a crear nuevos.

Una estudiante, en la Universidad Aeronáutica de Querétaro.
Una estudiante, en la Universidad Aeronáutica de Querétaro.

Este centro creativo ha aprovechado la oferta de ingenieros mexicanos en el centro del país, así como la apertura de México a la iniciativa privada en las telecomunicaciones y la energía. “No tenemos petróleo pero tenemos talento”, comenta el secretario López. En las oficinas del GEIQ igual se diseña una turbina para producir energía eólica que aparatos de bombeo de hidrocarburos en aguas profundas. Pero GEIQ mantiene en un mayor nivel su conexión con la naturaleza aeronáutica de la ciudad al dedicar la mayoría de sus esfuerzos a la investigación de componentes para aeronaves que después son adquiridos por empresas como Airbus y Boeing. “El nuevo avión de la presidencia de México lleva motores de General Electric”, presume De la Mora.

La bonanza de la aeronáutica en Querétaro —el crecimiento local ha sido del 15%— ha tenido un respiro solo comenzar el 2015: la canadiense Bombardier anunció el recorte de 1.000 trabajadores de sus plantas en México y Estados Unidos. En Querétaro 350 trabajadores perdieron su empleo por el ajuste en la producción de piezas para aviones Learjet. López asegura que en un mes 130 han logrado un puesto en otra compañía del sector aeronáutico o automotriz. “No nos preocupa tanto porque no afecta en gran medida a los proveedores”, explica López.

La previsión es que el sector retome su paso en 2016. El objetivo es que en 2020 México llegue al lugar 10 a nivel mundial en la manufactura de componentes aeronáuticos: la industria tendría que alcanzar los 110.000 empleos y las exportaciones los 12.000 millones de dólares (ahora son de 5.400 millones). “Establecerse en el sector cuesta mucho trabajo, pero una vez allí es una relación de largo plazo”, resume Jorge Gutiérrez de Velasco, rector de la Universidad Aeronáutica.