Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Ence afronta el vaivén regulatorio

La empresa inicia un reajuste para recuperar el resultado tras los cambios normativos

Vista aérea de la fabrica de celulosa de Lourizán (Pontevedra) de Ence.
Vista aérea de la fabrica de celulosa de Lourizán (Pontevedra) de Ence.

La compañía de Energía y Celulosa (Ence), parodiando el título de la novela de Marcel Proust, está a la busca del tiempo perdido: entregada a la recuperación del año y medio que los cambios en la regulación del mercado eléctrico y de las energías renovables han hecho retroceder a sus cuentas. Para lograrlo, ha echado el candado a su deficitaria fábrica de celulosa de Huelva y ha intensificado sus inversiones en mejoras de eficiencia y ahorro de costes en sus otras dos plantas de Asturias y Galicia. A futuro, negocia su desembarco en Colombia, Perú y Chile como productor de energía eléctrica con biomasa. Como dicen a sus clientes los analistas de Kepler Cheuvreux en un reciente informe sobre Ence, “tiempos desesperados requieren medidas desesperadas”.

La compañía, que había recobrado solvencia en los últimos años con un cambio de estrategia que dio prioridad a la energía en sus actividades y con la venta de activos en Uruguay y Portugal, se ha visto urgida a idear y ejecutar un nuevo plan de reestructuración para intentar compensar entre este año y 2016 el impacto de los cambios regulatorios en su resultado bruto de explotación (Ebitda) y retornar a beneficios. El plan de reestructuración 2014-2016 prevé, en concreto, aumentar el Ebitda en 67 millones, con una inversión cercana a los 130 millones, lo que debería permitir a Ence generar un resultado bruto de explotación superior a los 150 millones a los precios actuales de la celulosa.

Sus cuentas de los nueve primeros meses, publicadas hace unos días, reflejan la delicada situación de la firma. Entre enero y septiembre registró pérdidas de 139,7 millones de euros, frente al beneficio de 35 millones que tuvo en igual periodo de 2013, atribuibles en gran medida, según Ence, a la reforma eléctrica y al cierre de su planta onubense. Su Ebitda ajustado se redujo un 70% y se situó en 40,3 millones debido a caídas en la producción y en las ventas de celulosa y electricidad. Los resultados incluyen impactos no recurrentes de 163 millones por deterioros sufridos en sus cultivos energéticos y por el citado cese de la planta onubense.

La compañía ha cifrado la repercusión de la reforma eléctrica en sus cuentas en 79 millones de euros: 41 millones por menores primas a la venta de energía renovable; seis millones por ajustes retroactivos a las ventas de electricidad de 2013; y 33 millones por provisiones por el deterioro de cultivos energéticos.

Incertidumbre a la orilla de la ría de Pontevedra

Una de las dos incertidumbres que frenaban la progresión de Ence, la regulatoria, se ha despejado, pero sigue viva una segunda, la de la extensión o no más allá de 2018 de la concesión para operar que disfruta desde hace décadas, al borde la ría de Pontevedra, su fábrica de celulosa de Lourizán.

Las fuertes inversiones que ha hecho Ence en estas instalaciones, que sitúan sus parámetros medioambientales entre los mejores del mundo en su sector, según afirma la empresa, y el peso que tiene su actividad en la economía gallega (0,83% del PIB, según un informe de KPMG) y en el empleo y en el tejido social de la región (600 puestos directos e indirectos en la factoría y 5.000 familias cuya economía depende de sus ventas forestales al fabricante), no han sido razones suficientes para convencer y desmovilizar a ecologistas y asociaciones como Salvemos Pontevedra, o a partidos como BNG, en su oposición, en los tribunales y en la calle, a la continuidad de esta industria en su ubicación.

La posibilidad de extender a su concesión en Pontevedra a Ence la introdujo, el año pasado la última reforma de la Ley de Costas. Una decisión ajena a los frentes judiciales abiertos desde hace lustros en contra de la continuidad de la planta por el Ayuntamiento y por varias asociaciones.

Una de ellas, Salvemos Pontevedra, planteó que la primitiva licencia, de los años cincuenta, se excedió y que cuando Ence se privatizó no se siguieron los requisitos para transmitir el permiso.

La Administración optó por hacer oídos sordos a ese planteamiento, pero los tribunales determinaron que en este caso callar es otorgar y la obligaron a tramitar la caducidad del permiso. Y hace un mes el Tribunal Supremo ha reiterado ese mandato.

La empresa, por su parte, entiende que el mandato se circunscribe a la apertura de un expediente que no prejuzga, dice, el sentido de su resultado.

El reglamento de la Ley de Costas. Por otra parte, prevé hasta 18 meses para resolver el expediente de caducidad, pero solo tres para que la Xunta emita un informe no vinculante sobre la conveniencia de la prórroga una vez que la compañía la solicite. Medio Ambiente puede rechazarla en función del “interés general”. Pero da la sensación, por sus pronunciamientos recientes, que tanto uno como otro organismo van a dar luz verde a la prorroga por tal motivo.

Ence tiene paradas en Galicia varias inversiones a la espera de la citada prorroga.

Ence recoge además en sus cuentas provisiones por valor de 91 millones por el cese de las actividades de producción de celulosa y cogeneración (se transformará en una planta de producción de energía con biomasa) en Huelva. La empresa subraya que el cierre de la fábrica andaluza le permite eliminar las pérdidas que generaba y le aportará un ahorro anual de hasta 40 millones de euros.

Durante los primeros nueve meses, Ence ha destinado 16 millones a mejorar la eficiencia de sus plantas de pasta gallega y asturiana, que le van a generar ahorros anuales de 10,2 millones (unos 12 euros por tonelada en coste de producción de celulosa) Además, el coste de producción se redujo en el tercer trimestre hasta situarse en los 356 euros por tonelada (35 euros menos que al cierre de 2013).

“Estamos cumpliendo las previsiones que nos hemos marcado para recuperar en 2016 el beneficio que teníamos antes de la entrada en vigor de la reforma eléctrica. Ence volverá rápidamente a los beneficios”, dijo el martes su consejero delegado, Ignacio de Colmenares. El ejecutivo aseguró, además, que en el actual cuarto trimestre Ence ya registra beneficio. Tras el cese de la producción de celulosa en Huelva, subraya la empresa, Ence ha logrado aumentar su Ebitda anualizado hasta 120 millones, lo que supone el 75% de su objetivo de 156 millones previstos para el resultado bruto de explotación de 2016.

El grupo presume también de haber logrado mantener, pese al castigo regulatorio, una situación financiera sólida, con una fuerte posición de liquidez —que asciende a 199 millones de euros— y sin vencimientos de deuda significativos hasta 2020. Su deuda financiera neta corporativa se situó en 147 millones a 30 de septiembre. Y la ratio de apalancamiento, excluyendo deuda sin recurso, se situó en 3 veces (calculada sobre el Ebitda ajustado de los últimos 12 meses), y en 1,2 veces (calculada sobre el Ebitda actual).

Además de la reestructuración del negocio de la celulosa, Ence sigue adelante con su apuesta por el negocio energético y la biomasa. Está tramitando en estos momentos la construcción de dos plantas de biomasa en Canarias de entre 35 y 40 megavatios, cuyas obras podrían iniciarse al menos en una de ellas en 2015. Se sumarán a las tres que ya tiene en funcionamiento en Huelva (dos) y en Mérida.

La construcción de nuevas plantas de biomasa en la península, Ence tenía previsto instalar otras dos en Galicia, está paralizada por la moratoria impuesta por el Gobierno. A la espera de que se levante esta restricción temporal Ence, según su consejero delegado, está buscando mercados exteriores, sobre todo en América Latina, en los que rentabilizar su experiencia en producción eléctrica a partir de biomasa.

Los analistas de JBCapitalMarkets, Arcano y Kepler, entre otros, aunque ven riesgos en la ejecución del plan de reestructuración de Ence, mejoran sus recomendaciones de inversión. Valoran, entre otros aspectos, los nuevos objetivos que se propone la compañía; la desaparición de la incertidumbre regulatoria que pesaba sobre sus negocios de energía; la mejora de los precios de la celulosa en los últimos meses y una relación euro-dólar más provechosa para Ence, y su potencial de revalorización de sus acciones tras el fuerte castigo que sufren en Bolsa desde hace meses (la caída de su cotización este año ronda el 33%).